A un borde del camino,
lleno de mil arrugas,
un señor de los cerros:
un árbol centenario.
En el tiempo que ha visto
muchos hombres nacieron,
muchos hombres vivieron,
muchos hombres murieron.
Sus ramas cuentan meses
y sus hojas, los días
pero nadie consulta
esta conciencia anciana.
Ya nadie le susurra
sus penas o sus risas,
sólo el viento le lleva
las palabras que no pierde.
Lágrimas le resbalan
en las tardes que llueve
por su áspera piel gris
tocada por el viento.
Pero siempre existe alguien
con corazón de sueños
y allí estará esperando
queriendo compartirlos.
Nauta
Puedes contactar conmigo en: maese_j@hotmail.com