Oroko Zatam es un artesano que vive encima de su taller en un cruce de caminos entre Gaerald y Ataida. Gracias a la presencia de una posada junto a su vivienda, su negocio es próspero y su habilidad reconocida. Sin embargo, en el corazón de Oroko todavía hay una sombra: no ha conseguido superar a su maestro.
Fue aprendiz de Lunore Sotonake, el gran inventor de Gaerald, y se independizó de él, quizá antes de lo debido, quince años atrás, impaciente por ser libre. Es por ello que su habilidad no es la de su mentor aunque es posible que el carácter disipado de Lunore le hubiera impedido aprender mucho más.
Meses atrás, Oroko descubrió un tratado de construcción de autómatas en unos libros viejos que Ariom, su vecino, le había regalado, procedentes de unos equipajes que nadie reclamaba. El ingeniero vio en él la oportunidad de superar a su preceptor consiguiendo además un protector y ayudante para su negocio.
Amer Kalaba, aprendiz de Oroko Zatam, se presentó en casa de Lunore Sotonake una mañana de primavera ojeroso y con la mirada esquiva. La hija del maestro de su maestro fue quien le abrió la puerta y lo recibió en nombre de su padre. Al parecer, su mentor había sido secuestrado y alguien había robado los resultados de su última investigación.
Tras conversar con Lunore, Kaida fue a buscar a Damen Tonoro, su gran amigo, y a otros de los compañeros de sus aventuras para ver si podían resolver ese misterio. Con Orium Sinaharta y Korion Vonasar volvieron a encontrarse con Amer que, a duras penas, había sobrevivido a una sesión en el peligroso laboratorio del progenitor de Kaida. Junto con Aliel Kaudani, que se ofreció a rescatar al inventor, marcharon hacia Ataida.
El taller no parecía tan desordenado como Amer aseguraba y, tras mucho indagar, lograron advertir unas profundas huellas que se alejaban hacia las colinas cercanas desde la parte trasera del taller.
Siguiendo el rastro, alcanzaron una cueva donde una robusta máquina con forma humana les cerraba el paso. Intentaron combatirla pero ni sus armas ni su magia parecían causarle graves daños. Finalmente, la voz de Oroko, preocupado por el destino de su creación, se escuchó desde el fondo de la caverna. La clave consistía en desactivar a "Genio" pulsando la combinación de teclas adecuadas.
La oportunidad de Damen y el conocimiento del lenguaje arcano de Kaida les permitió resolver la situación y Onoro pudo recuperar su libertad.
Tras preguntar al maestro Zatam, resolvieron el enigma. Al parecer, la impaciencia por los resultados, había hecho que Oroko diese antes la orden de "proteger" que la de "servir" y su guardián había decidido que la mejor forma de protegerlo de todo daño era aislarlo del mundo.
El regreso a casa de la pequeña excursión no tuvo mayores incidentes que las mordaces ironías entre Kaida y Damen por la resolución algo creativa por parte del hijo del herrero del último lance del combate contra el autómata.
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