NAVEGANTES DE LA PLUMA

Nº 7 - PRIMAVERA 2000
COMUNICACIÓN Y SOLEDAD

EL POEMA O LA MAGIA

¿Has tropezado ya la libertad del poema?
Comulga la palabra con la idea,
con esa difusa imagen que te empapa,
y que se eleve
como ladrillo de templo bizantino.

En los recovecos del verbo
hay huecos donde caben
prohibidos universos,
secuencias pergeñadas
en tu sueño
y quizá
la imagen olvidada
que has estado
tanto tiempo
intuyendo.

José Ángel Guerrero


PREFIERO SEGUIR TUS PASOS

Para Silvia

Prefiero seguir tus pasos,
descruzar tus huellas en la arena,
no encontrar tu sombra todavía,
saborear tu falta,
tu carencia.

Estando solo te quiero más
pues eres perfecta,
etérea;
tu sombra, más que sombra es
pues no es sombra
es presencia.

Seguiré siguiendo tus pasos,
seguiré buscando;
más bello es el viaje que el destino
siendo tú mezcla de ambos.

Seguiré tus pasos en la arena dentada de huellas
bajo la sombra de espesuras malabares
en cada uno de los puntos cardinales
donde las olas besan las horas muertas.

Seguiré buscando
aun sin ánimo de encontrarte
pues no quiero hallarte,
no quiero;
prefiero seguir tus pasos,
prefiero seguir buscando.

Juan Mora


SILENCIO

Silencio,
solo pido silencio.
No hay movimiento preciso
ni encuentro palabra
si la busco,
porque solo quiero silencio.

Se alzan las fronteras
tras muros intencionados
silenciando enjambres pintados
de gris y de abuso.

Dormimos entre cortinas de miedo
arropados por sombras opresoras
que imponen propias sentencias.

Que se callen las ofensas perezosas.
Que los lamentos invisibles y duraderos
tengan nombre
y que solo el silencio
sea digno de pronunciarlo.

Namaste


SEGUIR SOÑANDO

Su amiga estaba llorando.

Su agudizada mente lo había presentido pocos segundos antes: las corrientes cerebrales que emanaban de ella, tan intensas y expresivas como desoladas y tristes, no dejaban lugar a dudas.

Mientras se acercaba lentamente, navegó suavemente por sus pensamientos sin casi tocarlos. Su intención no era adentrarse en su significado, sólo buscar la mejor manera de consolarla; confiaba en que fuera ella la que le explicara el motivo de su llanto.

Al llegar a su altura, posó levemente su mano sobre el encogido hombro de su amiga y proyectó sobre ella todo el calor mental que fue capaz de reunir. Una agradable sensación de tibieza la invadió y el desbordante torrente de lágrimas fue cesando paulatinamente. Pese a ello, su rostro no abandonó todavía el improvisado regazo que proporcionaban sus manos.

La recién llegada, consciente de que en estas circunstancias no era el momento de entablar una comunicación normal, decidió utilizar su voz:

-Darina, ¿qué te pasa?

Aunque había detectado a su amiga incluso antes de percibir sus lloros, no se extrañó de que ella no la hubiera reconocido todavía. Seguramente estaba obcecada en su pesar, tan concentrada en su dolor, que su cabeza ya no admitía nada más. Eso, y también...

-Darina, por favor... ¿me oyes? -estuvo a punto de decir "me captas", por la costumbre- Soy yo, Mireka.

Al fin la aludida pareció reaccionar. Se enjugó las saladas gotas que delataban su vulnerado ánimo y orientó su mirada hacia su amiga. Instantes después, la contempló. Mireka, al advertir que pretendía un contacto visual, rebajó el nivel de activación sensorial de su cerebro y traspasó parte de su potencial a los ojos. Le costó un tiempo: no era para ella una práctica habitual.

Se miraron fijamente unos momentos.

-Mireka -Darina rompió al fin su silencio, y lo hizo para liberar un peso que la oprimía-, ¿tú crees que soy bonita?

La interpelada no esperaba ni remotamente esta cuestión. Pese a ello, superó pronto su sorpresa e, intuyendo lo que su apenada amiga esperaba que hiciera, fue recorriendo con calma el esbelto cuerpo de Darina. Le costó más de lo que habría imaginado, pues hacía mucho que nadie le pedía algo así. Al terminar, respondió con plena sinceridad y sin vacilación:

-Eres preciosa.

Darina asintió silenciosamente, sin inmutarse.

-Sí, eso es lo que yo pienso. En ocasiones me miro en el espejo -nada más apuntar esto adivinó un gesto en Mireka y se apresuró a aclarar-. Ya sé que nadie lo hace, pero... cuando me miro... diría que tengo una linda figura.

-La tienes -reconoció la otra.

Ella adoptó un tono de súplica.

-Entonces... ¿por qué razón todas conseguís chicos fácilmente y yo no? ¿Por qué todas salís con alguien y yo me quedo siempre sola? ¿Por qué?

La pregunta resultaba tan infantil y absurda como inmediata y evidente se antojaba la respuesta. Pero no era así para Darina, y Mireka lo sabía. Era su amiga y la comprendía; pero no había muchos más como ella. Y como la propia Darina había afirmado, hombres, todavía menos.

No era la primera vez que surgía este problema cuando estaban juntas, y las cosas no podían seguir así. Con anterioridad, Mireka había pospuesto reiteradamente el tomar una decisión; sin embargo no tenía sentido demorarla más. Rogando por que franqueza y sutileza fueran de la mano y guiaran su alocución, procedió a hablar.

