Sueños de Eternidad

LXXXIV (84)

Nocturnos,
en el desván de la abuela.
Siempre nocturnos;
baúles y maletones,
un cuadro no terminado,
tres perchas cojas
y un espejo sin mundo.
Totalmente nocturnos;
los viejos armarios,
los desvencijados cajones,
la jaula del maniquí
y una olvidada ratonera.
Nocturnos,
olvidados
bajo el polvo de los siglos.

Nauta

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