NAVEGANTES DE LA PLUMA

Nº 12 - SEPTIEMBRE 2003
ACERO Y OLIVO

EDITORIAL

Un sincero e ilusionado saludo, biblionautas.

Nuestra nave sigue surcando las alturas entregada a los variables vientos y caprichos atmosféricos. Volamos exultantes de vértigo, mas no cometemos el error de ignorar lo que ocurre a nuestros pies.

El navegante, como todo escritor, se debe a sus musas e imaginación, pero nunca olvida el mundo en el que vive ni los problemas que aquejan a la sociedad. La necesidad de escribir tiene en muchas ocasiones su origen en hechos o situaciones de la realidad que le perturban y provocan reacciones adversas.

Este número de “Mente en Libertad” se halla jalonado, queramos o no, por los acontecimientos mundiales a los que no podemos permanecer ajenos. En efecto, lo aparentemente manido del tema (literariamente hablando) choca salvajemente con sus implicaciones en la vida de millones de personas en un presente incontestable.

Traicioneros litigios, dudosos armisticios de sangre, convulsión de bélica pobreza en los países más desfavorecidos... ¿hace falta mayor justificación? Es evidente que no, si bien no podemos permitirnos ser tan ingenuos: no es preciso buscar tan lejos para encontrarnos con guerras encubiertas y treguas falaces. En nuestras cercanas calles, decenas de mensajes sesgados y contradictorios cuando no directamente maliciosos nos están mostrando el brillo de su aceroen silencioso desafío; si somos lo suficientemente afortunados para advertir este feroz ataque, sólo nos queda defendernos con nuestras individuales ramitas de olivo.

Por todo esto nuestra nave, pese a su situación privilegiada en el cielo, os tiende su cálida mano para ayudaros a no naufragar en este mundo de tensión y sinsabores, guiándoos entre los arrecifes para conduciros a parajes de mayor estabilidad y armonía. Surgen así los instrumentos musicales, afinados desde el corazón. La paz se halla dispersa en inermes jirones y seríamos pobres de espíritu y honestidad literaria si no lucháramos seriamente por encontrarlos y ofrecerlos a los que nos leen.

Nuestro propósito, ante vosotros; su resultado, a continuación. Feliz lectura.

El Navegante de la Pluma


ECLIPSE

Luna. Última noche.

Me debato en sueños,
buscando un refugio.
Pero el ejército de la incertidumbre
retumba en la conciencia.

Las alas del miedo
me transportan, siniestras,
a la región del olvido
donde no hay color.

Sentada en la cumbre
de una montaña de esqueletos
me busco entre ellos
y te encuentro a ti, Futuro.

Petrificada entre sombras
te veo resurgir y te alejas.
Huyes de mí y me escondo.
Tiemblo y se acaba.

Sol. Nuevo día.

Elisabet Garrido


SIGLOS DE SOLEDAD

Aislado en la oscuridad
sintiendo la paz
en este viejo retiro de soledad
donde sólo me molesta
el susurro del viento
pasando a través
de las rejas de esta celda
y que me trae estos versos
que ahora compongo yo
entre tinieblas
bajo la luz de una vela
donde aún, el vino y mi laúd
son fieles compañeros
y evocan en mí recuerdos
de fríos y nublados amaneceres
con el sonido de hachas y espadas.
Bajo el poder atronador
de los pueblos del norte
y el clamor de sus gentes,
veo bellos parajes
que quedaron malditos
y teñidos de sangre,
color de banderas legendarias
que los héroes bordaron con su sangre,
evocadores cantos
de melancólica esperanza,
fe y pasión
que hacían arder el corazón.
En este viejo retiro
de paz y oscuridad,
refugio del último de mi estirpe,
escribí yo
la leyenda de un sueño imposible.
Busco una llama de esperanza,
desde el bosque de mi imaginación
hasta el océano del alma.
Entre muros de piedra caminaré
para ver el alba.
Mantendré siempre la esperanza
y lucharé en la batalla
por la vida eterna
con el viento a favor
o en contracorriente.

