Los olvidos difíciles.
Aconsejan las viejas celestinas, versadas en blanca hechicería que, con el fin de extirpar el amor y los recuerdos de la persona amada que se desea olvidar, se extraiga el corazón de una manzana y se triture o deseche. Luego, en su lugar, se introduzca un papel con el nombre de dicha persona, se hiele la manzana y posteriormente se arroje.
Has poblado, con el tiempo,
de manzanas heladas mi universo.
Olvidadas las creía pero han vuelto
ceremonias de reloj y lugar santo.Ritual de doradas manzanas
en la alameda de octubre,
corazón con tu nombre desteñido
mientras su aroma se pudre.Y en inviernos malditos
de brumas y fría rosada,
pierdo por los pasillos
mis pasos de madrugada.Primavera y manzanas rojas
de corazón arrancado,
cuando la ciudad duda,
cierzo, lluvia, envidia y desespero.
Corazones cambiados
por mi secreto y tu nombre.
Alargo mi profesión profana,
mi estúpida ofrenda,
a un holocausto imposible
de recuerdos indelebles,
de sonrisas eternas
y despedidas ausentes.Mi corazón no crece.
Más marchito que tus manzanas enterradas
quiere echar en otras tierras raíces.
Tierras que escapan
como tus cabellos, tus pies y tus miradas.
La ilusión perece.
Otros horizontes prometen
más dignas salidas
que absurdas ceremonias
de pobre diablo demente.
Pero ante puertas cerradas,
mentiras de compromiso
y discretas ausencias,
la esperanza se desvanece.Y otra vez vagabundo,
mordido por la soledad
en mis costillas,
voy desterrado y sombrío
como un lúgubre profeta
de mi decadencia infalible.Bajo el sol y entre al espuma
a la deriva navegan
las verdes manzanas del verano.
Sol brutal del estío
detén del exorcismo
que ante el universo de brillos
todo escapa del frío.Frente al mar y cara al viento
mis pensamientos derivan:
"Recorrer pasilos,
congelar manzanas
y el lamento".
A mi padre.
Nube Oscura era uno de los pescadores de Tatomaqui, poblado azteca que por algún motivo no había sido saqueado todavía por los españoles.
Nube Oscura había salido, como siempre, a las cinco de la mañana de su casa para ir a pescar al lago Telpatín, como así llamaban al lago principal del poblado que proporcionaba agua y alimento acuático para todos los habitantes. Nube Oscura portaba consigo su caña de pescar, realizada en dos piezas de metro y medio cada una extraíadas del duro y resistente bambú. Como cebo había conseguido unas moscas peludas de la planta xalcoti, planta tropical que sólo se encontraba por aquella zona. También había encontrado unos gusanos en un pájaro que, por el aspecto que tenía, llevaba por lo menos dos semanas en estado putrefacto. Otro de los componentes que llevaba era una pasta que fabricaba el mismo para atraer a los peces; nadie más sabía hacerla como él, por lo que era muy admirado en el campo de la pesca. La base principal de la pasta era harina de maíz, pero contenía otros ingredientes desconocidos para el resto del mundo.
Después de llegar al lago, empezó a buscar un sitio donde poder pescar bien y descansar tranquilamente. Aunque siempre buscaba un sitio mejor, al final iba a pescar al mismo lugar de siempre: un pequeño claro al que únicamente le daba el sol por la mañana y, de esa forma, ni hacía un calor excesivo ni hacía un frío intenso. Después de estar dos horas pescando, empezó el recuento de lo que había sacado: diez peces de unos cuatro askuas cada uno. Eso sería suficiente para él y su mujer.
Así, llegó el momento del regreso a casa. Sin embargo, la sorpresa se la encontró cuando, a unos metros de la entrada del poblado, oyó unos gritos aterradores a los que siguieron unos ruidos espantosos como si los propios dioses estuvieran muy enfurecidos y gritaran a la gente del pueblo. O quién sabe, también podían estar castigándolos por alguna ofensa causada.
