NAVEGANTES DE LA PLUMA

Nº 1 - DICIEMBRE 1994

EDITORIAL

¡Bienvenidos, biblionautas!

Tras meses de intenso trabajo, los Navegantes de la Pluma se hallan otra vez preparados para partir. La tripulación y la nave están dispuestas y sólo falta que vosotros lo estéis también.

Si os gustó nuestro primer viaje, indudablemente os encantará el segundo. Volveremos a surcar los mares de la imaginación y de los sueños y así iremos descubriendo fuertes sentimientos y despertando nuevas pasiones. Navegaremos a través de la realidad y la ficción, muchas veces confundiéndonos entre ambas. Será un viaje largo y peculiar pero ante todo interesante.

Subid a bordo, pronto comprobaréis que no tenéis que arrepentiros. Nuestra tripulación os está esperando. Son jóvenes curtidos en las artes del mar y de la pluma y están desbordantes de ilusión.

Todos juntos, unido por la poesía y la narrativa, vamos a emprender el segundo viaje de nuestro pintoresco barco, "Mente en Libertad". Así que, si os travéis a acompañarnos, agarraos fuerte porque nos vamos.

¡Marineros, levad anclas!

El Navegante de la Pluma


Brutal línea de vida.
(Concebida como una ceremonia).

Vives,
te alzas
inseguro, cansado, herido
en este claro descenso.

¿Podrías sospechar
que esa larga espera
valio la pena?

Miguel Ángel Benedicto


Sobre la arena de la playa,
cayó muerta mi toalla,
mi mochila y mi cuerpo.
Todo yacía muerto.

La arena se convertía
en viscoso barro
cuando compartía
mis lágrimas y mi abrazo.

Todos los recurdos,
las esperanzas, las ilusiones,
todos esos momentos
de amores y pasiones;
sin remedio, se perderán
igual que mis lágrimas
fundidas con la espuma del mar.

Antonio Ullod


Aparte de todo y de todos, sólo tú y yo.
Qué importan los demás, ellos no saben de este amor.
La luna sostiene a la noche que nos aguarda.
Ven, ven aquí y te contaré los secretos de ciertos jardines.
Te me desvaneces entre la multitud,
pero yo sigo tendiendo mi mano.
¿Acaso no sabes que soy especialista de empresas perdidas?
Olvídate y atrévete,
te aguardaré el tiempo de una sonrisa perforada en la noche.

Gema Martínez


Hay un instante embrujado,
es cuando sonríes,
cuando me hablas,
cuando percibo tu aliento
o el compás de tu respiración,
porque me haces tuya.

Eres tú mi sustento,
estoy a tu lado
y me hundo en tus ojos
y sacio mi sed con tus labios;
pero tú no lo sabes.
Tú callas, ignoras, permaneces.

Me invade la angustia
si mi cuerpo y alma se funden,
porque quiero abrazarte,
porque quiero sentir tu huella en mi piel,
porque deseo tus labios sobre los míos,
y tú no lo sabes.
Tú callas, ignoras, permaneces.

Mi voz se quiebra
y se aflige con mis entrañas;
ráfagas de pasión recorren mi ser,
esquivo tu rostro pero sigo viéndote
porque apresuras mi ritmo y mi reposo;
pero tú no lo sabes.
Tú callas, ignoras, permaneces.

Namaste


VIVIR SIN RECORDAR

Las ventanas estaban cerradas a la noche. Detrás de ellas se podían adivinar las respiraciones acompasadas del dulce sueño de sus moradores. Afuera quedaba la noche fría de invierno y en ella habitaban cuerpos errantes sin sueño, noctámbulos, vampiros, horteras y fulanas.

Una sonrisa atrapó un segundo la atención de algún desconocido y la dueña de aquella boca hacedora de sonrisas mtálicas pintadas con colores sintéticos, sin brillos, enmarcando un cuadro de decadencia, se encogió al frío y suspiró de puro desánimo. Pasó sus manos delgadas de finos dedos por su pelo largo en un gesto mecánico sin pensar, dándose en el gesto un alivio a su realidad, a su vida...

