NAVEGANTES DE LA PLUMA

Nº 5 - PRIMAVERA 1999

INTERVENCIÓN DIVINA

-Padre... ¿por qué se encienden y apagan esas estrellas?

El Dios de Todo y de Todas las Cosas contempló fijamente a su hijo, el Divino Sucesor. Le había llevado, como hacía cada cierto tiempo, a la Sala del Espacio-Tiempo Universal, en donde podía verse el conjunto completo de estrellas que formaban y constituían el Cosmos. Se trataba de un magnífico mosaico luminoso, de una belleza y grandiosidad indescriptibles, en las que uno podía fácilmente perderse; mas hacía tiempo ya que el Creador había explicado a su hijo lo que se escondía tras esa impresionante red estelar.

Hoy, antecesor y vástago habían visitado de nuevo la divina sala; pero esta vez el Divino Sucesor había formulado por fin una vital pregunta. Dios, que aguardaba temeroso esta cuestión hacía mucho, respondió de manera concreta y concisa:

-Esas estrellas relampaguean porque acogen en su seno a uno o más planetas al borde de la autodestrucción. Cuando ésta se consume, aquéllas dejarán de brillar.

El hijo, que no esperaba en modo alguno esta contestación, se quedó pasmado. Luego, inquirió:

-¿Quieres decir que desaparecerán?

-Sí, junto con sus correspondientes mundos -tras decir esto su semblante se tornó triste y añadió-. La última en desaparecer pertenecía a un sistema de nueve planetas... no consigo recordar su nombre. Sus habitantes padecieron y agonizaron hasta el final.

El Divino Sucesor no entendía nada.

-¿Y no puedes intervenir para evitar ese dolor y ese sufrimiento?

Habían llegado a un punto crucial. El Dios de Todo y de Todas las Cosas le miró quedamente y respondió:

-Puedo, pero no debo. Es peligroso, muy peligroso. Además, es justo que cada cual siga su camino.

-No tiene sentido. Somos Dioses, debemos intervenir. Cuando ocupe tu lugar lo haré sin vacilar.

Su anciano padre pareció alarmarse; no obstante recuperó inmediatamente la compostura y, mesándose la barba con intensa preocupación, dijo átonamente:

-Cuando llegue ese momento, serás libre de actuar como prefieras. Pero espero que para ese día hayas comprendido ya mi comportamiento -su faz en modo alguno mostraba convencimiento-. Ruego para que sea así, porque hace mucho, muchísimo tiempo tomé una difícil decisión...

Tras esta última palabra su ánimo cayó por los suelos. Como pudo terminó:

- Y debido a ella misma no puedo explicarte nada.

Esa amarga frase fue la última de la visita pues, en un caso por desesperación mal disimulada y en el otro por desconcierto y absoluta confusión, nadie fue capaz de articular palabra. Ante esta situación, el encuentro languideció en silencio hasta su término.

No mucho más tarde aquella visita se reveló como la última de la pareja, pues poco después el antiguo Dios de Todo y de Todas las Cosas dejó repentinamente de existir. Nadie en todo el Universo se resintió por el hecho, pues no hubo ser alguno que accediera a su conocimiento. Muchas de sus criaturas habían sospechado su función creadora en alguna ocasión, pero nadie la vio ni pudo comprobarla jamás.

El Divino Sucesor, ahora incipiente soberano, estaba decidido, en claro contraste con su antecesor, a que sus súbditos le conocieran. Su padre había renunciado a intervenir por oscuras razones que ni entendía ni tenía mucho interés en entender.

Él iba a acabar con el dolor y el sufrimiento.

Él iba a intervenir.

El nuevo Dios de Todo y de Todas las Cosas, por primera vez tras la muerte del antiguo, volvió a la sala del Espacio-Tiempo Universal. Admiró otra vez la vasta telaraña de luz y advirtió que al menos cien estrellas latían regularmente.

Más de cien mundos que sufrían. Más de cien planetas víctimas de la desolación.

Alzando la mano y cerrando los ojos, actuó. Experimentó un extático placer al intervenir y tras haberlo hecho, sintiéndose agotado, alzó lentamente los párpados.

Cinco estrellas habían dejado de brillar para siempre.

El nuevo Dios contempló aterrado el resultado de su compulsiva injerencia, totalmente consciente de que aquello no era lo que había pretendido hacer. Todavía anonadado, pensó que quizá era de esto de lo que su padre había intentado prevenirle. Pero ya no importaba, pues se había dado cuenta de otra cosa, una más terrible todavía.

Su poder le llamaba, le absorbía; le decía que no había acabado su labor y supo que no podría resistirse. En pocos segundos su cordura se fue diluyendo ante una terrible certidumbre.

Hoy había quedado exhausto pero...

Mañana volvería a por más.