Iván López


TODO EN PLURAL

Yo no comprendo
la vida en singular
Yo no comprendo el amor
si no me hablan
de noches,
de besos,
de abrazos,
de caricias,
de sueños,
de deseos compartidos y ramilletes de flores.
Yo no comprendo la guerra
si no me hablan
de crueldades,
de injusticias,
de dioses mal utilizados,
de niños que mueren por manos monstruosas.
Yo no comprendo al ser humano
si no me hablan de
penas y alegrías,
sin amores o desamores,
sin caminos recorridos,
sin errores aprendidos,
sin sueños por cumplir.

Nacho Giménez


LLANTO POR NUESTROS HIJOS

Nuestros hijos tienen miedo,
no pueden jugar en la calle,
no pueden ir al colegio,
no pueden ir a ningún sitio
sin que les señalen con el dedo.
Crearon un mundo gris
que no entiende de amor.
Es un monstruo que enarbola
una falsa bandera.
Nuestros hijos no lo entienden,
no saben por qué su país
nunca más volverá a existir.
Un día fuimos todos hermanos
y hoy nos tratan como extranjeros.
Un día compartimos sueños,
hoy nos hemos convertido en una pesadilla
de la que es imposible despertar.
Miramos al cielo, mas no hay esperanza,
solo siniestros retales de muerte.
Destruyen nuestras casas, nuestras familias,
nuestra vida y nuestras ilusiones.
Queremos gritar, pero no podemos.
No tenemos adónde ir,
ya no nos queda ni agua ni comida,
vamos perdiendo a los nuestros por el camino.
Los niños lloran y me siento impotente,
porque apenas puedo comprender la verdad.
Los niños han muerto y con ellos
un pequeño fragmento de mi alma.

Emilio Gómez


HAY QUE SER OPTIMISTA

A quienes nos manipulan

Debo reconocer que algunos publicistas se ganan muy bien el sueldo.

Los dos amigos se habían detenido frente a un anuncio situado a pie de calle que declamaba generosamente su mensaje en virtud a sus amplias dimensiones. Se alzaba como una orgullosa farola de arte moderno, al lado de una marquesina en la que tres viandantes esperaban su autobús con variable paciencia.

Ambos se habían encontrado unos cientos de metros más arriba, en la esquina habitual de sus citas, para acudir juntos al bar en que disputaban las animadas partidas de cartas de los domingos. No se hubiesen detenido de no ser porque uno de ellos, el alto de pelo cano, había llamado la atención a su compañero acerca de la grandilocuente imagen que ahora contemplaban.

-Éste no lo había visto nunca; será nuevo –continuó el primero que había hablado-. Pero me parece muy bueno.

-Más que bueno –puntualizó el otro, con cierta acritud-, yo diría que es astuto, preciso... eficaz. El diseñador sabe perfectamente a quién lo está dirigiendo y toca con maestría la fibra sensible de sus deseos. Una vez más, el sexo resulta una apuesta segura.

Lo miraron de nuevo, inquisitivamente. El anuncio acogía, sobre un fondo blanco, un gigantesco paquete de tabaco con la marca bien visible, lo cual hacía patente el tipo de producto que estaba ofertando. Bajo el plástico transparente que envolvía a la colosal cajetilla podían verse, sin disimulo alguno, dos flamantes preservativos de tamaño proporcional al resto. Como cabecera a esos elementos, cual epitafio intemporal, se leían unas grandes palabras en negrita: “Hay que ser optimista”.

-La frase es genial, no puedes negármelo –insistió el alto, señalando el eslogan.

-Es ingeniosa, sí.

-Ya sé que para ti es muy fácil, pero déjame interpretarlo... Lo voy a decir en voz alta y luego me dices si te parece acertado, ¿vale?

Su amigo le miró, divertido y condescendiente.

-De acuerdo –aceptó, uniéndose al pequeño juego.