Miró el reloj, las cuatro, y volvió a suspirar. Tres clientes en cuatro horas, no estaba mal, pensó. Atrás quedaban las noches en que se trabajaba a quince o veinte clientes. La competencia cada día era más fuerte. Desde que las dominicanas habían bajado por su zona, ofreciendo sus servicios por quinientas o mil pesetas, la cosa estaba muy difícil.

Envolvió su cuerpo en el abrigo y se apoyó en la pared. Cerró lo ojos; no, no quería pensar ni recordar, aquello era algo demasiado doloroso, prefería dejar su mente neutra, al igual que cuando estaba con un cliente haciendo un servicio.

Mejor no pensar ni recordar. ¿Para qué? Si acaso pensar en las olas, en el monte, en los árboles y en pretender la llave del país de los sueños.

Pero aquella noche su mente se empeñaba en pensar y en recordar. Se vio a sí misma hace unos años, cargada de ilusiones, de proyectos, con ganas de vivir. Vivir; cómo le costaba ahora aquello, un esfuerzo encerrado en una fina capa de cordura.

Pronto necesitaría un buen chute. Palpó en el bolsillo de su abrigo la jeringuilla y la papelina; pronto, muy pronto se dijo.

Sin vanir a cuento recordó la primera vez que probó la dama blanca que doblaba voluntades y que ofrecía la llave falsa del país de los sueños. La música alta, los nuevos amigos alrededor y aquel muchacho ofreciéndole nuevas sensaciones. A partir de ese momento su vida fue de mal en peor: perdió su trabajo, el curso, se marchó de casa llevándose las lágrimas de sus padres y la impotencia de estos ante su destrucción. Terminó vendiendo su cuerpo casi por casualidad. Una noche se vio a sí misma con un desconocido por unos cuantos billetes, todo para seguir llenando sus venas de muerte.

Abrió sus ojos llenos de angustia. Alguien la llamó desde un coche pero ella no reaccionó. Su mente pensaba y pensaba; el coche se alejó y ella permaneció apoyada en la pared. De repente sintió asco de sí misma y una infinita rabia. Empezó a andar con paso firme, rota ya la fina capa de cordura. Llegó a la pensión donde sobrevivía, entró en su cuarto, se miró en el espejo y se vió a sí misma, pálida, con ojeras, sus ojos sin estrellas y lloró sin lágrimas frente a su reflejo.

¿Qué quedaba? Sólo el vacío de una existencia confundida. Buscó con desesperación un resto de esperanza en su interior pero esta quedó enterrada la noche en que un hombre le dio una paliza de muerte y le quitó el dinero y, al poner una denuncia, un policía le dijo: "Esto les suele pasar a las putas". ¡Mierda!, pensó, todo es una mierda.

Abrió la ventana y observó la noche cómplice en su oficio. Estrellas. Ella sólo deseó visitar alguna en uno de sus viajes.

Se tumbó en la cama y soñó que tenía otra vez dieciocho años, el sol existía y la noche era su amiga.

A la mañana siguiente, una breve noticia en los periódicos decía: "Joven de veintidós años encontrada muerte por sobredosis en una pensión del centro de la ciudad".

Gema Martínez


ESPERANZA

Volverán tus ojos a brillar de nuevo
y volverán tus manos a sentir la caricia
de aquella que un día te declaró su amor.

Volverás a llorar con una canción
y podrás sonreír con la risa de un niño.

Gozarás en el lecho de tu amada
y le entregarás tu alma y todo su ser.

Pero ahora,
que nadie vea tu cuerpo mutilado,
ni tu alma destrozada.

Que no sepan que, por un pedazo de tierra,
fueran capaces de dejarte en el suelo
aquellos que un día fueron tus hermanos
y que hoy matarían a tus hijos por un pedazo de pan
y vejarían a tu mujer sólo por verte implorar de rodillas.

