NAVEGANTES DE LA PLUMA

Nº 0 - SEPTIEMBRE 1994

NAVEGANTES DE LA PLUMA

Somos navegantes de sueños y libertad...
Vamos abriendo puertas ocultas a la imaginación,
con nuestra pluma, encontrada en soledad.
Creamos imágenes, plamamos historias, suspiramos a las musas.
Levitamos en medio de la realidad,
buceamos en peceras blancas,
llorando al desamor
y ligando días en calendarios que nos hacen crecer en el espacio.
Tachamos estupidesces a la noche hechicera
que encadenó nuestra mentes a perfiles de locos,
errantes de las palabras,
encerradas en las estancias que se abren con delirio.
Inmersos en un mar de tempestades,
encontramos una isla clara, brillante,
llena de esperanzas y sueños de colores...
Construimos un barco y nos hicimos Navegantes de la Pluma
poniendo la Mente en Libertad.

Gema Martínez


EDITORIAL

¿Has probado alguna vez a cerrar los ojos y dejarte llevar por la imaginación? ¿Has pensado en descubrir mundos de ensueño y sensaciones alucinantes sin apenas moverte de tu silla? Nosotros hemos llegado a la conclusión de que realmente puede lograrse y queremos haceros partícipes de esas nuevas sensaciones a través de lo que escribimos.

Nos gustaría que vosotros también lo intentarais, no es muy difícil; sólo necesitáis un simple papel, una pluma y una buena dosis de ilusión y confianza en vosotros mismos. Haciendo uso de las dos primeras cosas y, creyéndonos humildemente poseedores de las últimas, nos hemos animado a compartir nuestros sueños con todos vosotros. Pero tuvieron que ocurrir muchas cosas y fue necesaria la coordinación de mucha gente para que nuestro proyecto tuviera alguna posibilidad de llegar a vuestro alcance. Estas circunstancias conforman una pequeña historia que, naturalmente, os vamos a contar.

Todo partió de la idea, quizá demasiado soñadora, pero sin duda cargada de ilusión de formar un pequeño grupo de literatura. El que sería el primer navegante de nuestro barco, Antonio, realizó una convocatoria y pronto la nave fue llenándose de nuevos tripulantes, todos con el denominador común de ser apasionados del relato, de la poesía o de ambos. Nuestras reuniones tenían, y siguen teniendo, lugar en la Casa de Juventud del Casco Viejo y es ahí donde leíamos nuestra obras al tiempo que se iba forjando entre nosotros una gran amistad. Mientras tanto, el número de navegantes iba aumentando con gran gozo de nuestra parte.

Pasaron los meses y, lentamente, nuestras ilusiones se fueron cimentando dotadas ahora de más fuerza y seguridad. El tiempo no quebrantó nuestra unidad; muy al contrario, aumentó nuestra confianza y nuestra alegría, esas sensaciones que llevaban a compartir en cada una de nuestras sesiones las ideas, los sueños, la esencia de cada uno que recibíamos por medio de nuestras creaciones, "las creaciones de la pluma".

Tras muchas visicitudes y, sobre todo, tras mucho trabajo, surgió como fruto de éste, esta pequeña, pero para nosotros especial, revista. En ella está depositada nuestra ilusión, nuestra esperanza y, ante todo, nuestra manera de sentir y pensar.

Esperamos, naturalmente, que este ejemplar que ahora tenéis en vuestras manos no sea el primero y el último y que pronto podamos mostraros nuevos horizontes.

Humildemente os pedimos disculpas por los errores que hayamos podido cometer, que indudablemente no serán pocos pero comprended que nadie nace enseñado y que es en el caminio donde se aprende.

Para terminar, simplemente desearos que disfrutéis intensamente de "Mente en Libertad" y deciros que ojalá esta revista aporte algo nuevo a vuestras vidas.

El Navegante de la Pluma

La sabiduría permanece adormecida
en la mente inquieta de los creadores de sueños.


