Sueños de Eternidad

XXXIV (34)

El río, en su fluir constante, soñaba;
soñaba con su vida inquieta:
espuma, escollos, remolinos...
Sin embargo, era joven, muy joven:
no conocía su futuro,
un futuro de equilibrio,
un futuro de paz,
un futuro de ofrecer lo recogido.
Y llegó el día de su sacrificio,
el día de cruzar la puerta griega,
una puerta sin retorno,
una puerta con un futuro desconocido;
y el río descubrió que era mar,
y el mar recordó que había sido río.

Nauta

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