ESCUELA PEÑA DE MAGIA Y HECHICERÍA

SINIESTRO TOTAL

Junso Durado fue un joven alocado sediento de aventuras que un buen día de otoño salió de Gaerald para hacerse un nombre en el Imperio. Tras muchas andanzas amasó una pequeña fortuna y regresó a su tierra para disfrutar de un merecido retiro. Compró unos campos y, en medio de ellos, edificó una pequeña mansión.

Sin embargo, Junso fue muy ambicioso y paluatinamente se dejó arrastrar por los caminos aparentemente fáciles del dios de los Infiernos. Aunque siempre ha logrado mantener una apariencia de hombre jovial y abierto, su interior desprecia a los que son inferiores a él y teme a los que le dominan. De vez en cuando necesita dejarse llevar por la ira y sentir la sangre en sus labios. Así, pues, cuando su pasión se desborda, realiza sacrificios al dios infernal, no tanto por devoción como por satisfacer un insano placer.

Un día de otoño, semejante al que lo vio partir, Junso Durado, el hijo pródigo del pueblo regresa a Gaerald montado en un espléndido corcel y con una brillante armadura. Con la saca bien llena y derrochando carisma, despierta simpatías entre los que no lo conocían y renueva los lazos con los viejos amigos.

A los pocos días, Junso se presenta en la posada y pregunta quién podría traerle un carro que ha dejado en Darsenat a cargo de su amigo Gorex, parroquiano de la Aleta Roja. Sin pensarlo, su amigo de la infancia y dueño de la posada, Sasko, le sugiere el nombre de Koriom Vonasar. Éste, tras pensarlo un poco, habla con Aliel, Kaida y Damen y juntos se dirigen hacia la villa a orillas del mar de Sidera.

El viaje fue bastante tranquilo salvo algunos incidentes que resolvieron sin problemas: un oso que compartió su desayuno, unos ladrones que atacaron por sorpresa durante la guardia de Korion, un burdo campesino encaprichado con Kaida en una posada del camino y un salvaje ataque de trasgos en el camino de vuelta. Incluso, Damen se portó decentemente en Darsenat y no hizo honor a su reputación regresando antes del amanecer a la posada.

Tras ello, recibieron la felicitación de Junso y bebieron a su salud en la posada del pueblo. El único que no parecía tan contento con el regreso fue Lunore Sotonake que había perdido la libertad de experimentar sin trabas al regresar a casa su hija.

Con el invierno ya entrado, algo más duro de lo habitual, los lobos parecían estar hambrientos y fueron vistos por varios vecinos por los alrededores del pueblo. Una semana después de la fiesta del solsticio, varias reses fueron encontradas devoradas en el bosque en una zona próxima al pueblo. A los conocedores de los caminos del bosque, les pareció extraño y desearon saber más pero, aunque Aina Odome, habló con los habitantes del bosque no lograron identificar al responsable.

La tragedia sobrevino días después cuando el cadáver de una joven fue encontrado despedazado en los aledaños del pueblo. Por suerte, fueron Gata y Orium, dos personas discretas quienes lo hallaron y, sabiendo que podía correr el pánico, fueron directamente a informar al barón. Este, confiando de nuevo en el guía oficioso de la baronía, Korion, le encomendó hacerse cargo del problema pues su hijo Ounor estaba enfermo.

Mientras la doncella era enterrada, Korium, Orium y Kaida volvieron a reunirse para enfrentarse al problema y solicitaron la compañía de Gata, Nura y Aliel, habituales de los bosques y los cerros y la de Menesera, la sacerdotisa del Sol. Siguieron un rastro hasta un claro en el interior del bosque y allí fueron rodeados por una manada de lobos liderada por un gran macho. Pese a sus temores de encontrarse con un licántropo, todo quedó en una gran pelea que no les supuso más que algunos rasguños.

Pese a todo ello, cadáveres de reses fueron encontrándose de semana en semana por lo que durante el resto del invierno, los seis amigos, acompañados a veces por Damen, otras por Ounor patrullaron los bosques persiguiendo al escurridizo licántropo. Sin embargo, no dieron con él aunque al parecer consiguieron evitar que nadie más resultara herido.

La llegada de la primavera puso a todo la villa de buen humor. Los lobos parecían alejarse y el tradicional torneo de primavera se celebraría por todo lo alto para alejar definitivamente los fantasmas del invierno. Durante la mañana, los concursos, las justas y las exhibiciones culinarias y artísticas dieron que entretenerse a todos los vecinos y forasteros. Por la tarde, tras la captura del cerdo embreado por una ágil Gata, fueron coronados los victoriosos: Fernuk Aniamasa, en el Duelo del Abismo; Louron Toneshi, en las justas y una sorprendente Kaida Sotonake, en el tiro con arco.

El crepúsculo trajo la cena y la noche, el baile en el que todos, animados por la magia de las brujas, parecieron divertirse largamente. Tras el clandestino lanzamiento de huesos de oliva, un guardia del barón buscó a Korion para resolver un acuciante problema: una doncella, casi impúber, había desaparecido. La larga experiencia del barón cuidando a su pueblo le advertía que debían ser rápidos si querían recuperarla con vida.

Tras reunirse con Aliel, Kaida, Gata y Nura, los cinco buscaron en la ribera del río huellas de la joven. Sus temores se vieron confirmados al descubrir una huella del temido licántropo que habían perseguido durante el invierno. Siguieron su rastro y su sorpresa fue grande al advertir que, tras un largo rodeo, las huellas de la criatura se dirigían, colina arriba, a la mansión de Junso.

Se encontraban en la puerta cuando el grito de una adolescente les hizo precipitarse dentro. No tardaron en descubrir la entrada al sótano y se adentraron en las entrañas de la mansión. Tras sortear unas trampas, llegaron a una sala donde la joven se encontraba maniatada y sangrando sobre un sacrílego altar dedicado al dios de los Infiernos. La precipitación por rescatarla hizo que Junso diera el primer golpe pero no aseguró su victoria y los sortilegios de Kaida y Aliel, la magia salvaje de Gata, el ímpetu de Nura y la destreza de Korion hicieron que esta fuera la última batalla de Junso.

Tras sanar Aliel las heridas de todos, la joven fue devuelta a su familia y todos disfrutaron de lo que quedaba de fiesta incluido el castillo de fuegos artificiales de Lunore Sotonake que por fin había podido mostrar tras años de preparación.

Al día siguiente, Korion explicó al barón todo lo acontecido y cual era la verdadera naturaleza de su vecino. Horrorizado por el descubrimiento y apenado por el destino de su vecino, mandó buscar al padre Lucon para evitar que el mal que podría anidar en aquella casa, se extendiera por el pueblo.

Algunas semanas más tarde, y como premio a su valor, el barón ofreció a Korion la mansión de Junso que, honrado, aceptó gustoso junto con algunos tesoros que los criados del amargo señor Durado no se habían llevado en su huida y que el montaraz repartió generoso entre los que le habían ayudado.


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