Vengo a escribir poesía.
He arrastrado mis pies, en su monólogo
inconstante con la fuerza de la tarde.
Vengo a decirte que he divisado miradas,
que me han querido vender una sonrisa.
¡Oh! Pero era tan incomparable con la tuya...
Vengo a cantarte una nana
que con la suavidad de triste alcurnia
dé a esta primera tarde de verano lagunas
de jengibres y pálidos jazmines,
por los que acrecentar nuestro amor.
Vengo a dejar que mis brazos patinen por tu espalda.
Vengo a buscar una espada, con la que retarle
a la noche, que ansía igualar tu hermosura.
Mírame, cielo, el camino, ya me dijo
que velara por tu esplendor.
Vengo a confesarte
que sólo tu beso inspirará mi pluma.
Vengo a escribirte poemas de amor.
Amando en gris
con su camisa azulona
y los botines tan negros
es un cuervo teñido de cielo.
Yo no voy a renunciar
al silencioso azul de tus ojos,
a ese mar innavegable,
al embrujo de tu espalda,
al arrullo de tu alma,
al bosque de tu sonrisa,
a esa pradera lunar.
Soy el niño que creció
demasiado temprano;
presente en un mundo
que le cierra los brazos.Soy el ángel que se libró
de ser un ser alado
y aún así puede volar
tan sólo con soñarlo.Soy el alma liberada
de su cuerpo humano;
que triste y sola
se quedó llorando.Soy el corazón libre
que se desató sus lazos;
pero a pesar de no verte
a ti te sigue amando.
El límite del campo de batalla
dentro del infinito de mi mente
y en lucha imperecedera un valiente
contra un caballero en cota de malla.
Éste con fuerza arremete mas falla
y el contrario aunque su nervio acreciente
se admira de su poder y consciente
se protege con el escudo y calla.
El de capa azul y en plata escudado
es frío y sereno pero implacable.
El que con sangre y oro se ha consagrado:
apasionado, cálido e incansable.
Ninguno al compañero ha derrotado
y Eros que disparó sonríe amable.
La lluvia sigue cayendo
mientras yo sigo esperando
en aquella vieja estación.
La lluvia sigue cayendo
mientras veo pasar
aquellos viejos trenes
que no te traen a mí.
La lluvia sigue cayendo,
la que hace nacer los campos,
la misma que tapa mi llanto.
La lluvia sigue cayendo
sobre aquel altar
donde no hicimos juramento.
La lluvia sigue cayendo
sobre el altar aquel
con las flores ya marchitas.
La lluvia sigue cayendo
mientras peino mis canas.
La lluvia sigue cayendo
mientras va mojando
las huellas que dejó el tiempo.
La lluvia sigue cayendo.
Esperando un momento que nunca llega
la ilusión se esfuma en el aire,
el sentimiento se desvanece,
pero sólo espero el instante preciso.Decir con una mirada,
pronunciar en una sola palabra,
mostrar con un beso,
y es una ilusión que nunca llega.La espera se hace eterna y amarga,
y sólo asiste a mi mente la misma ironía
que hace diluir aliento en ambiente
y desplomar esta impresión,
pero yo sigo esperando el momento que nunca llega.Sólo encuentro excusas,
para hacer más larga la espera,
una espera que implora
porque busca el momento preciso.
