Sueños de Eternidad

CCLXXXIV (284)

Al volver la esquina
me sorprenden sus manos
que tiran del abrigo
y se cuelgan de los cabellos.
Me retira la bufanda
en su pequeño juego
y tengo que cogerla
con un puño firme.
Alrededor de mí
corre, salta, vibra;
no puede quedarse
ni un segundo quieto.
Sus gritos me provocan
la sonrisa abierta
que todos guardamos
para los niños pequeños.
Y cogiéndole la mano
lo llevo conmigo
mientras me cuenta
que aquí está de nuevo.

Nauta

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