En silencio de niebla
descubro que los reinos
nunca se fueron lejos
y mi alma ansiosa
persigue las señales.
Sin romper los velos
que marcan la entrada
me sumerjo en la magia
de las hojas caídas
con los ojos entrecerrados.
Y cuando miro bien,
más allá de mis manos,
encuentro el saludo
de los reyes de antaño,
de los seres olvidados.
Nauta
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