NAVEGANTES DE LA PLUMA

Nº 6 - OTOÑO 1999
LOCURA Y AMOR

EDITORIAL

La bruma se ha despejado. Las últimas y frías caricias de la húmeda atmósfera que con tanta frecuencia rodea nuestro maltrecho navío han desaparecido, momentáneamente, por supuesto: volvemos a disponer de una pequeña inyección económica para editar un nuevo número de nuestra revista...

Enfrentados al dilema de qué temas serían los más convenientes para impregnar de color las contadas páginas, decidimos, no sin meditarlo, que la locura y el amor eran los mejores invitados con los que podíamos contar para esta ocasión.

Pocos tormentos han estado tan presentes en los corazones y en las mentes (por este orden) de escritores de toda índole y época; pocas relaciones han sido tan estrechas y fructíferas como la que se fraguó, hace ya incontables años, entre ellos dos. Como resultado, cientos, miles, quizá millones, de páginas y versos desesperados. Un legado que difícilmente dejará nunca de hacer honor a todos los que alguna vez se sintieron, y se siguen sintiendo, en esa frágil y borrosa frontera de no retorno.

Todo está dispuesto para que dé comienzo este extraño viaje, del que nos gustaría que usted, o tú, querido lector, fueses compañero una vez más.

Aunque sólo sea porque el dinero, el amor o la locura, o una infame asociación de todos ellos, podrían impedir que mañana zarpemos de nuevo.

El Navegante de la Pluma


LA LOCURA

La locura es, ante todo, un estado de independencia total del hombre. El loco, acomodando la realidad exterior a sus propias necesidades, subjetiviza el mundo para adecuarlo a su propia locura. Cansado del mundo que le rodea crea uno propio; en el fondo, esto no es más que una implosión en la que reniega de las cosas que le hacen daño o no comprende para continuar viviendo y sentirse alguien. Cultiva sus propias fobias e ilusiones y se siente importante al ver, dentro de su especial realidad, cómo los hombres comienzan a perseguirle y, día a día, se unen más a esa caza en la que él es el protagonista principal. La locura es también un estado de narcisismo o egocentrismo, pues nadie es tan importante como él, y todos se arraciman a su alrededor para agasajarlo o joderlo; así pues, el loco, el Galileo particular de todas estas historias, se rebela contra todos y grita bien alto que la Tierra gira en torno a él.

Supongo, como reflexión final, que, cansado de las impertinencias del mundo, el loco se rebela antes de renegar de sí mismo y desenfoca todas las realidades comunes posibles para crear la suya propia; la única en la que de verdad puede participar siendo él mismo. En la mayoría de los casos, para bien o para mal, cuando haya perdido su particular batalla, se reinsertará por su propio pie y abandonará su castillo de cera para caminar junto a resto de los mortales por la senda de la cotidianeidad. Los que no lo hagan, esa cabezona minoría militante, seguirán destrozando y recomponiendo sus propias quimeras hasta que la muerte los encuentre o lleguen a eclipsarse por completo tras sus pensamientos. Seguirán haciéndolo, no os quepa duda, pues de ellos es el don divino de la locura y, en menor o mayor grado, de ella parten aquellas pequeñas cosas que hacen de la vida un lugar hermoso.

El Navegante de la Pluma


ENFERMO DEL AGUA

La simplicidad de las cosas
acaba por hacerlas
terriblemente complicadas.
Todos me dicen que se mueve
la máquina de las estaciones;
que se congeló la lluvia en los cristales,
y era el invierno.
Que se escapó para bañar las flores rebeldes del asfalto,
y era la primavera.
Y que a la tercera estación se evaporó a los cielos
y era, ahora sí, la locura.

Era inofensivo y no me internaron.
Siempre lo fui por desgracia;
me dejaron de por vida en esta casa enferma,
para ver caer por siempre esta lluvia eterna
que me pudrió el alma un día.
Siempre llovía,
yo siempre llevaba mi paraguas
y mi largo gabán de diluvio autista
para los charcos de la vida.

Barridos por la lluvia
amigos, oficio y las horas dulces
de la vida; "Papá está enfermo, Margarita,
sólo ve agua y ya no habla,
ha perdido el color de la mirada...
Seremos felices en la casa
soleada de mis padres..."

