Sueños de Eternidad

DCXXXII (632)

Desde el silencio
de su noche borrosa
de luciérnagas átonas
sin colores ni brillos;
desde la humedad
de una niebla perpetua
amarrada en los cauces
de sus grandes corrientes;
desde el frío
de las estrellas caídas
con la ligera escarcha
recubriendo sus suelos;
desde la serenidad
de su conciencia anciana
la urbe eterna
saluda al nuevo día.

Nauta

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