Pero ahora duerme,
y quizá algún día puedas sentir...
que no eres humano.

José Manuel Fernández


LA VERGÜENZA DE HUIR

Sintió en su nacer un profundo dolor,
que hirió su pobre corazcón roído por su pecaminoso amor.
Se desquició, no se dominó y voló.

Voló alto, muy alto. Por aquellas inmensidades,
de frescas brisas y dulces temporales.
Y allí, que nada podría temer, se desquició,
no se dominó y voló.

Voló a otro mar, a otra lágrima salada
de grandes inmensidades y es allí donde encontró el amor,
rodeada de misterios, de profundidades,
de oscuridades y se alimentó de amor, de sueños,
de esperanzas.

Mariló Ruiz Herrera


En esa noche fría
el miedo y el deseo
se mezclaba temerosamente
con los besos y caricias
de dos cuerpos solitarios.
Luego, más tarde,
las palabras desembocan
en lágrimas de tristeza,
por un orgullo herido
y un deseo perdido.
Las luces se han apagado,
ya no se ve nada,
las miradas son ocultas.
Ahora sólo está el pensamiento
que se convierte en recuerdo,
para dejar un lugar
a la esperanza.

Beatriz


LA SABIDURÍA DEL BOSQUE

El Caballero de la brillante armadura
camina bajo la lluvia
a través del viejo bosque.
Es seguido,
por los hombres de su ejército.
Se acercan a su destino,
desenfundan sus espadas,
preparan las alabardas
y tiemblan temerosos
de ese destino.

Se encuentran en un claro del bosque
y el caballero de metal
cierra los ojos.
Le invade una extraña sensación,
nota como el agua de la lluvia
se cuela entre las piezas
que componen su coraza.
Al momento,
todos los hombres
quedan rodeados por toda clase
de animales.
No entienden cómo
pero comprenden lo que los animales
les dicen.

El caballero de acero
deja caer su mandoble,
después de haber oído
lo que los animales le han dicho.
Se vuelve hacia sus paladines
y dice con voz grave que no va a luchar,
que va a resolver
sus diferencias con su rival
de otra forma más pacífica.

Dios mío,
hay otras formas
de resolver las diferencias
que no son la violencia.
Puesto que somos seres humanos
y se nos considera el animal más inteligente,
valgámonos de esta virtud
para bien, no para mal.

Ángel J. Lara


AMOR DE MADRE

Surgió de sus entrañas un rayito de sol,
su piel de canela, sus ojos luz de candela,
sus cabellos finos hilos de oro,
todo él era ternura.

Sabá que era suyo que nadie se lo podía quitar.
Lo cuidaría como si fuera un lucero,
lo estrecharía entre su pecho,
lo arroparía con sus brazos,
le cantaría en silencio y mirándole los dos se dormirían.

Pero un día no amaneció, un día no hubo Dios,
el sol no salió ni el gallo cantó.
La madre le miraba fija y quería tocarle,
pero no podía, su niño no dormía,
su ángel se moría.

Se cerraron sus ojitos, su boquita expiró
y en silencio se murió.

Esa noche una risa helada tenía el cielo,
no había apenas estrellas, solo la luna
que acunaba un pequeño lucero.

Mariló Ruiz Herrera


LA PRINCESA DORADA

Cuántas veces huimos del pasado e intentamos ocultar nuestros verdaderos sentimientos por miedo a no ser aceptados tal como somos o por simple disculpa hacia nosotros mismos. Siempre ideamos extrañas lenguas o formas de comprensión difusas para intentar eludir aquellos temas de sentimientos humanos que son parcos de nuestro saber. Por o que aunque me pese decirlo me siento culpable al descubrir que la bestia de los recuerdos pesa hondamente en lo más profundo de mi ser.

