NAVEGANTES DE LA PLUMA

Nº 4 - INVIERNO 1997

Estoy ahorrando poco a poco
para que me vendas
tus mejores acciones;
y aunque sé que los mercados internacionales
están en alza,
retiro mis participaciones
porque quiero que hagamos juntos
esta nueva inversión.

No conozco tu moneda
pero me gusta su color,
así que voy a cederte
el número de mi cuenta más valiosa.

Quiero que seamos socios.

Namaste


ABANDONO

En la gloria inerte
de un llanto silencioso
yacen los conejos sisomianos
de las novias que no quise
y supuran lágrimas por progenie no creada.
Supremacía.
¡Invicta especie!
Generación nunca espontánea
de algo que no quiere reconocer
que su muerte será agónica.
Los vástagos gritan, ya has dicho la palabra
que los ha despertado.
Erróneamente, busco la agenda en mi corazón marchito
y mil menstruaciones inocentes
me piden que calle a los niños
pero yo no puedo hacerlo o a lo mejor es que no quiero
guerra sin fin en el terreno del olvido
que me vuelve loco
y me lleva lejos ¡LEJOS!
Quizá cuando retorne,
comprenda
por qué esas lágrimas brotan,
fluyen por dentro, en silencio,
al más leve cruce
de tu mirada con la mía.

Jesús M. Vidal


PENSANDO EN TI

Alicia, ¿por qué miras al espejo?...

Los vaqueros rotos, la blusa destrozada y el sostén vacío.

Dime, ¿por qué volviste de él?...

Yacen profundos los ojos, erosionados por las dagas del rímel. De rostro plagadas, las heridas esperan el primer disparo. Y caben en tus descarnados labios mil noches para mil sonrisas.

Sabes, eres preciosa...

Lejos, los conejos, las teteras y las pérfidas reinas de corazones en celo. Los reflejos tejen sobre ti una red de espino, y callas resignada; me devuelves la memoria del cabello que las piedras y el alcohol han deslucido.
Y siento las voces de cien soles que lloran.

Tú sabes que aún te quiero...

Tu piel, curtida por manos afiladas, marca las horas que ya no quedan. Los sauces dibujan un camino que las palabras no aprueban. Claman las sombras del sexo inacabado, y se escapa la vida.
Sola, ante el espejo, te preguntas por qué.

...y que nadie puede olvidarte.

Christian Glaría


LA CUEVA

Érase una vez un animal de gran potencial que vivía recluido en una profunda y oscura cueva. Había pasado toda su vida visitando las múltiples galerías de que constaba su refugio, buscando la protección de las sombras, conviviendo con bruma y penumbra; lo había hecho durante tanto tiempo que el entorno parecía ya parte de su propia piel.

Érase una vez un animal que sabía que más allá de la entrada de su cueva había luz. Pero era una claridad fría, incómoda, llena de incertidumbre. Sólo rozarla provocaba miedo, incluso terror. El animal se sentía demasiado bien rodeado de negras paredes, en el vientre de una madre objetivamente inhóspita pero irresistiblemente acogedora.

Pese a ello, aquella criatura llena de posibilidades no acababa encontrar su sitio adecuado en aquella cueva. Demasiadas galerías, demasiadas salas inexploradas que compartían su oscuridad con el resto pero aportaban sutiles diferencias. A veces el animal se sentía realmente confuso, hasta el punto de antojársele todas iguales. Pero el sentido de todo, de su existencia, tenía que estar allí... ¿dónde si no?

Érase una vez un animal de gran inteligencia que amaba su cueva, quizá porque aún no se había preguntado acerca de su origen. Tal vez porque todavía no se había detenido a cuestionarse si aquella luz a la que tanto temía significaba sólo peligro y desolación o bien algo más.

Pasó mucho tiempo antes de que aquella criatura se viera capaz de sacar fuera de sí lo que tanto tiempo había permanecido latente, penosa y denigrantemente aletargado en su interior: el valor. Debía aprovechar este nuevo arrojo recién adquirido; el animal se conocía a sí mismo y era consciente de que aquel podía no durar indefinidamente.

Temeroso, dominado por la ansiedad y con la sensación de ser cómplice de algún tipo de traición, el animal se acercó lenta, casi letárgicamente, a la entrada de la cueva. Cuando los primeros rayos de luz bañaron su cuerpo, tuvo la impresión de ser golpeado por cientos de agujas. Se sintió vulnerable, completamente desprotegido, e inevitablemente dio un paso hacia atrás. No se había acercado lo suficiente para ver nada, pero la nívea blancura de la luz, manifestación del exterior fuera lo que fuese lo que éste contuviera, había bastado para hacerle claudicar. ¿O quizá no?

El animal no era un cobarde, sólo un ignorante. Tragándose todo su temor, sintiéndose arder por dentro, volvió a recibir los insidiosos rayos sobre su piel, pero esta vez continuó. Cuando quiso darse cuenta, se hallaba en el exterior. La intensa claridad le cegaba; todavía no era capaz de distinguir nada. Abigarrados, casi insultantes colores le rodeaban y le envolvían como lo hiciera su anterior morada. Mas curiosamente se sentía mejor por momentos y el miedo iba disipándose rápidamente.