Fernando Lafuente


LA DERIVA

Me siento como una barca
en medio de una mar bravía;
ni capitán, ni timón que la lleve,
sin rumbo y puerto fijo
y tengo miedo; sí, miedo,
miedo a la soledad,
a la tristeza que has dejado,
el abismo que has abierto
entre los dos.
Tengo miedo a no saber llenar
el vacío que has dejado
y tengo miedo; sí, miedo
de anclar en otro puerto,
conocer otras orillas, otras
orillas con sabor a sal;
y al amanecer, despertar y ver
que son besos amargos
y tengo miedo; sí, miedo
a estar sola.

Sonia Tolosana


OSCURIDAD

Darkness,
imprisoning me.
En los laberintos derrotados del recuerdo
rozas un retal de sangre espesa.
Darkness,
absolute horror.
Arena caliente invade tus sienes
rompes el abrazo de su empática armonía
enjuagas tu sudor con su pupila hiriente de sensaciones olvidadas
gritas, pero ella te ahoga.
Darkness,
I´m trapped in myself.
Sólo la muerte te espera al final del corredor
y juegas a seducirla con encanto salvaje
hasta que ella roba un pedazo de tu alma
y deja jirones quebrados en tu piel.
Miras tu rostro en el espejo distorsionado
que creó tus sentimientos enfermos
pero sólo ves la sombra de un instante.
No puedes huir de ella.
Darkness.
Tu tiempo acabó.
La oscuridad llenó tu cuerpo.

Jesús M. Vidal


L

¡No!
Indescifrable maraña de ruido.
Calles infestadas de sonidos,
sonidos estridentes,
sonidos de voces asonantes,
sonidos...
ruidos de un caos informe.
¡No!
La huida es casi imposible.
Ni los jardines,
ni los templos,
ni la propia morada.
Sólo quiero paz.
Sólo quiero no volverme loco.
Y entre líneas,
o en el horizonte,
o en la oscuridad...
Por fin... el silencio.

Nauta


EL ÁRBOL DE LA VIDA

Segundo que pasa,
hoja que cae,
de la hoja caída
un recuerdo nace.
Del recuerdo,
una esperanza,
hoja que crece
y cae, abandonada.
Minutos vividos,
rama que se seca,
después será fuego,
pero antes leña.
Leña que arde,
será ceniza
como un cadáver,
helada y fría.

Txaby


ALEXANDER LEVSKY

Anoche murió ese viejo truhán,
aquel que enamoraba sólo con palabras,
tan pequeño de estatura como coloso era su corazón.

Nunca supe entender sus palabras,
ahora, tras tanto tiempo por fin he comprendido
el significado de eso que me decía tantas veces.

No importaba que su acento no fuera
de esta maldita tierra donde nací,
siempre esperábamos su llegada,
como el niño que aguarda ansioso su cumpleaños,
como los ángeles que nos vienen a visitar.

Todas las noches acudíamos puntuales,
junto al viejo convento, junto a la vieja higuera,
todos, chicos, chicas, en torno a él.

Venerábamos sus orgullosas canas,
nos hacía soñar con su desgastada voz,
soñábamos con jugar a ser mayores.

Sabíamos que un día lo perdió todo,
por el amor de una bella mujer,
una mujer que jamás lo conoció,
y lo que es peor, jamás lo amó.

Su corazón ardía emponzoñado por la traición,
pero jóvenes como nosotros le hicieron
volver a vivir como nunca antes lo había hecho.

Ya nunca más volverá a contarnos historias,
no sé si un buen dios lo acogerá en su seno,
sólo recuerdo su nombre, y eso me basta,
su nombre era Alexander Levsky.

Emilio Gómez


COMING BACK

Mira la tarde, mira qué canción
multicolor: las mobylettes felices
como estrellas fugaces.....
(Miguel D'Ors)

He regresado a la casa,
      está desierta a estas horas,
todos los domingos solía tomar café sobre su almohada,
los relojes están parados
      marcando cada uno un tiempo de visita distinto,
Hay lágrimas en las escaleras,
      lágrimas y gritos barnizando los pasamanos de células
de piel muerta,
      una atmósfera de alucinaciones llena mi estómago,
los pies desnudos arrastrándose atraves del parqué quemado,
he vuelto a contemplar los cuadros de las paredes,
los paisajes se han acelerado en mi memoria,
      aviones,
multitud de escleróticas voces,
pasajeros de las nubes,
nieve en los labios,
la última imagen del frío,
Sobre la cama los vestidos amontonados de cuerpos desnudos,
he regresado para decir adiós por un millón de veces,
Consecutivamente,
      con los párpados arrugados por el silencio,
en el exterior los crujidos del otoño,
el latido de las hojas al caer sobre la humedad de los charcos de lluvia,
la monótona transparencia de las gentes al descender en la estación
de los recuerdos amarillos.

He revuelto los papeles en blanco,
tan solo cubiertos por un polvo de palabras negras carcomidas por el olvido,
multiplico los segundos,
inclino la cabeza sobre tanto desperdicio y aspiro su aroma enrojecido,
su calma doblada por la ausencia,
en los cristales de la habitación secreta
coming back,
regresando al edificio del pasado que sudando espera su demolición,
el desprendimiento de la leve retina.

Francisco Serón


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