-Está claro que el publicista juega con los estereotipos y los dobles sentidos. Lo de presentarse a un chico o una chica tras pedirle u ofrecerle un cigarro entra ya casi en la categoría de los mitos. Aprovechando ese truco que se supone que funciona y que, la verdad sea dicha, muchas veces sí funciona, da el golpe maestro con los condones en el paquete. La meta de la mayoría de los rollos de garito de fin de semana es terminar en la cama, así que el reclamo es evidente. Si se fuma la marca del anuncio, las posibilidades de triunfar existen y pueden ser grandes. ¿Hasta aquí voy bien?

-Vas bien –concedió el otro, asintiendo con la cabeza.

Animado, el aspirante a sociólogo urbano siguió con sus hipótesis.

-No se nos puede escapar la frase del anuncio: “hay que ser optimista”. El sentido directo tiene que ver con que no siempre esos intentos de ligue y revolcón terminan como nos gustaría; por eso hay que tener ilusión, incluso fe en que las cosas salgan bien. Hay que tener optimismo. Pero el autor del anuncio no se queda ahí, porque la palabra optimista está muy relacionada con el hecho de tener suerte y... –hizo una pausa dramática para inquirir, pomposamente:- ¿hace falta fijarnos en la marca de los cigarrillos?

-Fortuna –Su amigo esta disfrutando de lo lindo.

-Fortuna, claro. Genial. El que hizo el anuncio se merece un aplauso.

De repente el otro frunció el ceño, mucho más serio. Por unos momentos, su semblante se tornó sombrío.

-Mirado fríamente, sí. Pero mi trabajo, y mi dignidad, es valorar estos anuncios, estos cebos, como lo que realmente son.

-Bueno, ya, hombre... No te pongas así, que sólo era...

-Un juego, lo sé –concluyó su compañero, con dureza-. El problema es que no lo es.

El hombre canoso guardó silencio. Aun sabiendo que no había hecho nada para ofenderle ni a él ni a nadie, comenzaba a arrepentirse de haber sacado el tema. Aquél, no obstante, percibiendo la nueva expresión entre compungida y azorada de su amigo, se apresuró a invertir el rumbo de la conversación.

-Aunque... ¿sabes una cosa? Estos anuncios tan buenos tienen sus ventajas. Sobre todo para mí.

-¿Sí? –dijo innecesariamente el otro, sólo para agradecer el regreso del humor de su acompañante.

-Sin duda. Si las empresas contratan a gente competente, nosotros no lo somos menos –Miró de nuevo el cartel, pensativo. Ya no lo observaba el transeúnte ocasional, sino el avezado especialista-. No puedo usar el nombre de la marca, porque las demandas están a la orden del día y además no va con mi estilo, pero esta vez está tan claro que ni siquiera lo voy a echar en falta. A ver qué te parece esto: un anuncio de las mismas características, tamaños, colores... Por tener tendrá como protagonista el mismo paquete de tabaco, aunque sin marca, naturalmente. En vez de contener preservativos habrá un enorme agujero en su interior, que lo atraviese casi con rabia. Sus contornos serán negros y grises, poderosamente humeantes como las nubes que sus cigarrillos envían al aire. El agujero tendrá una forma que reconocerá todo el mundo: un voluminoso pulmón.

-¡Qué bueno!

-Falta lo mejor. Mi anuncio viene a ser una respuesta al que estamos viendo, así que mi mensaje debe serlo también. Frente a este malintencionado “Hay que ser optimista”, mi frase dirá “Hay que ser realista”.

Envuelto en un silencio solemne, su larguirucho amigo le contempló con una sonrisa de admiración perfilada en sus labios y le dijo:

-Me parece tremendo.

-Creo que está bien –opinó el otro, con honestidad y reportada modestia-. Con frecuencia, mi empleo es difícil, incluso odioso. Todo el mundo te critica, considerando siempre que puede hacer más y mejor de lo que tú haces. Pero algunas veces, como esta, algún publicista avispado te ahorra el esfuerzo de arrancar desde cero y te hace sentirte afortunado por trabajar para Sanidad.

Fernando Lafuente


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