Sueños de Eternidad

LXXXIX (89)

El sol brillaba en el cielo,
con un desierto a sus pies
yermo, vacío y sin vida
pues la vida lo había dejado.
Prados grises de hierros fundidos,
estepas de cemento y escombros,
bosques de muros rotos
y los buitres volando en círculos.
Monotonía sin distancias,
vidrios rotos sin arco iris,
luz fría y seca
por un error sin sentido.
Un error debido a un error,
un error antinatural,
el error de no mirarnos
al único espejo: el de la vida.
Hubo un tiempo natural,
de naturaleza real y viva,
de variedad inmensa y real,
de diversidad viva e inmensa.
Pero todo murió una vez
en este sueño de futuro
aunque todavía es un sueño
y nosotros somos los soñadores.
Soñadores múltiples y varios,
unidos por una única condición:
el ser hijos de la misma madre,
el ser distintos como ella.

Nauta

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