Se fue acercando hacia el poblado sigilosamente pero su instinto de indio le advertía que no lo hiciera mucho y se mantuviera oculto hasta saber con seguridad lo que estaba ocurriendo. Se colocó detrás de un arbusto y, en silencio, empezó a observar lo que ocurría. Desde ese lugar tenía un gran ángulo de visión y lo que vio lo dejó atónito. En realidad no podía creer lo que estaba viendo. Eran los propios dioses que habían bajado del plano espiritual al mundano para castigarlos por sus pecados. Tampoco hubiera creído que los dioses fueran tan extraños; vestían unas ropas de metal que parecían ser impenetrables y portaban unos enormes palos que escupían fuego y mataban a sus amigos y parientes.
Se acercaron a su casa y le empezaron a pegar fuego. Como azteca y miembro del culto Choisi, su deber hubiera sido salir y defender su hogar pero también era una persona humana y, en esos momentos, bastante asustada por lo que decidió quedarse donde estaba y aguardar a ver lo que sucedía.
Entonces vio como una mujer en estado golpeó al que parecía ser Shoa. ¡Era su mujer! No podía creerlo. Pero sí, allí estaba. Ella había tenido el valor que a él le había faltado. Dos dioses menores la apresaron y Shoa la atrevesó con una espada.
Ahora sí que estaba furioso; su mujer y su descendiente había muerto y, aunque fuera a manos de sus dioses, no lo permitiría. Desenfundó el puñal que llevaba y se lanzó hacia el asesino de su mujer.
Shoa, o quien en un principio creyó que era Shoa, pues ahora lo dudaba, puesto que allí había mucha más gente que dioses adoraban, indicó a dos subordinados que lo cogieran vivo y lo trajeran hasta él.
Cuando se encontró a lo spies de aquella extraña criatura, apareció lo que él supuso que se parecía más a un dios de los que ellos adoraban que cualquier otra criatura que estuviera allí presente. Vestía con una túnica marrón, la cual incorporaba una capucha que ocultaba el rostro de aquel ser. Este se situó al lazdo del cabecilla de los hombres de metal, como así había bautizado Nube Oscura a los asesinos de su poblado.
- Capitán Mendoza - comenzó diciendo el hombre de rostro oculto-. Es un simple agricultor. Dádmelo a mí para que lo cristianice. Vos tenéis bastantes guerreros para hacer lo que os plazca.
- Lo siento, Fray Andrés, pero usted también tiene bastantes "esclavos". Además sus señorías del clero instalarán en este poblado una misión y usted podrá ser voluntario para venir y cristianizar a quien desee.
Nube Oscura no entendía lo que los dos seres estaban hablando, pues su lengua emitía unos sonidos que nunca hubiera podido imaginar que existieran. Sin embargo, mirando al hombre de metal con una expresión de impotencia en sus ojos de odio e impotencia, le dijo:
- ¿Tachomani cual?
- Fray Andrés, ¿qué es lo que está diciendo?
- Dice: ¿Por qué lo habéis hecho?
En el rostro de Mendoza comenzó a aparecer una sonirsa maliciosa, típica de un asesino que no tiene escrúpulos. Sacó su pistola, que todavía llevaba cargada, y apuntó a la frente del pobre indio que todavía no sabía muy bien lo que sucedía. Retrocedió el detonador y dijo estas palabras:
- Porque somos conquistadores.
Y, acto seguido, apretó el gatillo segando una inocente vida más para complacer la ambición del hombre.
Un día de tantos, tras salir de la universidad, quién sabe si fue el destino o el mero azar el que hizo que mis pasos se encaminaran, lenta pero firmemente, hacia aquella biblioteca. Hacía tanto tiempo que no ponía los pies en ella que casi se había borrado de mi memoria. Pero el hecho es que entré y comencé a recorrer casi maquinalmente los anaqueles repletos de libros, sin prestar especial atneción a ninguno. Al menos, hasta que llegué a la sercción reservada a las obras relacionadas con la fantasía y la ciencia ficción. Al contemplar con mayor detenimiento aquellos libros, recordé que mi padre no se cansaba de repetirme que ese tipo de novelas no decían más que insensateces, postura realmente hipócrita dado que dudo mucho que alguna vez haya caído alguno de ellos en sus manos. Sin embargo, huelga decir que a mí la opinión de mi padre me resultaba totalmente indiferente. Podía pensar lo que quisiera, a mí me gustaban.
