NAVEGANTES DE LA PLUMA

Nº 5 - PRIMAVERA 1999

XCIV

Camino de piedras
entre cerros desnudos
con polvo de siglos
y matojos ajados.
Camino de arena
olvidado del tiempo,
hollado por mil huellas
de animales y hombres.
Camino de arena y piedra,
sin límites fijos,
sin señales ni medidas,
desdibujado en la ladera.
Camino de viajeros,
de viajeros de uno mismo:
del tiempo de uno mismo,
del mundo de uno mismo.

Nauta


HASTA EL FINAL

- Sin sangre, por favor. No quiero sangre.

Hubiera respondido con alguna imprecación dada la escena en la que nos encontrábamos inmersos, pero preferí callarme y seguir con lo mío. Verán, mi mujer ha tenido siempre poco estómago con este tipo de historias pero, bueno, yo siempre he pensado que quien trata de cortar tu creatividad, sobre todo en el arte en que destacas, es que realmente tiene poco estómago, ¿no?

No es por ser morboso, y ella lo sabía, pero solamente me limitaba a liberar ese instinto puramente masculino y animal. A ver, ¿cómo que sin sangre?...

Está claro que después de visitar a los mejores especialistas durante los siete últimos meses volvíamos al punto de partida, si es que lo habíamos abandonado alguna vez. El diagnóstico siempre convergía: "son ustedes rabiosamente felices". Queríamos hacer algo grande y, sobre todo, disfrutar con lo que teníamos así que decidí dar rienda suelta a mi imaginación; además siempre he tenido muy claro que no existen placeres prohibidos, más aun, si esa limitación te impide gozar del objeto del deseo o, lo que es peor, si frena el apetito por todas aquellas cosas que antes merecían una atención especial. Pues bien, el problema comenzó cuando habíamos conseguido llegar a ser una pareja completamente normal, sí, ya saben, una de esas perfectas a las que es aconsejable no tomar como modelo por si es demasiado bonito, o al menos, eso parece. Resulta que, como el hombre es un inconformista nato, quisimos experimentar la felicidad en su estado más puro y hay que ver lo ingenuo que puede uno llegar a ser...

La solución parecía evidente así que lo único que teníamos que hacer es ser menos felices; aparentemente la fórmula exclusiva para valorar todo cuanto habíamos alcanzado antes. Y es que, ya lo dicen por ahí: "uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde", y siguiendo tal razonamiento me dejé cegar por el impulso. Decidí acabar con ella. Todo estaba minuciosamente estudiado. No me sería difícil, en absoluto. ¡Cómo ansiaba estrecharla entre mis brazos y después contemplar su cuerpo desnudo sobre la cama!... una vez inmovilizada con las sábanas, como si de un nuevo juego amatorio se tratase, supe que pedía llegar hasta el final, y lo cierto es que no podía negarme. Me recreé por última vez en su sonrisa que poco a poco se tornó inquieta cuando desenfundé lentamente el machete. Ya sólo había un posible desenlace. Era impensable cambiar de opinión y decirle susurrante al oído: "tranquila cariño, es una broma pesada". ¡No!, debía ser coherente por una vez en la vida, si realmente me apetecía ¿por qué no ahora? Ante el final inminente sentí la necesidad de hacer algo por ella. Le asigné quince segundos para que pidiese casi cualquier cosa y lo único que acertó a pronunciar fue: "sin sangre, por favor. No quiero sangre, no voy a cortar tu creatividad pero si lo que pretendes es salir mañana en el periódico te advierto que la sangre en blanco y negro pierde todo su interés, pero ya sabes que siempre he tenido poco estómago ¿no?".

Definitivamente sus ojos se cerraron con la única intención de no abrirlos jamás para no tener que perdonar. Yo sigo a duras penas con mi vida porque ahora sé que carece de sentido desde ese momento tan poco afortunado.

Ten por seguro que tú no fuiste la única que murió aquella noche.

Namaste


CARAMELO DE SAL

Como un caramelo de sal,
recorrido lento
de mi lengua.
La luna
tiene montañas,
y lagunas el sueño
donde los niños tristes
se sumergen tranquilos.
La nieve sabe
del camino de las llamas
y algunas noches calma
la sed más amarga.
Es preciso
confundir al tiempo,
caminar confiados por mares antiguos
sabiendo lejana el agua,
y acunar un silencio
de pájaros dormidos...

José Ángel Guerrero


LA DISTANCIA

Y regresas en la bruma
como un vestigio de infancia,
con tu trenza y tu sonrisa,
provocando la nostalgia.

Con tu rostro blanquecino,
en las sombras de mi estancia,
cuando las motas de tiempo
me humedecen la mirada.