-Mira, Darina. Voy a hablarte claro. Tú sabes en qué consiste la vida... Los hay con suerte y los que carecen de ella. El reparto es desigual, y suele pasar que uno recibe dones que no precisa y se ve en cambio privado de habilidades que hubiera deseado poseer o incluso que necesita realmente -había llegado al punto más delicado. Se armó de valor y prosiguió-. Darina, tienes un cuerpo maravilloso y eres bellísima, lo cual sería estupendo... si alguien se fijara en ello. ¿No te das cuenta de que eres de las pocas personas que utiliza la vista realmente para algo? -hizo una pausa, que juzgó dramática y prosiguió-Conoces el mundo en que vivimos. Lo que vale es la mente; su fuerza, su poder, su versatilidad, su control sobre lo que nos rodea... eso es lo considerado bello, lo asumido maravilloso. Esa es la única verdad, y creo que lo sabes -las siguientes palabras eran durísimas, casi crueles, pero debía culminar lo que había empezado-. Y también sabes que, aunque no sea justo, has nacido con una mente débil. Demasiado débil para resultar atractiva.

Aunque sentía deseos de ser tragada por la tierra, ya estaba dicho. Observando, aún sin demasiada pericia, cómo se desencajaba la cara de su amiga, temió un estallido brusco de rabia y dolor. Comenzaba ya a arrepentirse de su probablemente excesiva honestidad.

Sin embargo, en contraste con la más optimista de sus expectativas, la reacción de Darina fue tranquila. No apareció ni un solo vestigio de ira en su faz, sólo resignación. Poco después, hasta esa postura desapareció y su cara se relajó, atreviéndose incluso a asomar una austera sonrisa.

-Nadie me lo había expuesto tan nítidamente. Me temo que debe de ser cierto; eres mi mejor amiga y dudo que quisieras mentirme. Aun así, ni siquiera eso sería determinante de no ser porque yo misma creo haber llegado a la misma conclusión -ahora su expresión se dulcificó por completo. Su mirada se desenfocó, no de la forma habitual para los demás, sino perdiéndose en el entorno suave, casi mágicamente-. Voy a contarte un pequeño secreto, Mireka. Todas y cada una de las noches sueño que me hallo en un exótico lugar, donde todos los hombres muestran admiración y me desean por mi belleza. Un mundo en el que se mira con los ojos, y optar a un cuerpo perfecto puede conducir a una persona a llevar a cabo grandes proezas o inconcebibles locuras. Un sitio así sería increíble, excitante, genial... ¿no te parece?

-Sí, es posible -contestó Mireka sin ninguna convicción.

-Lo insoportable es cuando llega el día. El amanecer fulmina mi sueño, y vuelvo a descubrir que no soy nada para nadie. Nadie me mira, nadie se fija en mí, nadie me encuentra interesante... -Darina perdió ligeramente el control y zarandeó sin violencia a su amiga-. ¿Y entonces qué hago? ¿Qué hago?

Mireka evitó como pudo su mirada y, tras un silencio glacial, respondió átonamente.

-No lo sé, Darina. Supongo que seguir soñando.

Fernando Lafuente


CCXLIV

Cuando las palabras no salen
ahogadas en la garganta
deshilachadas en la humedad
de un viento de nubes.
Cuando las palabras no bastan
para expresar toda la luz
que brilla entre dos almas
separadas en sus caminos.
Cuando las palabras no salen,
cuando las palabras no bastan,
sólo un gesto sincero une
los corazones en un abrazo.

Nauta


MI POEMA

Hay en mis manos un folio
ya acabado, y en espera
de llegar a su destino
ofreciendo su existencia.

Detrás, un largo trabajo;
delante, la vía incierta.
Y en su noble corazón
de papel y tinta negra,
anida el fuerte deseo
de que tus ojos lo enciendan,
de que estés siempre a su lado
para así tenerte cerca.

Ha llegado ya el momento:
hoy te ofrezco mi poema.
Es mi única ambición,
es mi sola pertenencia:
del recuerdo de una vida
él es todo cuanto queda.

Cúbrelo cuando haga frío;
cálmalo cuando sintieras
que se encuentra triste y solo
en la noche más cruenta.

Cuídalo de la penumbra,
de los seres que desprecian
la ternura compartida,
la caricia de las letras.

Llévalo siempre contigo,
no permitas que se muera:
él es todo nuestro lazo
y nosotros, su existencia

Christian Glaría


LEER EN MI ALMA

"No hay palabras para expresar
lo que pesa el vacío de mi soledad."
Presuntos Implicados

Y sólo tú lees en mi alma
las palabras que no quieren salir.
Volví a casa cansado de volar,
con ganas de fundirme con las estrellas
pero el libro que eras tú, estaba allí
para decirme que sigo estando cuerdo,
que el amor existe, que es verdad,
que no soy un zombi, que estoy vivo
que aún tengo una oportunidad.
Que sepan todos que sigo vivo
gracias a tus miradas, tus caricias, tu sincero amor.
Ahora me siento entero para comenzar un nuevo viaje,
tan intrigante como estar junto a ti.
Este libro está abierto,
nunca se cerró para mí
pero mi corazón se negaba
a hablar de amor, de vida
y ahora estás junto a mí
para ayudarme a caminar.
Si algún día alguien encuentra este poema,
si alguien pregunta por qué se escribió,
que sepa que eran dos corazones ansiando felicidad,
que descansarían juntos en algún lugar lejos de aquí
siempre al amanecer
junto a una cala solitaria,
tal vez en el tranquilo discurrir de un río,
sus alas siempre estarán juntas al amanecer.
Dirán que sólo estoy centrado en tu ser,
que tu imagen turba mi despertar
pero no importan las palabras que el viento se lleva,
siempre escribiremos versos como estos,
siempre al amanecer.
Sólo tú lees en mi alma.

Sonia Tolosana y Emilio Gómez


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