NAVEGANTES DE LA PLUMA

Nº 17 - NOVIEMBRE 2006
LA NOCHE

DONDE LA LUNA SE ESCONDE

Allá donde la luna se esconde
me arropan las estrellas en su cuna,
y la soledad que tanto he buscado
me cobija de un incierto pesar.
Pasar las horas mirando al infinito
y contemplar las olas en sedante silencio
es un bálsamo que aplaca mi dolor.
Noche en calma que muestras tu silueta,
me recuerdas que la eternidad ha de ser nuestra.
Regálame al menos cinco minutos
para poder ser uno con el firmamento.
A tu lado me siento libre
y noto que el viento vive dentro de mí.
Noche fugaz que desaparecerás con el alba,
envuélveme con tu frágil vestido,
déjame visitar tu serena estancia
porque mañana ya no podremos estar juntos.
Suave noche que me cantas miles de nanas,
acuérdate de la pobre alma que cuenta sus penas
y búscame cuando vuelvas.

Emilio Gómez


CCCLXX

Hoy me he citado
con mi dama blanca
porque quiero llorar
en su dulce seno.
Como siempre a solas
cerraré mis ojos
húmedos, cansados
y escucharé su voz.
Mecerá mis sueños,
acariciará mi pelo
y por un instante
lo olvidaré todo.

Nauta


MAÑANA

No esperaré el nuevo día.
Aunque parezca cobarde
siempre pensé en una carta
cuando el momento llegase.

Las manillas del reloj
me recuerdan que ya es tarde;
debo doblar el papel
y con pesar alejarme.

No volverás a llorar.
No extrañarás lo que falte.
Nunca más lo sentiré;
ya no volveré a fallarte.

En estos trazos que escribo
grita con fuerza un mensaje;
me pregunta al despertar
si no te quise bastante.

Me marcho lejos de aquí;
esta ciudad es muy grande.
Me he cansado de soñar
de buscar y no encontrarte.

Descubriré el exterior;
me perderé por sus calles
esperando que la lluvia
por su noche me acompañe.

Cuando camines sin rumbo
entre las hojas del parque
recuérdame sonriendo
intentando impresionarte.

Cuando el viento del otoño
con su frío te señale
sonríeme recordando;
no te pongas de su parte.

Yo esperaré la ocasión
de volver donde me aguardes
cuando el tiempo nos reúna
y ya nada nos distancie.

Al acercarme a tu lecho
evitaré despertarte;
te besaré con cuidado
esperando que descanses.

Dejaré a tu lado un sobre
rubricado con mi sangre
donde hallarás esta carta
junto al dolor que me invade.

Y después me volveré
y sabré por fin que nadie
de tu sueño te alzará
mientras mis versos te aguarden.

Mañana, cuando despiertes
y te alejes de mi alcance
quiero pedirte un favor:
sonríe por mí un instante.

Sólo te pido este don.
Después podrás olvidarme.

Christian Glaría


MELODÍA PARA SOÑAR

Sólo queda una nota, la nota clara
con la que se construyen los sueños.

Do, Re, Mi;
suenan las notas.
Fa, Sol, La;
toman su lugar
en la partitura.
Sol, Lab, Re;
van configurando
la dulce melodía
que acompaña
a tus sueños.
Do, Fa, Sí;
juegan a pillar
mientras que Sol
vigila tu viaje
a la tierra de los sueños.
Claras notas que te dan
la dulce paz que buscas
para ir al encuentro
de tu amado Morfeo.
Duerme mi niña
que sólo quedan las notas
las claras notas que te acompañan
a la tierra de los sueños.

Sonia Tolosana


CDLXXXVII

De regreso,
en pasos nocturnos,
a la hora tardía
en la que la ciencia
olvida sus leyes.
A mi lado,
silencio de aire
vapores húmedos
y frío de hojas
con aromas térreos.
Luces verdes,
azules en distancia,
calor amarillo:
es hora de duendes,
es tiempo de magia.

