Sueños de Eternidad

XIX (19)

Y descubrimos que había un cielo sobre nuestras cabezas.
Descubrimos que había algo más allá de los límites.
Descubrimos que no creíamos en los límites.
Buscamos continuamente romper los límites.
Soñamos con que un día alcanzaremos el horizonte.
Pensamos que todo es posible.
¿Pero es verdad todo lo que digo?
Seguramente serán las locuras de un solitario adolescente.
Ése, desterrado de sus “amigos”, alcanzará, quizá, el infinito.
Sí, es posible, ya que nada le ata.
Pero, quizá, está atado con hilos invisibles.
Hilos invisibles que lo atan porque cree en la amistad.
¿Quién tendrá valor para ir al infinito?
¿Quién descubrirá los caminos que llevan al horizonte?
¿A quién, algún día, sus sueños se la harán realidad?
Pero entonces ¿qué hará esa persona?
No marchará solo.
Porque si alguien descubre el infinito
tiene necesidad de mostrar su camino
aunque predique en áridos desiertos
porque sabe que alguien, así, podrá seguir sus pasos.
Ya que nada sirve para nada.
Y las huellas del viajero se perderán en el horizonte.

Nauta

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