Cuán absurda es la vida al recordar, cuántas veces grité a pulmón abierto que había logrado eludir al fantasma de la desdicha y del sufrimiento. Apenas sabía qué era la felicidad, el amor, la comprensión... y, sobre todo, lo más importante, no sabía ni qué significaba ser humano.

Y como respuesta a ello, emprendí continuos viajes en busca de su esencia y de la magia que en su interior se cobijaba. Realicé largas travesías enfrentándome con fuertes tempestades, soportando cegadoras ventiscas que hacían tambalear cada poro oscuro de mi frágil embarcación. Blandiendo mi delgada espada en nombre del estandarte de mi esperanza, mis fieros cañones respondían a oscuros mundos dolorosos y confusos de humanidad, engulliéndome rápidamente en sus absurdas profundidades, vanas y opacas de esperanza.

Pero todas aquellas largas caminatas, de pieles roídas e hinchadas de sufrimiento, demostrándome día tras día ser único en mi especie, dieron el fruto más jugoso y dulce que paladar más fino y delicado probase. Mis ojos llorosos observaban con devoción aquella pálida joven, que ansiaba con enseñarme nuevos caminos de luz en mi contradictoria vida. El brillo de su larga y canelosa melena ocultaba en la sombra el dorado lucero de la vida, devolviendo la magia y el encantamiento al valle de la ilusión y del nuevo amor encontrado.

Deseaba saber qué ocultaban y decían aquellas brillantes pupilas melosas de Azahar. Pero apenas intuí como respuesta a mi curiosidad, una blaquecina sonrisa, blandiendo mi duro corazón y devolviéndole la frescura y tranquilidad perdida.

Lleno de seguridad, alargué mis brazos en busca de su ayuda y comprensión, quedándome dormido dulcemente en su frágil regazo. Por lo que finalmente descubrí qué era el verdadero amor hacia la vida y, sobre todo, supe qué significaba ser humano; floreciéndo nuevamente en mi frágil corazón cuál era la auténtica esencia de cada humano en su largo caminar por este mundo.

Jorge Juan Bautista Solano


Miles de gotas golpean la ventana.
Rompen el silencio y mojan la persiana.
Hoy un cielo gris, nublado y tormentoso
despera y abate al más fogoso.

La gota rompe en el cristal.
Gota pura, cristalina, vital.

Hermosa en su sencillez,
linda por su sincolor,
la envidian los diamantes,
porque curan el dolor,
da vida a los amantes,
da vida a una flor,
resuello a los amantes
y cura el amor.

Gota musical.

Din, don; din, don, dan.
Canta para mí
canción sin igual.
Hermosa, linda, bella
de principio a final
que os oiga ella
detrás del cristal.
Din, don; din, don, dan.
Cantad fuerte,
vuestro canto es inmortal,
enemiga de muerte
del fuego infernal.
Cantad gotas
vuestro canto especial
miles de notas
en un hado espiritual.
Cantad gotas
vuestro canto ritual
golpean las botas
de los niños al pasar.
Regad la tierra
y campos sin parar
y, sobre todo, que ella
os pueda mirar
para que de mí
se pueda acordar.
Din, don; din, don, dan.
Cantad gotas
canción sin igual,
que sus ojos
os puedan mirar.

Mojad calles,
mojad campos,
mojad valles,
mojad bancos,
mojad parques y plazas,
casas y coches,
tiendas y terrazas,
ropas y broches.
Gotas de plata
de belleza sin par,
sólo a sus ojos
se os puede comparar.
¿Qué habría con más valor
que dos gotas únicas en la tierra?
¿Qué placer habría mayor
que poseer a quien las encierra?

Dos gotas marrones, de avellana
encerradas en perlas de marfil.
Son tus pupilas hermanas
de las flores de abril.

Antonio Ullod


Índice - Segunda parte - Tercera parte

 

 

 

Si necesitas algo, puedes contactar con nosotros a través de nuestro correo electrónico.