Nauta


EL REENCUENTRO

En el aire se oye
el lejano eco de los tambores.
Cuando nuestras vidas
volvieron a cruzarse
en esta encrucijada de caminos,
nos miramos un instante
con el asombro de un niño
ante su juguete nuevo.
Para confundirnos en la noche
con un abrazo largo...
tan profundo.
Entre el estupor y las risas
y nuestros corazones desbocados
rememoramos tiempos lejanos.
Nuestras voces decían adiós
y nuestros pies decían alto.
¡Cuantas veces pensé en ti!
El lejano eco de los tambores
nos cuentan que no
nos habíamos olvidado.
En el aire se diluye
el lejano eco de los tambores.

Sonia Tolosana


LA CULPA

La madrugada te acoge
como siempre, tan despacio
cuando las gotas amargas
te mancillan entre tragos.

Hace frío en la ciudad
en sus luces, en sus barrios
y en las cuencas de tus ojos
confundidos y apagados.

Hay sonidos estridentes
el color del desengaño
mil promesas y mentiras:
lo que tú tanto has llorado.

Y sentada en una esquina
rodeada por extraños
te consuelas en alcohol
de tristeza destilado.

Recuerdas las mil plegarias
los desprecios, los halagos
ilusiones destrozadas
víctimas del desencanto.

Enganchada a una cadena
de invisible y fuerte lazo
te adormeces en el humo
que alimenta tu cansancio.

Es inútil ser valiente
pretender no ser esclavo
del momento que no vives
del silencio edulcorado.

Pasan muy lentas las horas;
la gente se va marchando
hasta quedar sólo tú
indefensa ante el naufragio.

Y en la hora de cerrar
con el pulso desgastado
buscarás en la penumbra
la silueta de un cigarro.

Cogerás tu viejo abrigo
sonreirás al encargado
al buscar otra salida
que te acune en su regazo.

Es de nuevo el exterior;
es el comienzo del llanto.

Christian Glaría


LOS OLVIDADOS

En este frío mausoleo
yacen todos aquellos
que creían en sueños inalcanzables.
Ahora descansan en un estado
de perpetua serenidad,
donde el olvido no es más
que una espesa niebla
que no te deja ver más allá
de lo que dicen los libros de historia.
El tiempo no tiene memoria
y el recuerdo sólo nos deja rastros de humedad,
tibios y casi apagados ecos de eras pretéritas.
Cada mañana que pasa
borra un poco más la imagen de sus rostros,
todos ellos anónimos, todos sin nombre.
Quiero honrar su memoria,
restaurar esa cálida brisa
que el tiempo quiso acallar.
Quiero pensar que algún día
esos sueños se harán por fin realidad.
Una vela he puesto por cada voz
que un día dejó de sonar,
por cada mañana que quedó por descubrir.
Miles de oraciones han salido de mis labios
en este frío y húmedo mausoleo,
esperando que pronto la voz perdida
de sus almas despierte por fin
entre las ruinas de la historia.

Emilio Gómez


LA MENTIRA

Al caer la noche eterna
no cesa este llanto amargo.
Como la sangre que ahora brota
de la herida abierta en mi pecho.
Camino por los suburbios
de esta ciudad gris
buscando una respuesta
a esta pesada cruz
que llevo sobre mis hombros.
Y esta negra mentira
caerá de mis labios,
y en tus ojos rojos por la ira
veré caer el peso de mi falsedad.
Al caer la noche liviana
te partiré el corazón
con un secreto que me duele,
algo que no debió pasar.
Al caer la noche inmortal
no cesará este llanto perpetuo.

Sonia Tolosana


DCXL

Hoy he visto,
en lejano horizonte
la puerta perdida
del país feérico.
Oculta en las horas
que siempre la han marcado
pero que el hombre mortal
ya no recuerda.
Mas esta mañana,
mis elfos guardianes
han susurrado suaves
las palabras precisas.
Y mis ojos han hallado
el camino sagrado
a la tierra eterna
donde viven los duendes.

Nauta


Primera parte - Índice

 

 

 

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