Tras la imagen del gimnasio,
de la mano de la escarcha
o en los pinos del recreo
en las tardes más lejanas.

Escondida en tu pupitre,
al calor de la pizarra,
protegida por el sol
que invadía las ventanas.

Vestidas de cien colores,
me escribías dulces cartas;
pero yo no las leía,
y te volvía la espalda.

Ahora sé que tú sufrías
al negarte mis palabras,
que en el patio del colegio
escondida tú llorabas.

Si pudiera conseguirlo,
vencería la distancia
y llegaría hasta ti
con mi estuche de Carpanta:
con mi goma de borrar,
carcomida y desgastada,
borraría la tristeza
que los ojos te llenaba;
y con mi lápiz pequeño,
amarillo, negro a rayas,
una flor dibujaría
en el centro de tu alma.

Pero sé que ahora es tarde,
que ya no puedo hacer nada,
pues tú eres un recuerdo,
el reflejo de una estampa;
pues el viaje de la vida
no permite dos escalas.

Christian Glaría


SEGUIRÉ TUS PASOS

Tras la bruma del asfalto
se oyen voces en la niebla,
oscuridad que de blanco
es la voz de mi conciencia.
No hay nada en mis manos
ni en la ciudad siniestra,
todo se oculta en el manto
del humo gris de la tiniebla.
En el rojo de tus labios
se oyen mentiras sinceras,
y en el suelo sólo el barro
donde al pisar dejas huella.
Huella de color opaco
¿dónde vas? Que no se sepa,
solitario seguiré tus pasos
sin saber dónde me llevan.

Txaby


ENTRE SOMBRAS

Te perdiste para siempre
en la oscuridad de tu alma.
Cuántas veces te tendí la mano
para impedir que cayeras
en la fría y triste negrura
de ese caballo que ahora
corre por tus venas.
Cuántas personas dijeron
que te hallabas derrotada
hundida en una esquina
gritando al viento mi nombre.
Me decías: "Yo no caeré jamás".
Pero te has sumido profunda
en la tierra, dura lápida
donde reposa, por siempre... tu alma.

Sonia Tolosana


ATRAPADO POR LA LUZ

Atrapado por la luz
de mil recuerdos
trepo en las montañas
del ayer
en busca de una explicación
fugaz.
Coronándome con dulces
agujas de espino
en mi corazón
que reclaman tu presencia.
El olor a fragancias salvajes
de tu estéril cuerpo
tus dos pechos
y la madeja efervescente
de tu cabello lacio.
Atrapado por la luz
entro en nueva pujanza
con mi desdén.
Como un perdedor idiota
que buscara
en su rojo mar de pecados
el brío de tu carnosa boca
y el mullido sostén
de esos fantasmas sabuesos
que tejen en manos de tu porvenir
el deseo infausto
de mi eterna derrota.

Nacho Giménez


POEMA

-Y el reparto es injusto- susurran
mientras caminan paralelos por la avenida
o eso creen, porque dan demasiado
y no reciben nada,
porque no saben pedir
y sólo devuelven tristeza
maquillada de habitual, que no se nota,
y esas sonrisas tristes
magulladas, seguras de no intuirse
como poco deseados, ¿no?
Pero sólo son sus sueños, sus malditos
etéreos sueños, tan supremos...
cabezaditas adolescentes y pájaros
que baten alas al compás del viento.

Uxue Arbe


NÁUFRAGOS

El tiempo ha pasado
y septiembre ha llegado
cargado de dolor y llanto,
haciendo llorar a Venus
apagando su belleza.
Febrero te alejó de mí
y septiembre ha llegado;
tú ya me has olvidado,
yo no he conseguido arrancarte.
Sigo caminando por nuestro
camino hecho de sueños
y que ahora tiene espinas.
Te has convertido
en mi locura, en mi
sueño y mi obsesión.
No me resisto a ser
náufraga en el mar
del amor, restos y recuerdos
de un sueño que no fue verdad.

Sonia Tolosana


LA MALDICIÓN

(respetuoso homenaje a Alan Francis Moore)

Su ira, en la oscuridad, presa, silenciosa...

Escucha, hijo mío. ¿Lo oyes? Es el llanto de la Madre, y eso significa que nuestro día ha llegado, aquel que hemos esperado tanto tiempo. Debemos estar preparados. Desnudémonos para que la luna inunde nuestros cuerpos. Abre tus sentidos y escucha, hijo mío. En Maine, EE.UU., los indios Pennemaquot encierran a sus mujeres cada ciclo lunar en cabañas rojas apartadas de la misma Tierra, para que no puedan mancharla con sus flujos insanos; queman sus ropas y las alimentan con carne cruda, sin tocarlas pues nadie debe contaminarse...

