Sueños de Eternidad

XXXVIII (38)

El fruto del árbol partido es
la amarga desilusión del corazón del bosque,
los sueños de un alma inquieta
que pugna por una lucha abierta.
Y sin embargo,
el sol, de abrasadoras manos,
el viento, de heladas cuchillas,
la tormenta, de fiero tridente,
el hombre, la negra amenaza,
no aceptan esa lid justa,
un enfrentamiento que cada rama,
cada hoja y ser, claman.
Y un crujido,
en la noche del infortunio,
un chasquido,
a la luz de las estrellas.
Tras ello, silencio,
el silencio de la amargura,
el silencio del respeto,
el silencio del eterno destino.

Nauta

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