LA SOLEDAD

Pesar o melancolía que se siente por la ausencia, muerte o pérdida de alguna persona o cosa. Así habla el diccionario de la palabra soledad; una definición más bien parca para un sentimiento tan angustioso como complicado. A mi parecer, la soledad es ante todo falta de amor. No es, simplemente, como pueda pensarse en un principio, la carencia de compañía. Una persona puede estar sola de una manera física y en cambio estar bien acompañada psíquicamente mediante buenos recuerdos o cualquier otro tipo de pensamiento reconfortante. Es ahí donde entra en juego el amor, la amistad que pueden ofrecerle los demás. Si una persona se siente querida, apreciada, tenida en cuenta, jamás se sentirá sola aunque no haya nadie con ella.

Aún así, no es tan sencillo como esto. El problema es que existen tantas formas de sentirse acompañado como de encontrarse en soledad. Por ejemplo, pese a estar rodeado de gente y amigos, una persona puede sertirse muy sola si no encuentra pareja y más aún si considera esto como el fin de su vida. Puede pasar lo mismo ante la pérdida de un buen amigo o un familiar querido.

La vida no es precisamente un camino de rosas en este sentido, y realmente en ningún otro, por lo cual puedo asegurar que aquel que diga que jamás ha experimentado la soledad está mintiendo claramente.

Por otra parte, se dice, y es verdad, que hay gente que busca la soledad. Pero no debemos confundirnos; no es un rechazo al amor y la compañía que puedan ofrecerle los demás, sino la consecuencia de la ausencia de aquellos en el entorno en el que esa persona ha estado viviendo. Es una reacción precisamente ante esa falta de comprensión, de aprecio y de mínima valoración que espera recibir cualquier ser humano de sus iguales. Nadie busca la soledad si verdaderamente se le está concediendo amor. Yendo más lejos, estoy convencido de que la palabra soledad es un antónimo de la palabra humano.

La soledad, experimentada no de una forma fugaz y pasajera sino duradera e incluso permanente puede darse a cualquier edad ya que depende claramente de las circunstancias que rodean a cada individuo. Aún así, la etapa más propensa en la vida de una persona para sentirse sola es la tercera edad, cuando el anciano empieza a evaluar todo lo que fue y ya no es y a preguntarse si realmente aún sigue valiendo algo. Pero lo cierto es, como acabo de mencionar, que los síntomas de la soledad pueden aparecer en cualquier momento y por cualquier motivo.

Voy a terminar mi disertación haciendo un llamamiento a todas aquellas personas que ahora mismo están inmersas en la soledad. Creedme, siempre existe un camino para salir de ella; sólo tenéis que buscarlo y algún día, indudablemente, lo encontraréis.

Quizá es por eso por lo que he escrito estas humildes líneas.

Fernando Lafuente


EL DESAFÍO DE LA CONTROVERSIA

Sequedad de una psiquis enfrentada en lo iluso,
fríos rocíos de sal empapaban la cálida tundra,
cuarteada y húmeda de los sueños.
Ceguedad de la noche, sedienta de seres distorsionados
y confusos de soledad.
Suaves licores emanan de sedosos jarros de pálidas pieles,
ensangrentadas ente el sí y el no hacia la vida.
Funesta decisión desembocante en centelleantes
dudas y respuestas opacas.
Sumisión en un mundo de irrealidades compactas y adversas.
Cielos oscuros y agonizantes devoran el castillo del desacuerdo,
terribles gárgolas vigilan desafiantes
los débiles muros de los recuerdos.
Miles de pesadillas y agonías reptan por sus frágiles cabellos
de ensoñaciones dispersadas.
Frío aliento de un fiero punzón desafiante en la controversia.
Gélido picor en su frágil cetro de carnes,
suave aroma devorador de pálidos poros,
y cálido burbujeo saltarín recorre sus finas paredes rosadas.
Sonrisa de bufón tras su grata recompensa,
explosión atomizante en el interior del motor
compungido de la vida.
Quiebro de sonrisa con sangre quinceañera.