Su boca, una roja herida...

¿Sientes cómo surge? Ella nos llama. Nos llama a todos. En Galicia, España, una joven de veinte años rasca con fuerza la pared de la habitación en la que lleva quince años prisionera de sus padres, encerrada, encadenada, hasta que repara en que ya no le quedan uñas, sólo muñones descarnados que clava una y otra vez en el adobe, y grita, y grita más, y nadie la quiere oír...

Sus ojos sedientos...

Cientos de nosotros esperamos. Nuestra rabia está latente, como la de nuestros hijos, como la de nuestros antepasados, como la de los hijos de nuestros hijos. Somos el pueblo del Sacrificio. Somos los hijos de la Tierra. En Bretaña, Francia, dos hermanos, niño y niña, lloran de miedo cuando escuchan, en la oscuridad, el reloj marcando la hora, los pasos subiendo por la escalera, la hebilla del cinturón soltándose libre, lloran de horror cuando ven la puerta que se abre de repente, la figura de su padre tambaleándose borracho, la figura de su madre arrastrándose agonizante porque hoy la paliza diaria ha ido demasiado lejos, y entonces dejan de llorar...

Sedientos de luna.

Nuestro legado desciende de la misma sangre y el dolor. Nuestro ser, de la rabia y la injusticia. Nuestro canto se estrella contra sus cuerpos vacíos. Su ira, en la oscuridad... En Argel, Argelia, veinte hombres graban con sangre y fuego, hachas y fusiles europeos, el nombre de su Dios en los cuerpos inertes de madres e hijos, y dejan a los maridos con vida contemplando la gloria de sus actos, y en los yermos baldíos del desierto, pese a no haber un solo signo de alborozo, siguen conservando su fe... Presa, silenciosa... Nuestro absurdo propósito es Su mensaje. Su boca... En Louisiana, EE.UU., ella observa con terror las luces azules y rojas que indican que el sheriff del pueblo hace su ronda nocturna por el gueto reclamando derechos antiguos de señor de plantación mientras los maridos callan, beben, y ella ruega por que esta vez se limite sólo a violarla... Una roja herida... Déjala salir. No te asustes si tu piel se abre como lo hace la mía, fluye, como tu rabia encerrada. Sus ojos, sedientos... En Mogadiscio, Somalia, el nuevo dictador decreta caza de sangre sobre la raza impura que torció de odio el corazón de las madres, repitiendo una vez más un ciclo interminable, a la par que el mundo vuelve la espalda, y alguien detrás en el coro aplaude... Sedientos de luna.

Puedo ver tu nueva envoltura. Tu hocico se abre paso por fosas nasales atrofiadas por el humo de sus fábricas, tus colmillos sustituyen al vestigio de la dentadura cascada, tus garras rasgan el tejido de las falanges inútiles. Así, eso es. En Gizeh, Egipto, las ancianas del poblado preparan el hierro candente mientras los hombres atan niñas adolescentes a lechos de madera y sus madres miran con orgullo cómo arden los clítoris castrados que derraman su placer en silencio, perdido para siempre, porque el honor puede más que el aroma de la carne quemada... Su ira, en la oscuridad, presa, silenciosa...

Tu pelaje húmedo tiembla de miedo, pero este pasará cuando te acostumbres a los ruidos desconocidos, a los olores recién hallados. Es algo natural, mas ahora ven, hijo mío. Corramos a nuestro destino. En Worcester, Inglaterra, un médico halla el remedio infalible que acabará por siempre con las poluciones nocturnas de los hombres ebrios de fantasía impura y sonríe cuando la varilla eléctrica abrasa sin remedio el conducto pecador de su primer paciente... Su boca, una roja herida...

He aquí el hombre, el patético hombre. Ahora, esta misma noche gloriosa, destruyamos sus símbolos sagrados de decadencia, invadamos sus hogares vacíos, ahorquemos sus coches corruptores para que recuerden lo que son y adónde pertenecen. Expolian, arruinan y matan hasta que creen que la Madre, su Madre como la nuestra, está a merced de todos sus crímenes. Idiotas... Ella, en su infinita misericordia, perdona pero no olvida, porque si olvidara, ellos no serían nada. En Beijing, China, la enfermera cabeza de Partido prepara con esmero una toalla mojada, ya que hoy dos de sus huérfanos han decidido comer más de la cuenta robando la comida de los platos de los niños más desnutridos que ellos con los que comparten su techo, y sonriendo irónica espera que sus costillas no puedan soportarlo... Sus ojos, sedientos...

