Saludos, biblionautas.
De nuevo, tras otro viaje largo y no exento de dificultades nuestro navío ha recalado en buen puerto. La tripulación como podréis comprobar, ha variado enriqueciéndose con nuevos puntos de vista. Nuevos aires soplan en nuestras velas.
El viaje que ahora emprendemos quiere intentar resolver una pregunta: la razón del mismo, el porqué de nuestra afición por escribir. Muchas veces los navegantes se han planteado esta cuestión. En los últimos tiempos, múltiples y diversos han sido los motivos que se han propuesto: belleza, fama, análisis interno, proyección personal, transformación social, trascendencia,... Sin embargo, ninguno nos satisface enteramente por sí solo. Quizás somos demasiado exigentes, quizás somos demasiado complicados o tal vez es que simplemente somos distintos.
Algún día puede que conozcamos la respuesta. De momento podemos intentar bosquejarla a través de una modesta selección de nuestras obras.
¡Hasta la próxima! ¡Levemos anclas, compañeros!
Hace falta destrozarse la cabeza.
Tres, cuatro, cinco golpes... mejor contra el
suelo.
Ver tu sangre.
Arañarte la cara.
Ver tu sangre.
¿Gente?
No. Mejor en solitario.
Es más bello. Se sufre más.
Se puede llorar.
pero me voy peinada y
pintada
al paseo diario.
A la sonrisa perpetua.
NO. HAY. SALIDA.
Nunca sabes por dónde saldrá. Aunque ahora lo ves llegar, con esos andares que tiene, tan arrebatadoramente sensuales, tan terroríficamente hermosos, difícilmente podrás hacerte una idea de qué es lo que quiere y ni mucho menos de lo que desea. Se acerca a tu oído, te sugiere ideas locas, te acaricia el pelo con sus labios, su más mínimo roce te enerva. Pero no puedes pedirle que te entregue lo que ofrece, porque hacerlo, sólo hacerlo, supone perderlo para siempre. Lo que él espera es que juegues, que le digas no mientras le acompañas a otro sitio a tomar una copa más, quizá la última. ¿La última? Sí, siempre es la mejor; sólo entonces mostrará sus intenciones, o al menos esa esperanza te queda... Secretamente aguardas, deseas, ardes por que aproxime sus labios a los tuyos y se decida a darlo todo de una vez. Recuerda, no puedes pedírselo. Debe ser él quien te lo dé o si no, tú tampoco lo querrás porque, en el fondo, él tampoco se hace una idea de qué es lo que quieres, ni mucho menos de lo que deseas. Nunca sabe por dónde saldrás.
Como bestia engañada ante la muerte,
un bramido de tierra revela
el dolor que me provocas,
el desamparo profundo;
la desnudez frágil
frente a la jauría.Palpita la noche,
telón de absenta
que sostienen las arañas;
una ceremonia de charoladas vampiresas
se proclama.
Pero yo llevo en mis manos
la flor de la sal,
y surco, sonámbulo, el baile
de los insectos.Cáscara de nuez
en el océano,
cruzo el ritual azabache
de los alacranes,
solemne conciliábulo de lobos,
y una mirada de charol
ya me soslaya.
Una lengua oscura
anticipa la dulzura de mi sangre
y acudo confiado
a tu fiesta de cuchillos.
El dulce caramelo
de tus dientes me desgarra
cuando brindo mis labios
con tu aliento de champagne.
Una procesión de burbujas
asciende por mis venas.
Mi corazón las espera
como a la más dulce muerte
que pudiera encontrar.
Nocturnos,
en el desván de la abuela.
Siempre nocturnos;
baúles y maletones,
un cuadro no terminado,
tres perchas cojas
y un espejo sin mundo.
Totalmente nocturnos;
los viejos armarios,
los desvencijados cajones,
la jaula del maniquí
y una olvidada ratonera.
Nocturnos,
olvidados
bajo el polvo de los siglos.
El día se marcha ya,
y la soledad que acecha
volverá en silencio a mí
si tu sonrisa se aleja.Aún busco los motivos
para que nazcan mis letras;
pero mis manos se apocan
cuando contemplan de cerca
cómo se pierde tu aliento,
cómo se escapa de ellas.Vivías sola en tu mundo,
en esa luz de la izquierda
que brilla todas las noches
junto a la luna serena.
Decías cosas en verso
para personas de piedra
que no escuchaban tu voz
y te cerraban sus puertas.
Tus sueños eran extraños
para esa gente profeta
que fue limando tu son,
que fue creciendo tu pena
hasta crear en tu ser
quizás la mancha más negra.Así, dejaste al color
que abandonase tu acera,y permitiste a la noche
que recorriera tus venas.
