NAVEGANTES DE LA PLUMA

Nº 15 - NOVIEMBRE 2005
DESPERTAR

EDITORIAL

Bienvenidos, biblionautas

Tenéis entre vuestras manos el comienzo de una nueva aventura. Una nueva etapa que afrontamos con ilusión y energías renovadas. Nuestro navío ya se encuentra convenientemente calafateado y sus bodegas bien provistas de todos los materiales y todas las provisiones indispensables en cualquier largo viaje, se ha levado el ancla e izado las velas y nos hallamos dispuestos a adentrarnos en las nuevas aguas que ante nosotros se extienden.

Océanos y mares nunca antes explorados que encierran en lo más profundo de sus entrañas quizá peligros y retos capaces de hacer desfallecer hasta al más curtido de los marineros, o quizá nuevas tierras repletas de tesoros tan solo al alcance de los más atrevidos. Pero, que sin duda, también encierran la hormigueante excitación de lo desconocido.

Mas si los vientos y las aguas ponen a prueba nuestro temple… Si crudas y terribles tormentas agitan nuestro navío intentando hacerle zozobrar… ¡No lo dudéis! ¡Nuestro espíritu no desfallecerá! Pues sabremos que no estaremos solos ante aquellos peligros que los dioses del mar nos quieran enviar. Que vosotros, todos vosotros, también estaréis a nuestro lado en esta nueva aventura.

Y mediante estas páginas, tan vuestras como nuestras, descubriremos todos juntos nuevos mundos y nuevas historias. Algunas dignas de ser contadas en el interior de un deslumbrante y virgen jardín disfrutando de la calidez del sol de primavera; otras paseando por un sendero de hojas marchitas y secas llorando junto aquellos que vieron rotos sus sueños; y también puede… también puede que haya alguna que solo alrededor de un fuego y con la noche amenazando con cubrirlo todo con su negro manto merezca la pena ser susurrada.

¡Los vientos comienzan a soplar con fuerza! ¡El hogar ya comienza a quedar atrás! ¡Allá a lo lejos acecha lo desconocido! ¡Buen viaje Navegantes!

El Navegante de la Pluma


CCLXVIII

Quiero que me toques
con tu voz desde lejos
y sentir sobre mi piel
la caricia de tus palabras.
Quiero que te acerques
y tu voz se derrame
susurrante en mi oído
con la suavidad de un verso.
Quiero descubrirte aquí,
encontrarme en tus labios
con las dulces promesas
de los días eternos.

Nauta


ALGO MÁS QUE UN ADIÓS

Tu recuerdo me devora
en los minutos finales del adiós.
Sé que tengo que partir
lejos de tus abrazos,
tus risas, tus besos, tus ojos
aquellos que siempre desee.
El final se acerca,
y ahora que tengo que marchar,
en esta noche llena de amargura,
con tu cara cubierta por el llanto
y mi alma hecha jirones,
me dices que me amas.

Sonia Tolosana


EL BARCO DE LA LIBERTAD

Suban a bordo de este navío
y serán testigos de un espectáculo
como jamás han visto.
Dulces bailarinas les ofrecerán
su ilusión en frágiles botes de cristal
que les harán soñar
cuando más perdidos se encuentren.
Malabaristas sin futuro
les arroparán con su arte,
embriagando con su magia
eus tristes corazones.
Es hora de zarpar,
pues este pequeño barco
viajará por todos los rincones
velando por un mundo más humano.
Juntos nos vengaremos del destino
y surcaremos con bravura
las olas de la verdad.
En este barco aprenderán
a distinguir lo valioso de lo banal
y apreciarán el dulce sabor
de aquellas pequeñas cosas.
En este viaje podrán disponer
de enormes maletas llenas de sueños a babor
y baúles repletos de amor a estribor.
Buscaremos tesoros
que nos harán galopar con brío
a lomos de nuestro corazón.
El viento claudicará a nuestro paso
y de nuestro interior brotará una nueva flor,
incorruptible ante la adversidad
y perenne ante el paso del tiempo.
Sus vidas más sentido tendrán
si buscan en lo más hondo de sí mismos
y si saben ver a través de sus almas,
comprobando que el reflejo que vean
en el espejo
algún día ha de convertirse
en sus rostros verdaderos.
Bienvenidos al barco de la vida.
Bienvenidos al barco de la libertad.

Emilio Gómez


SEPTIEMBRE

En el patio no se oye
más que el viento fresco y leve.
Pronto llegarán los chicos;
es el otoño que vuelve.

Los pasillos están tristes.
Hay silencio en las paredes
pero tú lo llenas todo.
Todavía estás presente.

Voy buscando en los rincones
dónde estás, cómo te sientes.
Pero nadie me responde
cuando pregunto a septiembre.

Y quisiera constatar
que el cariño no se pierde:
saber que duerme tranquilo.
Pensar que quizá despierte.

Poder llevarte estos versos
en una tinta indeleble
dondequiera que ahora estés.
Dondequiera que te encuentres.

Descubrir que hay una vela
que algunas noches se enciende.
Saber que piensas en mí
aunque no puedas quererme.