El supuesto de este relato surgió a partir de una idea que el escritor escuchó en una de esas reuniones de buenos camaradas que, hará ya unas cuantas semanas (concretamente, doscientas veintidós, si la memoria esquiva no falla) tuvieron los que se dedican o les gustaría dedicarse al mal pagado oficio de contar historias como quien emborrona estas líneas. Allí se sugirió la siguiente pregunta: ¿Cómo reaccionaría alguien si se le enviara una carta que contuviera nada más y nada menos que un folio en blanco? En las condiciones básicas que se establecieron para la tarea se impuso que la carta debía llevar remite, con todos los datos necesarios bien claros de tal modo que la identidad de la persona que la enviaba no quedara en duda. Se barajaron entonces varias hipótesis, como cabía esperar, que en la mayor parte de las ocasiones concluían en una reacción negativa por parte del receptor o receptora de la misiva. El escritor de esta historia breve pero intensa decidió por una vez ponerse el traje de analista proponiéndose a sí mismo proporcionar a su particular experimento una versión objetiva de los hechos, recopilando testimonios de su propio espacio muestral -bastante amplio y representativo, aunque sólo fuese por alardear- y apoyándose en sus contactos para aquellos aspectos que él mismo no pudiera cubrir, poniendo en los primeros casos como remitente a él mismo y, como receptoras, a diversas amistades del género femenino -mientras sus contactos hacían lo propio-, correspondientes a cada uno de los signos del Zodiaco usando, casi abusando, de la confianza que en ocasiones otorga la buena amistad. Este fue el resultado:
- Capricornio (en llamada telefónica): Me alegra que pienses en mí. No obstante, recuerda la próxima vez que una carta, para que sea tal, tiene que llevar algo escrito dentro del sobre, ¿vale?
- Géminis (llamando desde su móvil): ¡Qué cosas se te ocurren! En mi vida había pensado que alguien pudiera hacerme... Un regalo semejante. Bueno, ya me explicarás lo que querías decir con esto, ¿no? Pero mejor luego, que ahora estoy muy liada y tengo que colgar. ¡Chao!
- Leo (en llamada telefónica de nuevo): ¡¿Un folio en blanco?! ¡¡¿¿Un folio en blanco??!! Mira, más te vale que vengas esta noche a casa y te dejes de estupideces. ¡Vamos, hombre!
- Cáncer (en una carta enviada días más tarde): Me encantó ese detalle tan romántico que tuviste conmigo; no he dejado de pensar en ello. De hecho, se lo he enseñado a mis amigas, que se reían mucho aunque no sé por qué. Como habrás visto, con mi carta también te envío un folio en blanco, para que hagas con él lo que quieras. Un beso.
- Aries (en llamada telefónica): Pero, ¿tú estás tonto, o qué?
- Libra (en una carta escrita a las pocas horas): Me sorprendes cada día más. Por un lado, veo muy romántico que hayas tenido el detalle de enviarme esta carta, pues pienso que a lo mejor lo que quieres decirme no puedes expresarlo con palabras. Es toda una muestra de originalidad por tu parte. Pero, por otro lado, tenemos un estupendo diccionario de la lengua que deberías utilizar más a menudo, ¿no crees? No te lo tomes a mal, sólo es una ocurrencia. No obstante, piensa que alguien que no fuera yo podría haberse ofendido si le mandas algo así. Claro que no todo el mundo está dispuesto a entenderte de la forma que lo hago yo. Por cierto, ¿es idea tuya o se le ha ocurrido a alguno de esos amigos tuyos de la heladería esa a la que vais todos los días? Porque si no es idea tuya, ya me imagino quién habrá sido. Ese chico tiene cada cosa... Pero prefiero pensar que has sido tú. Aunque no sé, porque si me querías gastar una broma... (prosiguen siete folios más de disertación que no llegan a ninguna conclusión aparente).
- Tauro (pensando para sí misma, en información recogida a posteriori): ¡Hay que ver cómo le gusta despilfarrar el dinero a este chico! En fin, casi será mejor que guarde esto con las demás cartas; así podré enseñar algún día a mis hijos cómo sus antepasados se devanaban los sesos para perder el tiempo de una forma novedosa. Eso sí, como no me llame para darme una explicación convincente, se la voy a armar bien gorda.
- Escorpio (en una cita cualquiera, uno o varios días más tarde): Por cierto, ¿y esto? -muestra la carta- Chico, si aquel día no querías decirme nada, te la podías haber ahorrado. Claro, que si lo hacías para demostrarme que pensabas en mí, te lo agradezco. Aunque tengo que decirte que, humilde como es mi economía, todavía me llega para comprar un paquete de folios.
