Hoy en la Tierra se extiende
un gran eclipse de cielo:
una cortina sombría
que ha dejado un duro invierno.
Desde mi opaco cristal
entre gritos inconexos
se suceden las figuras
en la forma de reflejos.
Lo que escribo se desdice;
se cobija en el desprecio
y en el filo me recuerda
que te amo en el destierro.
Con todo, la guerra sigue;
la gente se está muriendo
y miles de niños lloran
derribados siempre a tiempo.
Hay jardines arrasados
fuentes de sangre y hielo;
el frío que nos domina
la visión de un gran desierto.
Los poetas que resisten
describen su cautiverio;
prefieren la pronta huida
y escapar del mundo cierto.
Se disfrazan con palabras
lanzan vida con sus versos;
escriben en tinta roja
que te busco y que te quiero.
Y afuera la gente sufre;
los niños están muriendo
y nadie puede evitarlo:
el mecanismo es perfecto.
Espérame una vez más:
necesito tu recuerdo.
Hazme un sitio junto a ti
en el Reino de los Ciegos.
Hoy alzaré mis puños
y mi voz al cielo.
Desde mi pedestal
contemplaré
el paisaje del infierno.
La guerra es
mi único deseo,
adornan mi triunfo
columnas de humo y fuego.
Ya oigo
el poderoso clamor de la victoria.
Ya veo levantarse
en armas a los muertos
que reclaman justicia
a su Dios, allá en los cielos.
Y yo desde mi pedestal
levantaré a las legiones
que claman por su libertad.
Las vencidas cadenas
del tiempo
de aquel que un día fue Dios
están ya en el fondo del mar.
Llegó mi hora,
instauro mi reinado
desde mi pedestal.
Reinaré por toda la eternidad.
A Miguel Ángel Blanco
A ti amigo
que no te conocía,
a ti que fue triste la manera
en que nos conocimos,
a ti que sufriste en las últimas
horas que te quedaban
de vida,
a ti que sabías
que ibas a morir
por algo que tú querías,
algo por lo que luchabas,
la paz y la libertad.
No importaba la ideología,
sólo querían una víctima más.
Pero lo que no sabían,
es que iban a levantar
a millones de voces
para que tu voz callada
por el triste velo de la muerte
no pudiera callarse.
Un grito tenso
se rompió una tarde:
no pude decirte adiós.
Pero desde estos versos
de esta pobre poeta,
te digo con este poema:
¡Hasta pronto, amigo,
tu lucha y tu muerte
no han sido en vano!
Ellos vivían unidos
en un país extranjero;
en unas tierras lejanas
sin pesares ni recelos.
Él trabajaba la harina
en el molino más viejo
siempre ayudando a su padre
y entre los panes creciendo.
Ella cosía retales
para ganar un dinero
con que ayudar en su casa
de piedra, pobreza y hierro.
Ella con él paseaba
compartiendo el mismo sueño
y sus labios repetían
como siempre, sonriendo:
“Eres tú toda mi vida
eres todo lo que tengo”.
Y sus manos se buscaban
aliviando el duro invierno.
Mas no quiso la fortuna
que continuase aquel tiempo
tan alejado del odio
que aflora sin sentimientos
para enfrentar a los hombres
y destrozar a los pueblos:
la siempre maldita guerra
que desata mil infiernos.
Terminaron amistades
hizo aparición el miedo;
los hermanos se mataban
con los ojos bien abiertos.
Pero ellos continuaron
su calor y su consuelo
y ella a él le repetía
como siempre, sonriendo:
“Eres tú mi vida entera
eres todo lo que entiendo;
y en la noche tus caricias
aliviar mi pena siento”.
Fue en una clara mañana;
estaba dormido el cielo
y el murmullo de la nieve
acunaba un gran silencio.
Entre las calles desiertas
yacían lágrimas ciento;
en las casas, los tejados
cobijaban pistoleros.
Él caminaba despacio
cuando los otros lo vieron
y dispararon con furia
hasta dejarlo en el suelo.
Ella corrió a su ventana
al oír el cargamento
y lo vio en la blanca tierra
sin calor y sin consuelo.
Salió deprisa de casa
impulsada por el miedo
de encontrarlo ya sin vida
a merced del frío viento.
Y sonaron dos disparos:
se clavaron en su pecho.
Ella cayó malherida
donde él yacía muerto.
Se arrastró cansinamente
y se alzó con gran esfuerzo
para abrazarlo otra vez
y sentir cerca su cuerpo;
lo acarició con ternura
y consiguió darle un beso.
Ella lloró en sus mejillas
tan heladas como el hielo
mientras su vida escapaba
a borbotones del pecho.
Se preguntaban sus ojos
el porqué del odio eterno.
Y sus labios repetían
como siempre, sonriendo:
“Eres tú toda mi vida
eres todo lo que tengo...”
Y la voz murió en su boca
dando calor con su aliento.
Debe haber un lugar donde el sol brille en el cielo
sin tener que pagar ningún precio por la paz.
SARATOGA.La paz ha de ser barata
casi gratis
tan gratis que no duela al pagarla.
La paz ha de llegar sin esfuerzo
como un ritual involuntario
surgiendo de una loca mente.La paz ha de ser como un mar
sin olas, sin espinas
cuyos ecos dibujen un nombre
eterno y límpido
como un eterno amanecer
en el que quepa su propio idioma.
Déjame llevar cadenas
tan pesadas
que tú no puedes llevar.
Déjame andar el camino
arrastrándolas
ante tus ojos mortales.
Déjame con esta carga,
eslabones
del más denso y duro acero.
Déjame con estas alas
que no ves,
que me hacen llegar tan lejos.
La muerte encarnada en lluvia
tiñe de rojo el camino.
¿Por qué correrá la gente?
¿Por qué llorarán los niños?
Es la imagen cotidiana:
sirenas, horror y gritos
se entremezclan con dinero
e intereses sibilinos.
Hace falta más cordura:
descubrir el gran peligro
en el ego que se infla
y con fuerza combatirlo.
Hace falta ser humilde:
no erigirse en elegido.
Descubrir un nuevo mundo
más allá del propio ombligo.
Presidentes, asesores
portavoces y ministros.
La alegría del que gana.
El poder del asesino.
La falta de compasión
es el peor enemigo.
Hace falta más ternura.
Hace falta más cariño.
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