NAVEGANTES DE LA PLUMA

Nº 0 - SEPTIEMBRE 1994

FUEGO

Fuego consumiendo almas,
fuego consumiendo vidas
de los que empuñan armas.
La muerte en su corazón anida.
Orgullosos, creídos, altivos,
maltratando a los vivos
(robándoles la comida)
y a su diosa caída.

Fuego quemando sentimientos,
fuego quemando ilusiones,
fuego avivado de lamentos,
fuego rodeando a los escorpiones,
fuego rodeando a los ladrones
de sueños, de vidas y amores.

Humo de ojos llorosos,
humo negro ahogante,
humo de restos dolorosos
del fuego cortante
de vidas y sueños gozosos.

Antonio Ullod


RESPUESTA ANTICIPADA

Miles de kilómetros quemados,
enormes superficies de asfalto calcinado.
Metamorfosis hombre-máquina.
El hombre es aire, viento y polvo.
Carnes soldadas de acero y tornillos.
Gruñidos del viento a su paso,
resplandores devoradores del azabache.
El hombre suplanta el trono de Dios.
Dios es la m{aquina de la virtualidad.
El ego predomina sobre el paisaje,
vistas difusas y contradictorias.
Veleros de libertad,
impregnados en espejismos y olores.
Cueros negros se aferran fieramente
sobre pieles mortales y agonizantes.
Cuchillas humanas perforadoras del vacío.
Fuertes derrapes hundidos en arenas del azabache,
sangre teñida sobre óleos blancos y negros.
Quejidos agonizantes sobre el negro asfalto.
La muerte no se apiada ni de los navegantes de la libertad.
Frágiles manos arañan lo inexistente,
crujidos retorcidos de frágiles huesos.
La inmovilidad impera en la quietud del silencio humedecido.
Ojo ciclópeo rasgado, bañado de pálidas viscosidades
con tintes de terciopelo rosado.
Fin de lo humano, principio de la luz.
Eternamente el silencio de la nada
devora toda nuestra condición como ser humano.

Jorge Juan Bautista Amigó


Soy idiota,
pero sigo...
merodeando por tu interior;
buscando no sé qué ilusión,
no sé qué maldita idea
que me ronda la cabeza
golpeándose aquí, allí, allá,
qué más da.

Sé que no me pertenecerás
aunque te comunique
en cartas anónimas
que todos te odian,
para que caigas en mis... brazos,
en mis brazos de dolor.

Félix Viana


DE MAÑANA

No sé si busco
mi recuerdo
el instante en que me supe
solitario y perdido,
caminando en una playa
de cristales rotos, de lágrimas frías
y algodones rojos.
No sé si encuentro
un silencio, una esperanza
o un milagro,
de mirada extraña y cálido gesto,
de risas y llanto,
de suaves palabras
y ardoroso canto.
No sé si salgo
a tu búsqueda.
Encuentro en tu mirada
la llave de una puerta
amarga, salada,
plagada de verde azul,
de cristales rotos,
de lágrimas frías
y de algodones,
sí,
y de algodones
rojos.

José Ángel Guerrero


ORACIÓN DE UN VAMPIRO

¿Por qué, oh, Dios, mi señor,
nos condenaste a este dolor?

¿Por qué, oh, Dios, mi señor,
nos negaste el amor?

¿Por qué nos obligas a caminar
en la oscuridad, bajo la luna
y a nuestro furor saciar
robando la vida y la fortuna?

¿Por qué, señor, no podemos llorar?
¿Por qué, señor, no podemos amar?
¿Por qué, señor, nos obligas a matar?
¿Por qué, señor, nos obligas a odiar?

¿Qué olor tiene la sangre
que nos obliga a despertar?

¿Qué dolor nos causa el hambre
que no nos deja descansar?

¿Qué, señor, nos condena a vivir?
¿Qué, señor, nos quita la calma?

Dios santo, ¿por qué me abandonaste?
Dios santo, ¿qué te he hecho?
Dios santo, ¿por qué me olvidaste?
Dios santo, no dejes mi lecho.
Dios santo, dame una esperanza
Dios santo, dame una razón
que acabe con esta tardanza,
que descanse mi corazón.

Antonio Ullod


Lloró su propia maldad
pues la necedad en él
fuera poca cosa.

Y Dios creó la estrella.
El hombre vino
y la ensució con su espacio.

Y Dios creó la amapola.
El avieso humano
la agostó junto al trigo.

Y Dios creó la tierra.
El hombre la poseyó
y gestó la egolatría.

¿Dónde alcanzarte estrella,
Rsotro en luz del descarriado caminante?
¿Dónde estás mi sencilla amapola
en este pedregal que nos devora?
¿Dónde estás tú, sufrida Gea?
Paraíso en lectura al que no vislumbro,
toma de mí el silencio
y enmudece así mi llanto.

Carmen Amigó


LA AMISTAD

Difícil cruce de utopías en el cual el amor y la insolencia se dan de la mano.

Muchas veces, debajo de esta unión no hay más que un intercambio de intereses, sobre todo a medida que la edad avanza y con ella la picardía del ser humano. El miedo a la pobreza y a la soledad enriquecen esta astucia. ¿Cuántos son los ancianos que mueren solos? Quizá el número nos alarmaría.

Pero esta manera de fomentar la amistad termina resquebrajándola haciendo que pierda su sentido. Con razón se suele decir que los buenos amigos se hacen en la adolescencia, quizá debido a esa inocencia que nos envuelve que en pocos años terminará desapareciendo.

¿Qué sería de un hombre sin amigos? Lo más probable es que terminara víctima de esa frágil muerte que surge de la conciencia cuyo nombre nos asusta y ahuyenta y que no es otra que el suicidio.

El hombre es un ser que necesita intercambiar sensaciones y experiencias de su vida con los demás por muy ocultas y oscuras que sean algunas veces.

La amistad se confunde con el amor, pues la frontera entre ellos no está demasiado clara hasta tal punto que podríamos decir que es incluso prácticamente inexistente.

Víctor Argüello


PERDIENDO EL TIEMPO

Dolor y más dolor, el hombre calla, suenan las palabras.
Se cierra un siglo, un milenio y el dolor sigue.
Y mientras, la desesperaza se pasea
de la mano de los jóvenes parados, sin futuro,
envueltos en un rictus generacional.
Sigue el tiempo marcando las horas
y todo conduce a su desperdicio.
En cada cuerto hay un armario lleno de tiempo perdido.
Después de todo, el cubata y la cerveza
marcan sus propias horas y preparan
el lecho al olvido y a la risa tonta.
¿Quién vomita sobre mis flores? ¿Quién golpea mi cerebro?
¡Por favor! ¡Por favor! Sólo quiero una palabra con sentido.
El oráculo está desgastado, los sueños carcomidos y tú dormido.
¿Sigues ahí?

Gema Martínez


DEJA QUE EL CALOR DE LA POESÍA

Deja que el calor de la poesía penetre en tu interior,
observa la sutil armonía que se mueve a tu alrededor,
aquí no hay ni mejor ni peor,
ni vencido ni vencedor,
sólo hay poeta y cantor,
poetisa y trovador.

Deja que el calro de la poesía te sirva de maestro y guía,
con ninguna arte o filosofía encontrarás tal placer cada día,
tal fuente de alegría.

Deja que el calor de la poesía enjugue tu llanto,
limpie tu alma,
ensalce tu canto,
te llene de calma
y de un solo salto, encontrarás la dulzura de la miel
y lo más profundo de tu ser,
impregnado en un simple papel.

Antonio Ullod


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