- Acuario (situación figurada basada fielmente en la realidad): Ante la agradable sorpresa, la mujer Acuario coge rápidamente papel y pluma disponiéndose a responder la carta. De repente, observa cómo en la casa de enfrente, un gato salta al alféizar de una ventana, probablemente persiguiendo una mariposa, aunque ella está lejos y no la ve bien. Poco después, cuando el gato vuelve a entrar en la casa, ella se queda mirando el folio en blanco y se pregunta: ¿qué iba a hacer yo ahora?
- Piscis (por medio de una carta urgentísima): ¡Oh, amor mío! Tu carta no dice nada pero sé que en realidad me lo está diciendo todo: que me quieres, que quieres estar conmigo... ¡Lo presiento! Aunque sólo sea un folio, para mí son mil novelas que dicen la misma cosa. Sí, acudiré a tu llamada. ¡Sí, espérame, por favor!
- Virgo (refiéranse al apartado dedicado a Acuario): Dada su reserva y estricta elegancia, la mujer Virgo decide acudir primero a su biblioteca con el fin de encontrar un tratado sobre las buenas maneras sociales, de modo que pueda calificar objetivamente este acto. Tras varias horas buceando entre sus ejemplares, decide que lo mejor es guardar el folio en una carpeta y el sobre de la carta en el cajón donde guarda todas ellas en espera de una explicación satisfactoria.
- Sagitario (en declaración corroborada por el sujeto del experimento): Totalmente sorprendida por la carta, decide que se trata de la broma de un amigo, la deja en algún lugar olvidado y sigue con sus tareas.
Días después de escribir estas líneas, con el fin de completar el experimento, el autor tuvo la oportunidad de comentar con cada una de las mujeres en cuestión los resultados expuestos en el escrito. Sorprendentemente, todas ellas negaron con vehemencia la mera existencia de las situaciones anteriormente mencionadas salvo la mujer Virgo que, tras un escueto "ya hablaremos de esto otro día" volvió a su biblioteca para informarse aún no se sabe bien de qué; la mujer Aries, que respondió con un sencillo "vaya tontería"; la mujer Acuario, que preguntó interesadísima por los resultados de fútbol de la pasada jornada y la mujer Libra que, paradójicamente, se encogió de hombros. El autor se vio obligado a concluir la prueba usando una mezcla inteligente de razonamiento deductivo e inspiración divina, que finalmente redujo el resultado al viejo tópico: "todo parecido con la realidad es pura coincidencia". O quizás no, añadió él en el epílogo del grueso volumen en el cual glosó su experiencia. Poco después, se quedó calvo detrás de las orejas. Un año después, del resto de la cabeza.
Oigo un susurro,
pero no es tu voz.
Veo un rostro,
quiero que sea el tuyo.
Pero algo me impide
verte, oírte.Es tu modo de hablarme,
p>Esclava de tus desaires,
de mirarme hoy.
Pero yo te quiero,
y por eso soy tu esclava.
esclava de tus pensamientos,
esclava tuya,
sólo tuya.Siento el viento que te aleja,
siento tu música, tu aroma,
pero lejos, muy lejos,
y el único consuelo que tengo
es saber que luna tras luna
vemos el mismo sol.Ha sido tu modo de hablarme,
de mirarme hoy.
Pero yo te quiero,
y por eso soy tu esclava,
esclava tuya, siempre tuya.
Nunca entendí por qué el mundo
es tan triste bajo el cielo,
por qué el azul nos domina
si alcanzarlo es siempre eterno.Yo no creo en los profetas,
en sus dogmas, sus consejos,
ni en sus mensajes vacíos:
nunca pude comprenderlos.Sólo sé que algunas veces,
de la mano del silencio,
llega hasta mí un gran dolor
pues te busco y no te encuentro.Y entonces me siento solo,
desconsolado e indefenso,
y me asedian mil preguntas
que se crecen en mis miedos.Quisiera tenerte cerca,
quisiera sentir tu aliento,
decirte que no te olvido,
que no muere tu recuerdo;
desearía que supieses
que te quise y aún te quiero.Pero sé que es imposible,
que nunca podrás saberlo
porque media una existencia
entre tu alma y mi cuerpo.Seguiré en paciente espera
de ese día venidero
en que al fin seamos libres,
en que al fin podamos vernos.El amor es esperanza,
y eso vale más que un cielo.
