Podría ser que nada sucediera
aunque desearía equivocarme:
¡rompe mi maldición al besarme,
anima mi corazón de madera!
Si un día en un abrazo me acogiera
iluminándome su alma al tocarme
entonces: sus manos, acariciarme;
mis manos, acariciarla. Pudiera
parecerme un único e incierto sueño
recordado por mí desde ese instante
esperado del que sería dueño.
Por fin amado; por fin, de ella, amante:
uno, fiel, eterno. Susurraría
roces y desearía anhelante
inventarnos recuerdos día a día.
Nauta
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