Cerró por siempre tus ojos;
sabes, los días no esperan.Los que te hallaron dijeron
que estabas sola en la acera;
el aire helado arrancaba
de tu mirada dos perlas.
Tus ojos claros lloraban
sólo por causas sinceras.Tu vida fue poesía,
seguías fiel tras su huella
siempre buscando palabras,
buscando siempre las bellas;
huías así del miedo
de quien lo siente de cerca.Y ahora yaces tranquila
con tus versos, con tu estrella,
mientras tu lápiz se pudre
en un rincón de la Tierra;
dice que todo es muy triste,
que nuestra vida no es buena.El día ya se ha marchado,
y la soledad que acecha
de nuevo está junto a mí.Y mi corazón se queja.
Vengo mojada con lluvia de amargura,
vengo herida por palabras de doble filo,
vengo cubierta de gotas de rocío.
Traigo en mis labios el sabor dulce de la hiel
que he bebido de tus labios;
soy vara quebrada, rosa marchita en primavera,
soy una muerta en vida.
Vengo empapada de amanecer de caricias,
voy buscando el sueño, el sueño eterno.
Mi amor, me llevaste hasta el cielo y
ahora me arrojas al más oscuro averno,
me diste a probar el veneno del amor
ahora tengo lunas rotas...
Aquí estoy de rodillas dejando que
mi sangre me ahogue poco a poco a poco,
aquí estoy de rodillas esperando mi muerte.
En mis ojos encendiste fuegos eternos,
en mi boca pusiste rosas de roja pasión
que ahora son espinas,
me echaste al olvido mientras que yo...
me estoy quemando.
Las estrellas me van marcando
mi camino de nuevo,
gotas de sangre mojan mi cama,
muero por ti Príncipe,
Príncipe triste, sin corona y sin reino
donde reclinar la cabeza.
¿Sabes lo que te pasa a ti?
Que eres muy lento.
Una vez me mataron y fue bonito
¿MORIR?
A mí me gustó.
¡LENTO!
La tierra fue lenta en tus manos.
Basta un poco de aire,
un poco de agua...
Y CREE UNA ENREDADERA.
Se agarra a la piedra, la cubre de verde.
Sobrevive.
Miedo...
tengo miedo de que la ilusión me ahogue
como un jarrón estrangulado
por sus propias flores.
ese miedo irracional que hace
al pintor desfigurar sus mas
hermosos cuadros,
temiendo que cobren vida.
Mis sueños, como barcos a la deriva
leídos en mis manos por una pitonisa,
me guían con cantos de sirena
a destinos terribles;
caer por el fin de la tierra...
ser domado, dejarme poner riendas,
ser burlado como el toro en la feria,
o dejarme herir a zarpazos,
de espaldas a la arena
y tener que volver más fiero,
más fogoso, con mas cicatrices
en la cara interna de mi lomo y mis espaldas,
a este mundo de fieras y canallas.
Mil cristales me acuchillan
bajo los párpados.
Mirarte es gratis, pero es la droga
que multiplica mi daño,
la que esconde y me convence
de la autenticidad
de mi propio engaño.
Tengo miedo de que desaparezcas
ante mis ojos,
de que quede frustrada
la bestia parda que se debate
encerrada en mi escroto.
pero más que nada,
lo que más temo
es cuando este cara a cara
con el perfil de tu rostro,
y que tus palabras me recuerden
que sigo estando solo...
Se leen los domingos por la mañana
en las gasolineras los niños
se acuestan,
enseñan los dientes, los pechos
de las nalgas, tubos de dentrífico
contra el mal olor,
ellos cantan una canción
tu compras aun diciendo
- Cuesta demasiado
los predicadores en las esquinas
anuncian la llegada del nuevo redentor
comerá hamburguesas
limando sus comillos blancos en el gran pater
afilador,
se vivirá un cuarto de siglo
en un omnibús rojizo
ventanas de plomo
y dientes de oro de los conductores borrachos,
venta de las vidas en saldos al por mayor,
morirán las vacas sagradas
matarifes advertising llenarán los escaparates
metrópolis sangrienta
cuarto de siglo ambivalente
una especie de retazos añejos
nada de alegría en las almohadas del sueño
viudas cosmopolitas llorarán la pérdida
padres violentos rociando de gasolina sus vidas,
será un extraño futuro,
los perros sobrevivirán a la hecatombe
y tú, ¿qué harás tú?
hombre gordo de colesterol en las venas,
escucharás las noticias,
sentado en tu sillón-trono del reino
de donde prima la publicidad homicida.
Si necesitas algo, puedes contactar con nosotros a través de nuestro correo electrónico.