Ojalá no hubiera sido así. Probablemente en estos momentos no tendría los quebraderos de cabeza que continuamente me atenazan y me hieren.
Pero yo no podía prever el futuro y mis manos, que se deslizaban vacilantes por el estante que tenía enfrente, decidieron al fin detenerse en uno de aquellos libros. La razón por la cual lo había escogido no estaba muy clara, pues jamás había oído hablar de él; no obstante creo que la elección se debió al título, que era realmente sugerente: Una pregunta para la Humanidad.
Comencé a leerlo siendo consciente de que pronto tendría que dejarlo pues tenía que volver pronto a casa para estudiar. Sin embargo, tras consumir las primeras páginas me di cuenta de que me absorbía de tal manera que me iba a resultar imposible abandonarlo. La historia que relataba el libro tenía como escenario a nuestro planeta en su situación actual. En un principio se limitaba a describir, de forma amplia y explícita, cómo la humanidad era un desastre como civilización: continuamente inmersa en guerras sin sentido, siendo testigo mudo del odio casi siempre irracional entre sus miembros, viendo como el egoísmo de sus componentes llevaba a que se cometieran verdaderas atrocidades... En resumen, una sociedad salvaje presidida por la violencia y el caos.
Y entonces fue cuando la novela introdujo la figura de Dios. Vino a la Tierra desde todos los sitios y desde ninguno; apareció de repente. Y Dios se mostró a cada cual tal y como lo había imaginado, presentó a cada hombre la imagen con que éste lo había definido. Y, harto de tanta injusticia, desorden y maldad, actuó por primera y última vez. Entre todos los seres humanos, eligió al individuo más justo, honrado, humilde y de voluntad más benigna. En definitiva, a aquel miembro de la humanidad que era más virtuoso a sus ojos.
Y le hizo una pregunta.
- Si yo te diera el poder de tornar todo el mal de La Tierra en bien, de sustituir el caos por el orden, de convertir todo el dolor en felicidad permanente... ¿lo usarías?
Tras las palabras de Dios, todo el Mundo hizo silencio y aguardó. El hombre elegido cerró los ojos y reflexionó. El tiempo pasó y las horas y los días se hicieron interminables, a la espera de una réplica. Nadie había querido hacer frente a la pregunta: el hombre más noble de la humanidad daría sin duda la respuesta correcta. Y por fin, un día, este hombre estuvo preparado para contestar a la pregunta. Entonces Dios le interrogó de nuevo:
- ¿Lo usarías?
- No. No, porque tal y como es el hombre para él no habría vida. El hombre no entiende el bien sin el mal, ni el mal sin el bien. Necesita siempre luchar contra algo para dar sentido a su existencia. Concédele la felicidad absoluta y permanente y no harás sino hacerle más desgraciado porque el ser humano valora por encima de todo su libertad, incluso la libertad para hacer lo incorrecto, y de esa forma lo único que harías sería condenarlo a una situación contasnte de falsa alegría. Haz todo lo que has dicho y reducirás la realidad del hombre a algo estático, sin movimiento. No habrá entonces, aunque parezca paradójico, nada de lo que le hace feliz. Puedes cambiar el mundo, todo lo que rodea al hombre, pero si no lo cambias a él, lo convertirás en un mero autómata.
No pude aguantar más. Nada más leer estas líneas cogí el libro y lo arrojé con todas mis fuerzas al suelo, ante la sorpresa de todos los que se hallaban en la biblioteca.
Acto seguido, salí por la puerta, furioso, y me fui.
¿Cómo era posible que el hombre más justo de la Tierra hubiera dicho que no a la posibilidad de dar la paz y la felicidad a todos los hombres? ¡Yo mismo, que seguramente no era la mitad de noble que él, hubiera dicho que sí...!
Y sin embargo...
Sin embargo había cierta lógica en lo que aquel hombre había dicho. Quizá el hombre era en esencia tal y como lo habría descrito, tal vez la humanidad no tuviera remedio.
