Karada y Sumiel Etani llegaron a Gaerald hace unos quince años. Solicitaron del barón unos terrenos donde establecerse y este les cedió para que los cultivaran unos terrenos próximos al bosque de las Brujas.
Pese a la dureza de los primeros años, la fortuna parecía sonreírles y un futuro próspero se adivinaba para la pequeña familia.
Sohumi tenía apenas dos años cuando los Etani llegaron a la baronía. Sus padres no le pudieron prestar demasiada atención pues los trabajos de la incipiente granja les ocupaban demasiado tiempo. La ausencia de hermanos y la lejanía de la villa le llevó a crear un mundo imaginario con los amigos que no tenía. Se convirtió en un chico retraído que apenas conversaba con nadie.
Hace unos dos años, en las cercanías de su decimotercer cumpleaños, Sohumi que regresaba, dando un rodeo, a la granja después de haberse aburrido en una de las fiestas veraniegas de la villa, encontró en el suelo una daga negra. La cogió con curiosidad y casi se muere del susto cuando el oscuro acero le habló en su mente. Para su desgracia, no logró arrojar lejos el poderoso filo.
El espíritu del arma se valió de la soledad de Sohumi y su necesidad de afecto para crear en él una fuerte dependencia. La daga se convirtió en su amiga y confidente. A cambio, instruyó al adolescente en las nigrománticas artes de su anterior poseedor, un hechicero gran trasgo que participó en una incursión a la baronía y fue traicionado por su propio aprendiz.
Hace dos noches, la daga decidió que ya era hora de obtener el poder para la que había sido creada y guió la mano del triste Sohumi en su caída final. En uno de los graneros, Sohumi realizó un ritual de invocación y atrajo a su servicio a unas sombras. Después, mató a sus padres y los convirtió en zombis gracias al poder de la daga.
El poder maligno desatado provocó que un aura antinatural rodease los edificios de la granja y un vecino y un par de viajeros se acercaron a investigar. Tres zombis más fueron creados con sus cadáveres la noche siguiente. La tercera noche iba a ser la de la última invocación y en la que Sohumi planeaba atacar Gaerald y ocupar el castillo comenzando así su reino de muerte.
Luces fantasmagóricas comenzaron a verse en el segundo amanecer y un par de vecinos, asustados, corrieron hasta la villa y lo comentaron en la posada y avisaron al barón.
Mientras tanto, Kanara Aniamasa, la joven matrona del pueblo, y Nura Odome, una de las brujas que vivía en el bosque, se percataron de que algo ocurría mientras recogían hierbas medicinales en los lindes de la arboleda cercana a la granja. Cuando se aproximaron a investigar, el cuerpo animado de dos de los fallecidos les salió al paso. La magia vibró en el aire pero se dieron cuenta de que ellas solas no podrían enfrentarse al mal que habitaba la casa y huyeron.
En el pueblo, Ounor Toneshi, el hijo del barón que se encontraba en las caballerizas del castillo junto con su amigo Damen Tonoro, atendió al hombre que venía a avisar a su padre. Tras hablar con él y con su progenitor, dos guardias del castillo, su amigo y él marcharon raudos hacia la granja.
El hombre que entró en la posada, descubrió que pocos parroquianos se atrevían a ir. Sólo dos jóvenes callados, Korion Vonasar y Orium Sinaharta, osaron marchar hacia allí acompañados por Kaida Sotonake cuya curiosidad superaba a sus miedos.
La cabalgada de Ounor duró casi media hora pero alcanzaron la granja a tiempo de derrotar a los engendros que estaban atacando a Nura y Kanara. Después, los seis se encaminaron hacia la casa de los Etani internándose en la noche sobrenatural que la rodeaba.
Nuevos muertos vivientes y sombras los asaltaron en el camino llevándose consigo a Shon y Kasar, los guerreros del barón que habían venido a ayudarles.
En la puerta de la granja, Sohumi los esperaba rodeado de espectros oscuros. Maldiciéndolos, les lanzó un conjuro mientras se prestaban para el ataque. Todo hubiera resultado mal si no hubieran llegado Korion, Orium y Kaida acompañados de Aliel Kaudini, un enigmático ermitaño que vivía en las colinas. La magia de Kanara y Nura, la destreza de Ounor, Korion, Damen y Orium y los hechizos de luz de Aliel dieron al traste con los proyectos de la daga oscura. Por dos veces tuvieron que derrotarle pero al final, la oscuridad se desvaneció de la granja Etani.
Sobre el cadáver del desgraciado adolescente, el maligno acero descansaba sin dueño. Nura la recogió sin pensar en las consecuencias y sufrió una quedadura helada debido a la maldad que emanaba. Mientras decidían qué hacer con ella, el sol que de nuevo bañaba la granja, se ocultaba tras las colinas cercanas.
Días después, en el templo del Sol, oculta en una de sus criptas, la daga oscura sufre las oraciones de la luz mientras poco a poco su negra esencia se transforma merced a la acción de los sacerdotes solares.
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