Solo,
solo yo con la lluvia
y mi tormenta blanda;
nadie creerá que siempre llueve en las aceras.
Nadie creerá mi encuentro con las nubes,
ni en este día de todas las aguas,
ni en esta simbiosis mía con la lluvia
que nos separa.
Nadie creerá que el otoño no termina,
así de simple y complicado,
que la lluvia no se acaba
en las calles inhóspitas del alma.

José Ángel Guerrero


A LA POESÍA

Cuando las fronteras
a batir
parecían destrozadas
y en un largo periplo
de amarguras
por alcanzar mi cima
daba nada.
AHÍ ESTABAS.
Cuando los muchos rostros
del deshielo
en temporada baja
silenciosos se unían
y el diablo
protegido amenazaba.
AHÍ ESTABAS.
Cuando la locura
y la desesperanza
dibujaban
mi mente
de irracionales imágenes
y sangrientas palabras.
AHÍ ESTABAS.
Cuando realidad y fantasía
vida y muerte
alegría y suplicio
prestos a acometer mi crin
pacientes aguardaban.
AHÍ ESTABAS.

Nacho Giménez


CXXXVIII

Escucha,
me subyuga, me domina,
me hace bailar.
El ritmo envuelve
en un manto de acordes
todo mi cuerpo.
Mis pies siguen
un compás continuo
en doses y cuatros.
Pero no es el ritmo,
no bailo, danzo
en la melodía,
en la música.
Las notas sucediéndose
me atan y dominan
en una esclavitud deseada
que anula el tiempo.

Nauta


MUROS DE SAL

Dicen que el cielo es de piedra,
de brisa, llantos y sal,
y cuando acaba, la noche
sueña con ser su gran mar.

Ellos, los hombres, lo dicen
al caer la oscuridad,
y siento cerca sus voces
que me ocultan al pasar.

Vivo detrás de sus muros
pues dicen que tengo un mal.
¿Volverías a mi lado?
¿Lo harías una vez más?

Sus miradas me confunden
cuando puedo divisar
una luz entre nosotros
al volver la vista atrás,
que nunca pierde su brillo
aunque lo quieran dañar:
podrá yacer en la sombra
pero nunca morirá.

Los deseos serán tuyos
cuando puedas divisar
las palabras, el silencio:
el dolor que crecerá.

Vivimos en nuestro mundo
solitario y sin igual,
crecemos entre murallas
que no podemos surcar;
se rompe nuestra cordura,
tan frágil como el cristal.

Llegan los hombres de blanco
pues ya cae la oscuridad.
Querrán contarme sus cosas,
tengo que dejarte ya.

No podré romper sus muros
repletos de llanto y sal.
Yo nunca veré su cielo
ni su brisa, ni su mar.

¿Volverías a mi lado
si mi voz sonase más?

Christian Glaría


LOCURA POR SEGUIR VIVIENDO

Locura
del poeta en sus versos.
Locura
de dos amantes
contemplando la luna.
Locura
de dos cuerpos desnudos
bajo un cielo estrellado.
Locura
de besos encendidos
sobre unos labios yertos.
Locura
de caricias sobre piel dormida.
Locura
de rosas sobre espinas.
Locura
de corazones rotos.
Locura
del pintor en su lienzo.
Locura
de amores prohibidos.
Locura, locura,
locura por seguir viviendo.

Sonia Tolosana


La locura dijo a la razón:
no existe un corazón
que apague mi tortura.
(Parabellum)

Por un momento piensa en su universo,
tan pequeño que puede volverse loco
rodeando sin intermitencias
ni semáforos que frenen el paso
el anillo de Moebius.
Sábado tras sábado desteje los puntos
que sus padres tricotaron hará ya veinticuatro
años el próximo diez de mayo.
Y el espejo del salón apenas refleja una sombra de rutina
cuando él se asoma
porque no sabe de lámparas
que alumbren la locura.

Uxue Arbe


R. D. P. ESQUIZOFRENIA

Anoche cuando hablaba
con mi corazón; sordo
pude escuchar
con tristeza cómo
voy perdiendo mi ser
que se va, poco a poco.

Lejos del amor
nunca veré tus ojos
-centros de huracanes
y caudal del arroyo-.

