NAVEGANTES DE LA PLUMA

Nº 5 - PRIMAVERA 1999

EDITORIAL

Hoy sopla viento de levante...

Es día, por tanto, para navegar y escapar una vez más en este romántico, desagradable, pasional, terrorífico, impetuoso, y en ocasiones bizarro viaje a lo más profundo de nuestras entrañas literarias, reflejadas en esta la publicación que tenéis en vuestras manos. Quienes, pese a la manifiesta falta de periodicidad, nos seguís número a número, podréis comprobar que la tripulación ha variado de nuevo con bajas e incorporaciones, aunque manteniendo sin duda la variedad de contenidos siempre característica. Quienes encuentran nuestra embarcación por vez primera, serán igualmente bienvenidos en este periplo que deseamos sea capaz de estimular los más dispares sentimientos. Sentimientos que esperamos sean lo menos coincidentes posibles con los nuestros, pues sólo de esta forma se podrá apreciar la mezcolanza de estilos, personalidades y formas de entender la existencia que quedan acogidas en el seno de los Navegantes de la Pluma. Caos ordenado, que ¿por qué no?, ha de resultar instructivo y enriquecedor. Esa es nuestra intención ya que los escritos encerrados en "Mente en Libertad", como escritos que son, han dejado de ser enteramente nuestros para pasar a ser -en la medida que los aceptéis- proporcionalmente vuestros. No queda ya más. ¡Levad anclas! ¡Zarpemos de una vez, marineros!

El Navegante de la Pluma


LÁGRIMAS CAYENDO

Bendita angustia dorada
de doloridos lamentos,
y al mirar, miro, mirando
estas lágrimas cayendo.
Océanos, mares, charcos,
que reflejan el destello
de la luminosa luz
de dolidos sentimientos.

Txaby


NOCTURNO DEL AGUA

¿No has oído?
Se ha llenado la noche
de campanas;
un ángel borracho
ha mancillado el sueño puro
de las vírgenes.
Y tú seguías durmiendo...

Inquieto he acudido
a drenar la herida abierta
a la luna.

Seguías durmiendo
cuando se han llenado
de peces muertos las aceras,
y se ha parado la luz
en ese instante preciso
en que esperaste el beso...

Seguías durmiendo
cuando hurgaban mis dedos
el costado oscuro de la noche,
buscando esa agua turbia
que no encontré en tus labios...

Seguías durmiendo
cuando más se ensuciaban
las estrellas,
y sólo veían la luna
los poetas y los locos.

Seguías durmiendo
cuando besé tu mano,
en esa mínima oración
que me consientes;
y triste, como siempre,
surcaba de madrugada
las plazas y las calles
cuando tú, tan sólo,
seguías durmiendo...

José Ángel Guerrero


NUNCA SABRÁS

No conoces a ese chico;
para ti, es un extraño.
Sus latidos no te importan,
sus desvelos son en vano.
No conoces sus anhelos,
sus temores, sus fracasos,
ni los mares de tristeza
que provocan su naufragio.

Nunca sabrás cuántas veces
estuviste entre sus brazos,
aunque fuesen ilusiones
en la soledad de un cuarto.
Nunca sabrás cuántas noches
él corría hasta tu lado,
aunque fuese sólo en sueños,
aferrándose a la mano
de una guía imaginaria.
Y al final, siempre cansado,
detenía sus pisadas
en mitad del largo tramo,
pues la distancia crecía
cada vez que daba un paso.

Nunca sabrás cuánto amor
en amor se va quemando.

Christian Glaría


DIES MARTI

Estamos hechos de lo que están hechos nuestros sueños
y nuestra pequeña vida está envuelta en un sueño.
(Próspero, La tempestad)

Porque me gustan los martes y fue tu primera clase en mi segundo año de carrera, una exasperante asignatura y un añorado martes.

Porque llegaste veinte minutos tarde y no pediste disculpas a nadie.

Porque todo el mundo creía que eras un pobre e ingenuo profesor a disgusto con su materia, aquejado de periódicas melancolías y yo no supe verte así.

Por eso, me gustaste, demasiado tu actitud escéptica, tu nulo trato con los alumnos, tus miradas ojerosas e insolentes, tus palabras y esa lengua bordeando sensual tus labios, ajena al movimiento de tu cuerpo, misteriosamente explícita, sinuosa, deseándonos a todas.

Porque no te molestabas en repetir las cosas y hacías caso omiso a alumnos opositores a genios peculiares y menciones académicas, odiabas las histriónicas seguidoras de Chomsky.

Porque te resbalaban las palabras de desprecio de todos los que jamás pudieron alcanzar un punto en los confines de tu mirada.

Porque te enfrentaste al tipo más chulo del departamento y supiste perder al ver a toda tu clase no secundar tus ideas.

