Todo por fin está claro
sin duda alguna, sin sombras
que lo oculten de mis ojos.
Alcanzado por la luz
que acariciaba mi rostro
se me mostró la verdad.
Se arrebató la respuesta
escondida con secreto
en la profundidad de mi alma.
Vi al fin mi sangre latiendo,
mis manos de compañero
y el cielo me abrió su rostro.
Nauta
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