¡Qué será de nosotros
cuando llegue agosto!
Seguiremos siendo
os seres que somos,
con un solo detalle:
yo, seré otro,
quizá ya lo soy,
quizá no esté solo,
quizá nunca estuve
ni estaré tampoco.

Qué lejano quedará
el frescor del soplo
del cierzo del invierno
al acabar el otoño.

Pasado un tiempo
cercano o remoto.
¡Cuánta agua habrá caído!
¡Cuánto habrá sepultado el polvo!
Estarán los corazones
enfadados y furiosos,
estarán los cuerpos
en la boca del lobo.
¡Qué será de mí
cuando llegue agosto!
Seré el que soy,
un oído sordo,
con un solo detalle:
yo, seré otro.

Txaby


LA QUINTA ESQUINA

Le gustaba mirar la esquina, tal y como el vídeo revela. Estuvo haciéndolo desde el primer momento en que entrara a la oscura habitación acolchada, perdido en sus pensamientos minimalistas, en su submundo de irreconciliables pasiones.

Se la pasaba imaginando la figura de ella entre las telarañas destejidas. Todo empezó a partir de allí, de la incesante búsqueda de su amor perdido, de no tenerla había pasado a encontrarla en cada lugar y momento. Comenzó viéndola entre efluvios de alcohol en cada espalda femenina de las cantinas que frecuentaba; acabó encontrándola en todas las esquinas, en todos los espejos, en todos los silencios, así lo muestran la multitud de denuncias recibidas y un par de informes de sus inmediatos superiores.

Cuando sus allegados se dieron cuenta ya era demasiado tarde. Su madre lo lloró y su padre quedó angustiado por la pérdida de su único hijo; con su locura quedaron trastocadas sus esperanzas y el último brote de su rancio apellido.

Después de ella no hubo ninguna; como su corazón, también su locura habría de pertenecerle en exclusiva hasta el día de su muerte. En el fondo, seguía teniéndola; de esta manera la almohada de su cama había tomado su nombre, su aliento y su forma. La llamaba en sueños pero también eso le quitaron. Las drogas acabaron por deformar su rostro y su figura: afortunadamente cada vez la pensaba más bella. Esta actitud retrasaba su muerte.

Así estuvo dos meses, soñándola y nombrándola; a veces en susurros, a veces a gritos. Entonces nuevas drogas terminaron de enloquecerlo; había que silenciarlo, sus ataques revolucionaban al resto de los internos, alterando la monotonía que reinaba en el centro. En aquellos inocentes motines de almohadas rotas y suelos manchados de orines había de gestarse todo un espartano; su locura capitaneaba a las del resto. En esencia, seguía siendo una persona con carisma.

Después se cansó, pasó de hablarle a hablarse a sí mismo. Se puede decir que su particular relación llegó a un punto muerto, a un estado de continuo desgaste en la que su cabeza llevaba todas las de perder; los médicos pensaron equivocadamente que era el principio de su recuperación. Un nuevo ataque, más violento que ninguno anterior, difuminó sus infundadas esperanzas.

A partir de allí se decidieron a silenciarlo definitivamente. Su madre había muerto de tristeza, su padre se había decidido a olvidarlo; su mayoría de edad les dejaba las manos libres.

Lo hicieron de una manera especial, violenta. Tantos problemas les había dado que había que disfrutar de ese momento. Le inyectaron algo nuevo, algo que lo convulsionó, que le provocó espasmos que amenazaron con romperle la espina dorsal. No fue así, no tuvo suerte: cuando los latigazos terminaron comenzó a desangrarse.

En los arrabales de la muerte apareció nombrándola. Tal y como el vídeo revela le fue fiel desde el primer latido hasta el último. Ahora todos sabemos qué bien la quiso; si no, no hubiera aceptado esta misión suicida. Seguramente ya estaba loco cuando se presentó voluntario y para él era esta una muerte tan buena como cualquiera. Lenta pero buena.

Señores, éste es un amargo momento, reconozcamos que teníamos que haberlo sacado de ahí mucho antes. Qué gran policía pierde este cuerpo; aunque sus días, despúes de la muerte de ella, estaban contados. Lamentablemente teníamos razón; en aquel sanatorio hacían desaparecer a la gente.

Juan Mora


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