ESCUELA PEÑA DE MAGIA Y HECHICERÍA

ÚLTIMO COMPROMISO

Arno Serien fue un joven que cometió el error de enamorarse de Ania Odome y, haciendo acopio de un gran valor, quiso declararle su amor. Vistiendo sus mejores galas, portando un caja con un hermoso anillo, un día de niebla, se internó en el bosque de la bruja por la troncha del jabalí.

Algunos años más tarde, un día de densa niebla, de aquellos en los que apenas pueden distinguirse las formas a una distancia de pocos pasos y en los que los sonidos llegan amortiguados como debajo de las sábanas en un sueño, Orion fue requerido por el posadero para que recogiese algo de leña en el bosque. De camino, Kiron, uno de los más ancianos, le advirtió que tuviera cuidado de no ir por la troncha del jabalí pues los espíritus se llevan a las almas cándidas allá donde no pueden regresar.

Esa tarde, cuando un gran número de los villanos pasa el rato en el calor de la posada, Alber Dairan entra buscando A Damen Tonoro pues piensa que su hija Alea ha estado con él. Tras algunos momentos de tensión, se descubre, al hablar con una de sus amigas, Kaida, que ha ido a buscar consejo a las brujas Odome.

Korion, Orion, Aliel y Gata deciden salir a buscar a la alocada muchacha encontrándose en la troncha del jabalí la primera pista de su paradero. El espíritu de Arno, anhelante por llevar su amor a Ania, se presenta en el bosque todos los días de niebla densa para lograr su propósito. Esta vez, ha conseguido contar con la complicidad de Alea pero esta se ha perdido. Tras una larga tarde, los cuatro compañeros logran dar con Alea que, perdida y desorientada, asustada de los fantasmagóricos sonidos de la floresta, habiendo huido de malignos seres imaginarios y letales animales reales, se lamentaba en el corazón del bosque sin haber logrado encontrar el presente de Arno que había pasado por una situación similar.

Sintiendo algo de lástima tanto por Alea como por Arno, el cuarteto busca en el bosque la caja lacada y en un golpe de suerte la encuentran a unos centenares de metros del barranco donde Arno perdió la vida. Así, casi un siglo después, tras haber acompañado a Arno a casa de sus padres, una Ania tan joven como entonces, recibió su prenda de amor tiñendo de melancolía un día que sólo parecía aburrido y frío.


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