Cardos inmensos rezan
en el páramo seco
pidiendo agua
de lluvia prodigiosa
que tarda en llegar.
Estiran sus brazos,
elevándose a su dios
suplicando clemencia
ignorantes de la razón
por la que se los castiga.
En el silencio árido
sus dedos van cayendo
al suelo agrietado
y algunos descubren
que el ciclo se ha cerrado.
Nauta
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