Sueños de Eternidad

XCI (91)

Y en aquel atril
la vela que se extingue
dejando al escribiente
en el oscuro cuarto.
El frío de las piedras
sube por las sandalias
y los hombros se juntan
bajo el áspero paño.
Los ojos cansados
agradecen la luz,
la luz extinguida
y la luz de la noche
que por el vano entra.
La capucha sobre la cabeza,
pelada como esos montes;
encorvado por el tiempo,
el tiempo que transcurre
medido en pasos monacales.
Y todo aparece
como en un sueño eterno
viendo las sombras olvidadas,
imaginadas y soñadas
en el viejo claustro.

Nauta

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