Lunore Sotonake, el padre de la heroína Kaida Sotonake, no es muy ordenado y, aunque no es un mago sino un magnífico artesano, alguna de sus creaciones podría considerarse casi mágica. De hecho, residuos alquímicos y de otros tipos, almacenados en los rincones de su taller, han generado un diablillo que, apoderándose de un trasgo que por error entró en el almacén número quince, pretende crear una pequeña banda de camaradas apropiándose de todos los enseres y artefactos que pueda.
El pueblo está alborotado: Damen Tonoro, el soltero más codiciado entre los jóvenes de Gaerald todavía no ha elegido con quién irá al baile de primavera. Durante las últimas semanas, el hijo del herrero ha estado en la fragua, forjando una nueva armadura. Sus experiencias durante la oscura noche en el que la baronía fue asediada por la Ciudadela de Marilith, han cambiado su orden de prioridades. Kaida, compañera de fatigas del héroe, está haciendo horas extras intentando consolar, aconsejar y guiar a las jóvenes que se dejan pasar por la puerta de la fragua queriendo admirar sus fornidos brazos o su mirada intensa. Sin embargo, ni siquiera ella sabe esta vez cuál va a ser su elección y quedan sólo dos semanas.
Todo el mundo espera la fiesta, no sólo por ver cómo se resuelve el enigma del herrero como algunas malas lenguas ya empiezan a llamarlo sino porque muchos de los productos que los buhoneros traen al mercado de esos días están llegando a su fin: vinagre balsámico del bosque de llas brujas, aceite lunar para el resfriado, el quitamanchas del enano de la roca; es más, algunos otros objetos que han marcado la diferencia en concursos, festivales y catástrofes también han desaparecido o se han roto: la cuchara de buena cocina de Oria Darne, la maroma lunar de Fernuk Aniamasa y la estola de invierno de de Lucon Carin.
Reunidos en la posada, Damen, Kaida y Korion se percatan de que no puede ser una coincidencia y deciden rastrear a los ladrones con la ayuda de Gata y Aliel. Sin mucha dificultad y gracias a la habilidad y la suerte de la cambiaformas, siguen las huellas de los ladrones hasta un campamento trasgo en el linde del bosque muy cerca de las tierras salvajes. Allí, un grupo de humanoides amontona lo que parece ser el botín de sus correrías para después repartirselo. Se dirigen a ellos y no tarda en entablarse un combate en el que los compañeros de "El Tronco Verde" resultan vencedores. Sin embargo, cuando van a registrar los cadáveres, las ropas y enseres que llevaban los trasgos, les atacan intentando apoderarse de su voluntad. Sólo la entereza y la experiencia de estos les permite salir adelante y sobrevivir a la extraña magia.
Para evitar un futuro resurgimiento de las intrigantes criaturas, los cinco amigos hacen una hoguera con los restos de tela y cuerda. Sin mayores problemas tras consumirse el fuego, regresan a la vida normal de la villa a tiempo del refrigerio nocturno. Los problemas de la baronía vuelven a ser los de una marca fronteriza en tiempo de paz: el baile de primavera.
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