Ya se apagaron las luces,
quizás por última vez.
¡Tantos años haciendo reír!
¡Tantos años creando ilusiones!
Este viejo payaso ya no actuará más,
ya no verá más las gradas llenas,
con esas sonrisas tan inocentes.
Podía recordar la sonrisa de ese niño,
aquel de la fila séptima,
aquel al que la vida sólo le dio cinco años,
un niño que sólo quería sonreír,
conocer a aquel mago de felicidad,
el único que mitigaba su dolor.
El último día de su corta vida
allí estaba él, como en cada sesión.
Nunca olvidará la expresión de su rostro,
consumido pero feliz por volver a reír.
La de aquella noche fue su mejor función,
sabía que esa pequeña alma estaría con él,
y nunca antes se sintió tan arropado.
Aún le quedaba algo por hacer antes de irse,
juró que abrazaría al payaso con lágrimas,
con lágrimas de felicidad, con lágrimas de amor.
El viejo payaso recuerda sus últimos minutos,
un niño moribundo que había tocado el cielo,
dejando este mundo con tres palabras:
"Gracias por todo".
Ha llegado la hora de decir adiós.
Las lágrimas inundan su ajado rostro,
sintiéndose lleno por haber arrancado sonrisas;
sobre todo, la de aquel moribundo niño.
Una rosa roja es testigo de su muda marcha,
una rosa que ocupará ese espacio vacío,
el asiento de alguien que lo elevó a Dios.
El viejo payaso siente la hora de partir.
Se apagaron las luces.
No nos encontraremos tú y yo
No nos encontraremos ya más
en el solsticio de invierno
nos encontraremos nunca más
nunca más
(Oscar Hahn)Qué difícil resulta destruir las imágenes,
un dolor sin domicilio se aposenta en las vísceras
y te deja sin coartada para el olvido,
algunas mañanas hay en las que el frío calienta demasiado,
no te sientes congelado porque disfrazas de hastío el paseo
por las cumbres ya cubiertas por ese solsticio
el que anuncian los otoños inciertos a la caída de las hojas tras tus huellas,
retornas para mirarte redoblado en los espejos,
con un reflejo del propio rostro y una silueta enmascarada
escondiéndose detrás de una vida envuelta en acertijos,
¿Quién ha escrito en la pizarra de tu piel esas odiosas carencias sin palabras?,
descendiendo por la montaña rusa de los pensamientos se acelera
el futuro manuscrito con tus espejismos,
unos labios,
unas mutiladas sensaciones derramándose como el fluido
de la tormenta vital tras el grito del cuerpo,
y las manos aferrándose a un trozo de carne esperanza con la artrosis
del recuerdo impidiendo el movimiento,
¿desde cuándo se ha manchado el giro de las horas que estuvimos consumiendo?
Me retuerzo en las voces caníbales que van desollando las manos que
nunca antes pretendieron delito,
pero es ese odio, reverso de las pastillas del cariño
lo que queda posado en la taza del café de las tardes de tristezas pequeñas,
y ansías quemar las cenizas, los últimos retazos de un naufragio fantasma,
mas sobre las siluetas de niebla de los meses de enero
regresas una y otra vez a construir casas donde albergar miseria y despecho.A la memoria de los amigos que nunca tuvieron valor para serlo.
A la memoria de las palabras caducas que se utilizaron para quemar con empeño selva y desierto.
A tu memoria A. P. H.
Con mis dedos redibujo
las líneas que un artista
trazó en tu rostro.
Enredándose en tu pelo
mis manos te solicitan
cerca de mí.
Con mis ojos atrapados
por tu mirada
que se acerca lentamente,
oigo el temblor de tu piel
que me susurran
puntas suaves de tus dedos.
Entrelazados,
corazones que se tocan
en un latir con distancia.
Barro que habla
con labios cortos de verbo
que no necesitan palabras.
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