La verdad oculta
a los ojos sinceros
hasta que el fuego arde
y las palabras duelen.
Siempre mentiras:
no hay honor,
no hay respeto,
sólo vergüenza.
Y el fuego llega
y lo arrasa todo:
no hay tormenta
que lo aplaque.
Las cenizas cubren
verdades muertas
que a veces el viento
descubre con lágrimas.
Esta noche despertaré a cara descubierta.
Quiero que lo sepa todo el mundo.
No quiero aceptar que mi sangre
contribuya a consagrar el Apocalipsis.
No me importa que me persigáis.
Tengo la verdad y la conciencia de mi parte.
No podréis acallar millones de gargantas
pidiendo al unísono el fin de esta ópera bufa.
Animales grotescos disfrazados
de defensores de la libertad y la armonía,
que no disimulan el hedor
de fétidos intereses ocultos.
Qué mundo esperáis encontrar
cuando vuestras ávidas y obscenas botas
aplasten hasta el último centímetro de jardín,
cuando el mundo se convierta
en un macabro boceto de terror.
Una vida corre rebelde campo abierto.
No pongáis freno a su carrera.
Una suave mañana de invierno tardío
en donde vuelves a sentir la alegría.
Quedaos el repiqueteo
de los tambores de guerra.
Tocadlos hasta que el averno
se haga por fin en la tierra.
Para mi mundo prefiero
el latir de las sirenas,
que encienden también
recogiendo su blanco néctar.
Quedaos petroleros,
los humos, las tinieblas,
respirad ese veneno
que yace bajo la arena.
Para mi mundo prefiero
humo de naturaleza,
el del jardín secreto
que guardo sin que se sepa.
Quedaos vuestro dinero,
vuestro oro y vuestra mierda,
vuestra cara de perro:
en mi otro mundo, ni verla.
Para mi mundo prefiero
mis vicios y mis quimeras.
Si aquí nunca más os vemos
respetadnos sus fronteras.
Piedra sobre antigua piedra,
escenario de batallas,
refugio del mar y el viento,
guerra y paz para las almas.
Altar de los peregrinos,
sepulcro de caballeros,
resistieron vuestros muros
las envestidas del tiempo.
Reino forjado entre sueños
como rosa floreció.
Dios repartió acero y sangre,
vida y muerte también dio.
Estrellas guían al hombre
en su largo camino,
siempre brillarán eternas
para el que lucha por su libertad.
Y sobre una losa sin vida,
reza una vieja inscripción
por aquellos caballeros
que lucharon con honor.
"No es digno rey de su reina
quien no lucha con pasión."
Y la dama de la noche eterna
con ella se los llevó.
En la noche suenan rafágas
de viento que anuncián
el sonido de viejos rencores
y en la oscuridad brillan luces
que huelen a muerte.
Mientras todos se miran
y nadie comprende
el olor a odio y agonía.
Los niños vagan por las calles
buscando a sus padres,
mientras en los ojos de la gente
ven la desesperación y la amargura
de los que se saben perdedores.
En la noche escribo para consolar
las tristes almas solitarias
que habitan esta ciudad.
Para acallar las voces
que piden a gritos justicia.
Yo escibo en la noche
para silenciar el sonido del fusil
que aúlla a miles de kilometros de aquí
En la noche escribo para despertar
las conciencias dormidas
de esta sociedad caótica.
Suenan en la noche ráfagas
de vientos que anuncian
el sonido de viejos rencores.
Los ojos muertos,
miradas sin brillo
que no conocen.
Los sueños dormidos
olvidados
en montañas de papeles.
Se escuchan campanas
que yo sólo oigo,
tengo lágrimas
para los que ya han muerto.
Dedos quebrados tañen las cuerdas
sobre la madera negra de tu puente,
succionando melodías de vida
que resuenan como ecos confundidos.Granada respira bajo tu son,
escudo que la protege y defiende
del paso del tiempo
entre las olas del Mar del Misterio.Sabor gitano yace en el aire,
elemento voluptuoso
que arrastra consigo
el perfume de los naranjos.Y ahora calla.
El sol se insinúa.
Es hora de despertar de la magia
y esperar una nueva noche de secretos.
Te sostengo fuertemente con mis brazos
cuando busco esperanza en tus besos
y sosiego en tu corazón.
Dos mundos que se mezclan con nuestros labios.
Nos besamos y comprendes por fin
la razón de mi oscuro penar.
Cuando la distancia entre dos océanos
firma con sangre nuestro sudor,
en esta árida y mancillada tierra,
tus hermosos y tostados ojos
me hacen escalar montañas enteras.
Juntemos una vez más nuestros cuerpos
y probemos el néctar de la concordia.
Agotemos todo el tiempo que nos queda,
y seamos capaces de subir un escalón más.
Pensemos que sólo tenemos una misma piel
que no entiende de colores ni de credos,
sólo de amor,
el amor que acerca dos razas,
el amor que reconcilia dos mundos enfrentados.
Sólo amor.
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