Al fin, pudo ver. Y vio que todo era bonito, complicado y peligroso al mismo tiempo. Pero ahora ya no se notaba vacilante, percibía cómo una fuerza innata brotaba de su corazón y comprendió que, aunque todo sería mucho más difícil a partir de ahora y se hallaría totalmente solo frente al futuro, podría salir adelante. Experimentó cómo su complejo de pequeño asustado huía de él y sonrió al mundo recién descubierto.

Érase una vez un animal que por fin dejó de negarse a sí mismo y conoció la auténtica libertad.

Érase una vez un animal llamado Hombre, y una cueva llamada Religión.

Fernando Lafuente


VENDETTA

"Expuesto a las garras
de la feliz tortura
que te busca por las noches
como si fuese tu amante.
Dormido bajo las llagas
del deseo mortal."

Sedienta de tu sed
para menguarla
con el cáliz de mis labios
que es cicuta desalmada.

Presa de la venganza
serena y metódica
que muere en tí.

Soñando con los espejos
que reflejan tu imagen
para romperlos.

Diseccionar tu cuerpo
en masas amorfas
de carne.

Empaparme en tu sangre.
Amarte infinitamente
para que este odio no acabe.

Yolanda Extremera


Es la última noche
así que has burlado
burocracias togadas
negando tu habla.

Todos los ritmos
son revoltosos
pero el compás
de nuestro tango
devora el romance
mientras derrocha fortuna
al anonimato.

Basta ya de quimeras forzadas
porque no aminoran este lamento;
además es muy tarde
y no hay cantinas abiertas
para olvidar sin cordura
el sabor amargo de esta bahía.

Reposemos inmóviles en este diván
de pueriles promesas
pues despertaremos temprano
y entonces,
nadie podrá negar el preludio
de la noche más larga y evidente.

Namaste


ENTRE NOSOTROS

El sol ocultó la noche,
pero en nuestro recuerdo
guardaremos el momento
de una noche mágica.
Nuestras miradas no
delataron nuestro deseo,
el silencio de la noche
hizo hablar al corazón.
Sin saber cómo, nuestro
sabios se convirtieron
en sinfonía de la noche,
nuestras almas guardaron
un dulce sentimiento.
En mi corazón el deseo
de volver a amar,
en mis labios sólo una palabra:
Silencio, silencio amigo
que mi alma te lo agradece.
Me regaste con agua viva,
empezó a brotar de nuevo
esta rosa marchita;
me abonaste de respeto,
aprendí a quererme,
aprendí a respetarme;
supe perdonar al que
un día fue sinfonía
eterna de dolor.
El sol ocultará la noche.

Sonia Tolosana


HOGAR

Cubierto de nieve, el pino protege mi secreto de los ojos de cientos de niños que quieren verlo. Me he vuelto loco en un mundo de cuerdos conocidos, me dicen. Yo no lo creo. Pero siento irme porque veo los brillos de sus rostros, que me siguen sonrientes. Y es que en el invierno dentro del edificio estoy seguro. Sólo en él. De ellos no conozco los nombres. Me muero por seguir el movimiento del pino con el viento, miro cómo sus flores, con brillos de luces de colores, se mueven queriendo coger un sol que se les fue del cielo. Yo sólo les sigo el juego, y me meso el pelo y pienso en el tiempo que llevo prisionero. Ellos siguen sin conocer el secreto. No les permitiré conocerlo, por muchos meses que tú me intentes retener en este sitio.

Jesús M. Vidal


Sinfonía destemplada,
respiración bajo cuchillo;
palpita la tierra
de tu vientre.
Eco atávico
de solemne redoblar
la danza oscura
de tu sangre.
Un mar desconocido
visita el aliento
fiel que aspiro
y paladeo vino virgen
de tu boca.
La noche que te tenga
un calambre de estrellas
serán mis manos.