Por eso me gustaste, demasiado tu cinismo, tu timidez de ficción, la vida de cartón piedra que te construí, ladrillo a ladrillo cimentando con la rabia de saberse ignorada mi pared.

Eras chulo, insoportable, sexo en estado puro, mentiras de papel y un telar que se teje con desgana, la desgana impaciente que subvierte los sueños que conforman nuestras vidas y el desdén que nos dedicas, subliman desgarrados e impotentes sentimientos hacia ti.

Hoy, en la margen izquierda de esta cama deshecha contemplo tu torso desnudo, tu rostro inocente, despojado de ironía, tus brazos acunándome y me doy asco.

Me da asco tanto mimo, tanta ternura y ese amor derramado esta noche por gélidas pieles incapaces de sentir más allá de esta pareja de golems hechos con los miedos más crueles y deseos más profundos.

¿Por qué quisiste complacerme?

Teresa.

PD. Inevitablemente dedicada al cromo.

Uxue Arbe


ALAS DE LIBERTAD

Y espero todavía
una óptima ocasión
para comprar un par de alas
y abandonar el planeta
(Franco Battiato)

Déjame comprar un par de alas
y volar hasta tu lado,
seré ruiseñor en tu soledad
y volaré como paloma que trae paz.
Deja que mi herida cure
y volveréis a verme volar.
Déjame comprarte un par de alas
y juntos volar lejos, muy lejos
fuera de este planeta
que se muere lentamente.
Déjame que te enseñe
el lado oculto de la luna.
Déjame que resurja
del triste rescoldo del dolor
y volveré a ser rosa roja.
Déjame comprar un par de alas
para volar lejos de tu recuerdo.

Sonia Tolosana


Sentir mi caballito,
      mi caballito de cartón piedra,
tirar de un hilo a través del corredor de la infancia,
sentir mi caballito de cartón
con sus crines pegadas a mis manos
como onduladas caracolas de mar con su sonido de universo de agua azulada,
sentir mi pobrecito caballito de ruedas de metal
y los piececitos como campanillas de jaco cascabalero
tintineando a los lados del pasillo
caminando con un desequilibrio, con una mancha de ceguera,
sentir mi lastimado caballito
el relincho de sus horas de telaraña guardado en la recámara de la pistola,
sentir la profunda bala de sus ojos perdiéndose en mi cabeza
apagándose como en un off de la televisión de mi vida,
sentir sus frías carnes de caballito de verdad
trotando por las estepas de mi adiós de mi despedida a esa
niñez de gula artificial,
sentir,
      sentir,
            sentir la herida del caballito de la edad
tirando de la cuerda de mi reloj hasta encontrar un stop
que lo detenga.

Francisco Serón


CV

Murmullo continuo,
una campana que suena
y un ronroneo rompe
el silencio del ruido.
Miradas cruzadas,
asientos vacíos,
una carrera con bultos
y un gracias sin sentido.
Las palabras de un crucigrama,
una hoja ya leída,
las escaleras móviles
y los pasos de la espera.
Una última campana,
un nuevo murmullo,
un cristal con ojos
y un tren que se ha ido.

Nauta


SÓLO VERSOS

Versos que no son sino soledad,
versos que envenenan mi corazón,
versos que traicionaron mi amistad,
versos que nunca me recordarán quién fui,
versos cortados, como las despedidas;
versos que me obligaron a crecer;
versos que siempre estarán conmigo;
versos que un día me mandarán al infierno;
versos que una vez fueron mi canción;
versos que mi vida se ocupó de enterrar;
versos que me permitieron conocer otras gentes;
versos que nunca he llegado a escribir,
versos de mi niñez,
versos de mi juventud,
versos que anuncian que algún día moriré,
versos, sólo versos, y son para ti.

Emilio Gómez


A MI ABUELA

Siempre tú
con tu íntimo rumor
de sordociego palacio encantado.
Siempre tú
con tu entraña recortada
por el cuajado tacto del almizcle.
Con tus seis venas verdeadas
con tu muslo de plata derogada
con el terso abrigo...
...de nuestro carcomido abdomen.
Con tus quinientos mil millones de dolores
...alegremente distintos...
Eres manzana aulladora, peripecia primaveral
órgano estivo de sanguinarias manos
en tu suave mirada de pato
en el claro murmullo que despoja la
aguja de tus negros bíceps.
Con tus balbuceantes senos de marfil
y de aguardiente.
Abuela, con tu alucinación rosada
tu insomnio matinal
que como agua febril amansó la piedra.
Dulce cáncer de algodón y vitamina.
Abuela: con tus quinientos mil millones de
rastros por nervios desolados.

Nacho Giménez


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