¡No! ¡No podiá ser! ¡Yo hubiera dicho que sí, por supuesto!
¿O tal vez no? El hombre ama su libertad. Conociendo el carácter humano, la vida para él sería algo fútil, un largo camino sin rumbo... Dios, ¿qué estaba pensando? Yo hubiera dicho... hubiera dicho... supongo que hubiera dicho...
¿...que sí?
El artesano de la vida admirará con devoción sus creaciones, creaciones humanas y divinas, espolvoreadas con el aliento de la vida; vida dulzona bañada con jugos de amor y alegría; alegría crujiente y azucarada, saboreada por el paladar de la ilusión; ilusión mentolada y fresca, que irradia la luz de las lágrimas; lágrimas tamizantes de frescos recuerdos y presentes caramelosos; caramelosos son mis sentimientos hacia los placeres y gozos del amor y no amor; amor plagado de luz y oscuridad; oscuridad inicio de un nuevo saborear; saborear nuevos placeres en los cócteles del paladar.
El mundo es un juego de lágrimas y alegrías
en el que el amor y el odio
son los dados del futuro y destino de sus jugadores.
Infancia, dudoso tesoro, vienes a permanecer.
Cuando quiero jugar se mofan de mí
y siempre juego sin querer.La añoranza de lo no vivido
de tus cuadros multicolores se alimenta.Eres niña de ojos verdes,
niña dulce y risueña,
de rubia melena trenzada.Vislumbro la curvatura blanca
de tus brazos y cintura descuidada,
pues veo tu figura y son mi oráculo
los pedazos de cristal verde botella
lamidos por el mar.De luto por la lógica perdida,
atónito de tu risa orquestal,
todo falla con ella:
las cartas adivinatorias
me hacen tahúr de pacotilla,
mi bola de cristal es una piedra de tesoro infantil,
y más niño que tú, mendigo tu tiempo,
persigo tu sonrisa y cómo no, sufro,
pues, perseguida, te burlas de mí.Eres niña, luego sabia,
tu indiferencia te hace fuerte.
Soy niño, luego idiota,
y me hunde tu regocijo con otros.Masco mi rabieta con faroles,
pero tan amargo me sabe
que escupo sobre mí,
de rabia y de coraje,
pero no lloro,
pues quiero ser mayor
porque soy niño,
¿recuerdas?¿Llorar tú?
No, tú no lloras
pues me tendrás siempre detrás.Y te ríes,
pues tu juego te sale bien,
y porque eres niña,
¿recuerdas?
Jugando al olvido,
andaré kilómetros
para pasar a tu lado
sin apenas saludarte.Anudadas mis entrañas a tus hilos
volveré a llamarte,
para que puedas de nuevo rechazarme
y cantes, jugando, tus alegrías.Pero los niños no juegan,
¿recuerdas?
Afilan, entre risas, sus garras
ante la estúpida mirada
de los que perdieron su instinto.
Cuan más hermosa
es la rosa
más aguzada es la espina,
más dolorosa la herida
y más fugaz la vida.El filo de la espada
protege a la flor enamorada
y sobre el filo de la espada
camino yo,
un alma solitaria.El acero afilado
corta mi piel quemada.
Mi cuerpo derrotado
por una caricia negada.La rosa
es el destino;
la espada,
el camino.Su perfume venenoso
es un corte delicioso,
un beso silencioso,
un susurro misterioso
que te envenena
muy poco a poco
y aun muriendo
hace sentirte dichoso.Cuan más dulce
es mi compañía,
más amarga es mi agonía
por el ansia
de sus besos,
por el calor
de su lecho,
por su ausencia
en mi pecho.
Cuéntame un cuento
que no me duermo,
la noche es muy larga
el dolor intenso.
Dime cosas bellas,
no me hables del miedo;
dime, ¿qué es la vida?
Luz y sombra, pienso.
Hazme cosquillitas
dentro del cerebro,
a ver si se ríe
y se queda quieto.
Haz también un circo
lleno de recuerdos,
abre mi cabeza
y escóndelo dentro.
Cuando sopla el viento,
al caer la tarde,
cuéntame un cuento.
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