José Ángel Guerrero


ODA AL GURÚ GINSBERG

Gurú como hierba desde tu pila de fuego,
los gusanos no engullirán tu carne saciada de derrota,
Gurú con postillas de heridas que no sanan en tu cerebro,
desde tus manos crucificadas de vómitos panfletarios
      la revolución va en marcha,
eres el gurú acido de una generación cosmonauta
ya viste las celestes luces universales
antes de que fueran avistadas por nadie
misticismos de asceta levitando aparte
eres con sombrero de pico la magia de alicia heroinómana
el nuevo merlín de la caleidoscopia profética,
en los gajos de mar desgarrados por tus dientes
escondes el periodo de desintegración de las almas calientes,
gurú hambriento de sabiduría pequeña
déjanos observar ese parasitado y débil corazón
bombardeado de apologetas del sexo y labios lacios,
gurú escondido en la inmensa desazón de las fálicas porras
del Manhattan homofílico,
nubes de cielo tuyo se aproximan con rapidez de bancarrota del sistema familiar,
has caído con la boca aprisionada
      en las células muertas de este siglo,
caldo de cultivo de tu eriático futuro,
en las orillas del mar arrastrán tus versos en carretillas blancas
de fúnebres comitivas que limpian sus lágrimas semínicas con
agua de las alcantarillas,
y no lloran las excrementales horas de tus cenizas amargas
el maestro lisérgico y escurririzo para las sombras
masturbado por la realidad de pago que frena tus orgasmos
de homosexual extrovertido,
ahora los hombres de la CIA rien tu muerte como hienas,
dejando escapar sus gritos en los fondos de corbatas de seda,
más tu desde tu nirvana anárquico,
sientes la felicidad de quien extinguió
durante años sus puercas sonrisas,
Gurú reencarnado en la piel de los vivos que creemos en tu mierda mística,
      envianos tu salvación antes de que la basura
vuelva a sepultarnos en la liberal sociedad de los supermercados
      de barras y estrellas.

Francisco Serón


VÍZNAR, 1936

(A Lorca)

Tenías la vista en alto;
de risas, la boca llena.
Tu estandarte de colores
ahuyentaba la tristeza.
Juntos por siempre en la vida,
luchamos por las quimeras
con esa espada invisible
que sana las almas yermas,
brotando miles de flores
entre el dolor y las piedras.

Pero llegaron los días
de rencores, de fiereza,
y las armas nos quisieron
juntos también en la guerra.
Y el cielo, tan despejado,
tan lejos de las trincheras...
No llegaron nuestras voces,
no sonaron las sirenas.
De medio lado, tu rostro;
tu espalda, sobre la tierra.
No olvidamos tu canción.
Nunca cayó tu bandera.

Christian Glaría


XIII

Las alas de la mosca no sirven para elevarse sobre la humanidad y surcar océanos, ni aislarnos de todo lo que alrededor ocurre pero sirven para no estar siempre abajo y tomarnos un respiro. Alzando el vuelo unos metros, aún conscientes de nuestra realidad, olvidándola un ratito. Mientras el batir no sea cansino y nos permita ser libres por momentos aunque sea de palabra.

Uxue Arbe


A UN ÁNGEL

Cuando oí tu voz,
creí escuchar
la voz de un ángel
que hablaba directo
a mi corazón;
ángel sin alas.
¿De dónde has venido
para conquistar así
este pobre corazón?
Ángel de alegre cara
y mirada triste,
porque sin conocerme
me quitaste el corazón
mientras suspirabas por otra;
ángel de mirada triste.
¿Por qué me hiciste desdichada si
en mi corazón ardía la chispa del amor?
Tu mirada se centró en mí
una tarde de verano y,
sin más, dije lo que conocía de esa...
Todo pasó tan deprisa que
cuando reaccioné,
fue cuando tus labios
humedecían los míos.
Sentí vibrar todo mi cuerpo
lleno de pasión,
entre
los dos labios unidos.

Sonia Tolosana


AMOR ALÉRGICO

Era dolorosamente bello. Y ella no podía contener las lágrimas cada vez que lo sentía cerca, así que a pesar de amarse profundamente ambos, nunca hubo contacto físico.

Se consolaba con deambular por el pasillo persiguiendo el tibio aroma de sus ojos estelares y la histeria se apoderaba de ella cuando los olores de él la envolvían como en una manta que te pesara y de la que no pudieras desprenderte.

Vivían en dos cuartos separados, y por las noches él, ebrio de imsomnio, corría a su habitación para observarla desde la puerta, para sentir aquella respiración que llenaba el espacio y movía ese deseado vientre rítmicamente. Cuantas veces lo quiso besar.

A veces soñaban sincronizados que se amaban y se querían, que se tocaban y se besaban, y despertaban satisfechos cruzando miradas cómplices de una punta a otra del comedor.

- Ustedes se desean, pero se tienen alergia - ese fue el desalentador pronóstico.

Víctor tenía esa belleza frágil que lo aniñaba y pedía protección.

Alma era un espíritu de dulce chocolate. Cuando la distancia entre ellos era menor de un metro, Alma lloraba y Víctor sufría mareos. En las noches de amor los dos se tumbaban desnudos a una distancia prudente y se recorrían con cálidas miradas cargadas de sensaciones.

Yolanda Extremera


Mira en tus entrañas podridas
así, por lo menos,
tus ojos se recrean
con la única cosa
en que eres especialista;
y después de jugar con ellas
levanta, si puedes, la cabeza
para vomitar y confirmar
que hay rastro de ellas
en mi piel.
Seguro que así estás contenta.
¿Pero sabes cuál es mi gran suerte
que todas las heridas cicatrizan
mientras tú estás condenada
a seguir arrojando aceros hirientes
aún en el más benévolo de tus días.

Namaste


Primera parte - Segunda parte - Índice

 

 

 

Si necesitas algo, puedes contactar con nosotros a través de nuestro correo electrónico.