...Sedientos de luna.

Escucha por fin, hijo mío, el llanto de la Madre Tierra derramarse por heridas lacerantes hartas de sinsentidos, el grito de rabia exultante a través de nuestro aullido de dolor porque los justos e inocentes deben soñar una vez más con el horror que traen las mentes abyectas embriagadas de poder, y deben ver una vez más cómo Sus hijos liberan Su canto desgarrado (Su ira, en la oscuridad, presa, silenciosa, Su boca, una roja herida, Sus ojos sedientos, sedientos de luna) hasta que en un orgasmo de violencia salvaje, un frenesí de sangre redentora, Ella vuelva a acogernos en Su seno, y podamos descansar para que la mente del hombre recuerde sus pecados. En todo el mundo, la Tierra, unos extraños seres mezcla grotesca de lobo y hombre, surgen de la oscuridad del bosque para imprimir sus garras devastadoras en la arquitectura de los hombres, en las ciudades protectoras de acero y cristal hiriente, sin dañar una sola vida; en lugar de eso, buscan un destello de luna, por débil que sea, en supermercados, armerías o tiendas de antigüedades, y se aferran a él perdiendo el último aliento, mientras los pocos que pueden oírlos murmuran su oración de muerte...

Su ira, en la oscuridad, presa, silenciosa...

Sin comprender Su mensaje.

Jesús M. Vidal


LITERATURA EN DIAGONAL

Mírame y dime qué ves,
no pretendo engañarte,
sabes bien que mis palabras
son siempre sinceras, como la luna.
¿Qué son las palabras que yo escribo?
Para mí son las compañeras de viaje,
que me acompañan a un destino incierto.
Mi literatura es diagonal,
porque siempre nado a contracorriente
y contra los que siempre me pusieron en duda.

Emilio Gómez


AHORA SÉ

Una gran melancolía
te invadió en aquella tarde;
te sentiste triste y sola,
y en la noche tú enfermaste.

Te tendí en un blanco lecho,
y traté de procurarte
el calor y protección
que en tu miedo te calmasen.

Intenté encontrar remedio
con que poder aliviarte,
y velé de madrugada;
pero nunca despertaste:
te invadió un profundo sueño,
te arrastraba sin quejarte;
no te pude rescatar,
ya no estabas a mi alcance.

En la penumbra te fuiste
sin querer mirar a nadie,
sin pedir ningún consuelo
que pudiera lastimarme.
Me dijeron: "No la busques:
ahora es demasiado tarde".

No me resigno a perderte,
no me resigno a ser parte
de un mecanismo mortal
que a su antojo nos separe:
buscaré huellas ocultas
entre los bancos del parque,
seguiré todas las pistas
que permitan alcanzarte;
caminaré sin descanso
con los pasos de un gigante;
rezaré todas las noches
por que nunca sea en balde.

Sé que un día llegará
en que el dolor por fin calle;
cruzaré el río por ti,
te abrazaré sin tocarte.
Habrá un momento especial
en que despierte la sangre,
y una nueva vida en ciernes
en la que tú nunca faltes.

Ahora sé que me mintieron,
que tú nunca te marchaste;
sé que ahora estás conmigo,
y esta vez para quedarte.

Christian Glaría


LXIX

Día negro, noche blanca.
Sutiles movimientos
en sesenta y cuatro cuadros.
Cuadros dentro de cuadros,
infinitos,
en un eterno claroscuro.
Piezas incorpóreas
de maderas imaginarias
en el ajedrez de la vida:
marionetas sin hilos;
peones en manos de avaricia
torres grises estáticas,
caballeros sacrificados
en este mundo sin honor,
obispos indiferentes
ante la eterna muerte,
reinas y reyes sin reino
y con reino desconocido.
Orden en el sueño sin orden
del soñador de la orden de los sueños.

Nauta


II

Los instantes se suceden rotos
como una troupe de bailarinas deformes
hay sangre en las almohadas
      en los armarios
en las lámparas de cristal
que sólo emiten luz desvestida de ritos,
      humo en los ceniceros,
barro en las pupilas,
sangre en las manos acaudaladas de ese odioso amor de contraventanas
hirientes,
      de camas deshechas,
      de heridas en el cuerpo.
Los momentos se apagan
se enceran de calor derretido
con el vapor de las velas de cementerios bullliciosos,
buscamos la redención de los caminos,
pero ya no existe nada,
tan sólo ese ocre olor a tierra espolvoreada de gritos
y sirenas de alambre espinoso trazando surcos de sangre coagulada
en nuestra piel cetrina.

Francisco Serón


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