Sueños de Eternidad

CCXCIV (294)

En todos mis combates
dos son los enemigos
contra los que me enfrento.
Dos caballeros negros
que resultan temibles
en oscuras corazas.
Contra ellos tan sólo
un acero forjado
en mi temprana edad.
La batalla, incierta;
ambos guerreros se alzan
con un grave semblante.
El primero presenta
como arma mi miedo
al dolor y al engaño.
El segundo sostiene
los miedos de aquellos
que no saben quién soy.

Nauta

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