Kir-os-Karimar, se ha alzado con el poder de varias tribus trasgas en las colinas de los Dientes Negros. Su mayor deseo sería poder dar de comer a su pueblo con las cosechas del sur del Imperio. Sin embargo, todas las incursiones pasadas han sido abortadas por la baronía de Gaerald y sus héroes. Así, sus brujos han creado unos gólems de aniquilación con la intención de eliminar a sus opositores.
Una mañana, al filo del mediodía, Korion Vonasar se retiraba a su mansión en la colina cuando divisó en la lejanía unos gigantes armados que se encaminaban hacia el pueblo. Su sorpresa fue mayúscula cuando uno de ellos se separó del grupo y sin una presentación formal, cargó contra él. Sus golpes eran temibles y su armadura parecía contrarrestrar tanto su magia como sus posibles golpes. Alarmado se elevó a las alturas e intentó idear un plan de ataque. Por suerte, Aliel, el elfo gris, había divisado las aceradas máquinas y con magia elemental pudieron eliminarla. Sin dilación se dirigieron al pueblo donde sus amigos ya se enfrentaban a ellas.
Tras abandonar a su compañero, el metálico grupo se dirigió al centro de la ciudad y allí se repartió por sus calles. Uno fue a la posada, otro a la herrería, otro al templo y el restante al taller de Lunore. Orium Sinaharta fue el primero que recibió una inesperada visita. Atravesando la puerta como si fuera una cortina de cuentas, el férrico engendro se dispuso a acabar con la vida del joven. Sin embargo, no contó con su ígnea resolución y la colaboración de Dorien, una joven recién llegada al monasterio de Sunu Anatasi.
En la herrería los destrozos fueron mayores y Damen Tonoro tuvo que salir corriendo al ser sus armas incapaces de atravesar las mágicas defensas del androide. No obstante, tuvo los arrestos para controlarlo mientras la ayuda proveniente de la posada y de las afueras llegaba en forma de fuego y relámpago.
En el templo los daños fueron mayores y el padre Lucon fue derribado y la hermana Menesera casi asesinada. Sólo la pronta aparición de Korion, tras haberse encargado del gólem que se había enviado allí, salvó sus vidas tras sacar de su estupor a los acólitos que allí se encontraban.
Por su lado, Lunore Sotonake fue quién más disfrutó con el altercado. Todavía ignorante de la desaparición de su Kaida, el ataque lo consideró un regalo de su hija que se encontraría en algún viaje por lo que hizo todo el debido aprecio y se ocupó de desentrañar todos los misterios del singular artefacto desmantelándolo pieza a pieza tras derrotarlo con su nuevo invento: el canteropicapedrero oleomecánico.
Todo parecía haber acabado pero esa misma noche, Kir-os-Karimar lanzó un ataque confiando en que si sus creaciones no habían acabado con los héroes de Gaerald al menos los habrían debilitado. Por suerte, los sueños de Korion y Aliel son ligeros y tras ocuparse de una pequeña patrulla que debía tratar de asesinarlos, avisaron a Sunu, Dorien y Damen que no tardaron en eliminar a los incursores.
Cuando el amanecer iluminó las calles de la baronía, aunque el fuego había dado cuenta de alguna casa, todos sus habitantes podían ver los rayos solares que borraban las sombras de una larga noche.
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