Christian Glaría


KHAZDMELIÀN, REY DE LOS KHAZDMANIÒNS

Del diario de Oliel Lithbered äb Iliel:

“Ya han pasado dos días desde que abandonaste Hed Èrian, Elbeth, y ya te añoro. Los días que pasé junto a ti fueron hermosos. Más hermosos que el despertar de las flores en primavera, que la danza del mar cuando anochece, que los bostezos del Sol cuando amanece. Cuando te contemplaba… el profundo e intenso brillo azul que tímidamente se esconde en lo más profundo de tus ojos… la claridad e inocencia de tu sonrisa cuando jugábamos juntas… veía a nuestra madre. La veía tal y como era antes de que la Gran Guerra estallara. Y al verla a ella… entonces recordaba cómo era mi padre antes de que Khazdmeliàn le consumiera.

Eres fuerte hermana. Fuerte y extraordinaria. Aunque no lo creas. Lo eres. Lo he visto. Y también sé que lo descubrirás cuando llegue el momento.

Yo… tengo miedo. No sé que es lo que deparará el futuro. Sólo conozco las bifurcaciones del destino y aquello que se encuentra al final de cada elección. Pero no sé qué camino tomaréis. Y hay caminos terribles Elbeth. Peores aún que aquel que tomó mi padre.

Khazdmeliàn, Rey de los Khazdmaniòns…

Te aterra ese nombre.

También a mí.

Amanecía. Igual que ahora lo hace, mientras escribo estas líneas. Un amanecer de hace casi dos mil años. El Sol, vuestro Ëo, comenzaba a desperezarse tiñendo el firmamento de un rojo anaranjado que hacía olvidar la oscuridad de la noche. Tu pueblo, Elbeth, el mío, alzaba la vista al cielo maravillándose de los colores con los que Ëo lo cubría sin saber que dentro de muy poco la tierra que pisaban también cambiaría de color. También se teñiría de rojo.

¿Por qué fue al amanecer? ¿Por qué entonces?

Conocía el terror que os inspiraba la noche y la oscuridad. Se lo habíais dicho.

Conocía el alivio que os proporcionaba Ëo y su despertar. Se lo habíais dicho.

Eligió un amanecer para destruir todo sentimiento de seguridad y protección que aún pudierais albergar en vuestros corazones. Para haceros ver que nunca… ni en lo más profundo de un bosque… ni al abrigo de la más imponente de las montañas… ni siquiera bajo los rayos de Ëo… Nunca estaríais a salvo.

Y lo logró.

Fue Ahn Uthiel, tu abuelo, el primero que le vio. En lo alto de una colina. Sobre un caballo negro con la crin roja. Al frente de sus seis hermanos. Cada uno sobre un caballo negro con la crin roja… Y entonces supo qué era lo que iba a ocurrir.

Los siete Khazdmaniòns de Valoth.

Ahn Uthiel comenzó a dar gritos y a lanzar órdenes. Colocó a los varones al frente, formando tres semicírculos, uno detrás del otro, con los que esperaba proteger a las mujeres y los niños. Por entonces vosotras apenas sabías utilizar la magia para algo más que pequeños juegos infantiles…

Corríais. Tropezando los unos con los otros, cayéndoos al suelo y levantándoos entre nuevos tropiezos mientras intentabais seguir sus órdenes…

Tan solo podía oírse la voz de Uthiel y el llanto de los bebes.

Ahn Uthiel se adelantó y desenfundó su espada, situándose al frente de todos los demás Ëlgain. Al frente de su pueblo. Al frente de tu pueblo. Al frente de mi pueblo.

Su figura era la única que no tiritaba, su espada la única que no dudaba, sus ojos los únicos que no se humedecían.

Fijó sus ojos en los de mi padre. Mi padre hacía mucho que ya había fijado los suyos en los de él.

Tan solo había odio en los ojos de Uthiel.

Tan solo había odio en los ojos de Numiel.

Mi padre extendió su brazo derecho señalando con la espada el centro del primer semicírculo: la figura de Ahn Uthiel. Tan solo susurró una palabra: cargad.

Erais veinte mil cuando Ëo comenzaba a despertar… Vuestros varones apenas sabían sostener una espada, vuestras mujeres apenas sabían acariciar los hilos del telar que sostiene el Mundo…

Veinte mil niños asustados contra los siete Khazdmaniòns de Valoth…

Tan solo cinco mil consiguieron huir. Tan solo cinco mil sobrevivieron.

Fue un amanecer de hace casi dos mil años, Elbeth, pero yo aún no he podido olvidarlo. Aún puedo oír los gritos… saborear las lágrimas… oler la sangre… Nunca podré olvidarlo… fue un amanecer cuando murió Numiel, mi padre, y nació Khazdmeliàn, Rey de los Khazdmaniòns.

Un amanecer como el de ahora… Casi dos mil años los separan y yo… Tengo miedo. Mucho miedo, Elbeth… Todo se está volviendo a repetir… las mismas mentiras, los mismos miedos, los mismos odios… Todo…

Ya han pasado dos días desde que abandonaste Hed Èrian y hoy el despertar de Ëo vuelve a teñir el firmamento de un rojo anaranjado… mi padre vuelve a encontrarse en lo alto de una colina, encima de un caballo negro con la crin roja … y si vuelve a desenfundar su espada… si permite que Khazdmeliàn vuelva a alzarse…"

Las siguientes líneas son ilegibles. La tinta se encuentra dispersa y las palabras diluidas como si hubieran sido bañadas con… ¿lágrimas?

Carlos Iglesias


Índice - Segunda parte

 

 

 

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