ESCUELA PEÑA DE MAGIA Y HECHICERÍA

RAPTO DE UNA CARRETA

Jurds Naithul era un gran trasgo poco común: nadie conoció a su padre y nació con garras, dientes afilados y unas cuencas vacías como herencia. Pronto su elevado grado de maldad le puso al frente de una partida de guerra y decidió salir a probar fortuna para volver al frente de un ejército trasgo y derrocar al jefe de su tribu.

Con una garra negra dibujada en las armaduras de sus secuaces, como símbolo de obediencia a su jefe, y las emplumaduras de las flechas negras como su alma, partieron en busca de poder.

Por el camino la fortuna le sonrió y consiguió convencer a un troll para que se uniera a su grupo, el cual al ver la maldad que albergaba el corazón de Jurds no se lo pensó dos veces. Algo impulsaba al jefe trasgo a dirigirse al pueblo de Gaerald, quizá una maldad afín a él le llamaba para ser rescatada, una daga que le hablaba en sueños, que le prometía mucho poder si se hacía con ella.

De camino al pueblo avistaron a lo lejos la caravana y le tendieron una emboscada en un bosquecillo cercano. Tras ello, decidieron retirarse unos días para no llamar la atención pero un guardia logró escapar pese a estar herido.

Todo el mundo observaba sorprendido el jinete que acaba de entrar en la villa y que a duras penas lograba mantenerse encima de su montura. Al llegar a la posada, su voluntad le abandonó y cayó al suelo. Unos pocos se acercaron a ayudarle y alguno, al ver las flechas negras clavadas en su cuerpo, acertó a ir a buscar a Kanara, la sanadora. Mientras perdía la conciencia, los oídos atentos escucharon unas pocas sílabas: la carreta.

Damen, que se había acercado curioso al lugar, comentó con sus compañeros que por el camino del norte suelen pasar caravanas de mercaderes en dirección a Ataida, la capital del condado. Orion, en su tarde libre; Korion, intrigado; Damen, curioso; Aliel, preocupado y Sunu, alarmado decidieron dirigirse hacia allí por si el ataque fuera la avanzadilla de una incursión.

Al llegar al camino, estudiaron las huellas que había dejado al pasar y rastrearon su ruta hasta una pequeña arboleda donde el carro había sido sorprendido por unos asaltantes que les habían atacado con flechas negras, las mismas que habían causado las heridas del jinete que había llegado a Gaerald. Los cadáveres de tres guardias y un mercader comenzaban a ser picoteados por los cuervos.

Analizando las señales que los bandidos no se habían molestado en ocultar, fueron tras ellos sabiendo que, además, un troll les acompañaba y guiaba la carreta. Se adentraron en el bosque siguiendo el rastro de las ruedas de la carreta temerosos de que las fuerzas que hubieran atacado a los mercaderes fueran mayores de lo que ellos podían manejar.

Tras anochecer, decidieron continuar la persecución confiando en sorprenderlos durante su descanso. Al poco, un oso enfurecido les atacó y, no pudiendo serenarlo, tuvieron que luchar por su vida. Cuando la inmensa bestia se derrumbó ya muerta, se dieron cuenta de la flecha con la emplumadura negra que sobresalía en su costado: una víctima más de los bandidos.

La medianoche ya había sido superada cuando el bosque comenzó a clarear de nuevo y notaron como la pendiente del terreno se hacía cada vez más pronunciada: las Colinas Grises.

Como bien sabían Damen, Orion y Korion, en las colinas, numerosas grutas albergaban a veces algo más que animales salvajes. El rastro de la carreta era evidente bajo la luz de la luna.

Mientras decidían como asaltar la guarida trasga, fueron avistados por el centinela y la posible ventaja de un ataque por sorpresa se desvaneció en el aire de la noche así que trataron de provocarles para que salieran a campo abierto donde las flechas y la magia de los amigos les estaba esperando. Un par de ellos, enfurecidos por las chanzas de los amigos, encontró la muerte apenas salió de la cueva. El resto prefirió esperar a que entrasen.

Con cuidado, el grupo, se adentró en la caverna alumbrados por la luz mágica de Aliel. En la sala más profunda los estaban esperando: una pequeño demonio, un troll y el resto de la tropa trasga. El combate fue duro pero el arrojo de Damen, la fortaleza de Sunu, la destreza de Korion, el fuego de Orion y la magia de Aliel consiguieron derrotarlos recuperando la carga que transportaba la carreta.

Al regresar a Gaerald, recuperado el jinete de parte de sus heridas, supieron que el mercader era un alquimista que llevaba su preciada carga a Ataida y les contó que serían recompensados si la llevaban a su destino. Por distintas razones, los cinco se ofrecieron al instante a llevarla donde les indicaba el jinete.

Cuando el guardia del mercader pudo tenerse en pie, le acompañaron hasta la villa y con sus bolsas más llenas regresaron sin problemas a Gaerald.


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