Jorge Juan Bautista Solano


EL TIEMPO

Tic, tac; tic, tac...
El tiempo pasa sin cesar.

La juventud no se para a pensar
en ese futuro tan lejano,
falta mucho por llegar,
es todavía muy temprano.
La vida es alegría,
la vida es todo gozo,
la viviremos día a día,
no la echaremos a un pozo.
Pues de mayor, el mundo vamos a cambiar,
hoy no nos tenemos que preocupar.

Tic, tac; tic, tac...
El tiempo pasa sin cesar.

Los adultos no reparan
en las cosas bellas que separan
la realidad de la ficción.
Han perdido la imaginación,
la vida los ha endurecido,
las ilusiones han enmudecido
y ya sólo aciertan a confiar
nada más que en la realidad.

Tic, tac; tic, tac...
El tiempo pasa sin cesar.

Ha llegado nuestro final,
hemos deshauciado la esperanza
pues sabemos que bien o mal
moriremos sin tardanza.
Quizá hayamos sido
dignos de alabanza,
quizá nos hayan perdido
hace tiempo la confianza,
quizá ya no nos consideren cuerdos
pues vivimos para y por los recuerdos.

Tic, tac; tic, tac; tic...
ya sólo nos queda morir.

Antonio Ullod


VIVIR ES MORIR

Irremisiblemente caía. Aunque no pudiera apercibirse de ello por razones obvias, los oídos le silbaban y le dolían cruelmente. En estos fugaces momento, en esas postrears fracciones de segundo antes del impacto letal, la mente de aquel hombre no se detuvo a evaluar las razones que le habían incitado al suicidio; ni siquiera pensó en los buenos o malos momentos que le había brindado la vida. Si hubiera tenido tiempo para meditar al respecto de la mortal existencia, sin duda hubiera llegado a la conclusión de que era curioso la cantidad de cosas que podían pasarle a uno por la cabeza en un momento como este. Pero claro, la altura del edificio de diez pisos del que se acababa de arrojar no iba a perdonarle la vida, es más, iba a quitársela. En cambio, sus últimos instantes de conciencia los iba a ocupar otro tema más próximo: la muerte. ¿Cómó sería? ¿Sentiría algo, lo vería? Una cosa estaba clara: su avanzado grado de ateísmo le hacía concebir pocas esperanzas sobre su salvación.

E inmediatamente, dulcemente, sucedio. Le invadió una oscuridad impenetrable, mágica, total. Cuando se dio cuenta de que podía ver, y de que todos sus sentidos funcionaban a la perfección, logró discernir a pesar de la espesa penumbra que se hallaba en una especie de túnel, de corredor interminable. El hombre, si es que seguía siéndolo, pensó que recordaba haber odído en algún sitio que se creía que a la muerte se accedía por un corto y estrecho túnel en cuyo fondo brillaba tenuemente una luz. En realidad no era exactamente así, ya que no se veía ningún foco luminoso más adelante. Se palpó con la mano derecha y comprobó que su cuerpo "seguía" allí y que nada parecía haber cambiado. "Debo estar soñando", pensó. Pero, ¿cómo iba a soñar si estaba muerto? A falta de otra cosa mejor que hacer, empezó a andar por el túnerl internándose en él.

Pasó un buen rato, que a él le parecieron varios siglos antes de que el corredor por el que lentamente caminaba variara su estructura. A partir de este momento, la oscuridad se fue difuminando paulatinamente pero nunca dando paso a la luz. De repente, se paró. Había llegado, inequívocamente, a una escisión del corredor en tres caminos presuntamente de las mismas características que el anterior. Alzó la mirada y le pareció ver una especie de letreros sobre cada uno de los túneles secundarios. No logró concretar todos los símbolos pero los que acertó a ver no los entendió en absoluto. Se trataba pues de su primera y tal vez la última elección de su nueva existencia. Sin embargo, no tuvo que hacerlo ya que una fuerza extraña, como un instinto sobrenatural, le incitó a entrar en un corredor específico y una vez dentro, se dio cuenta, de alguna manera, de que ya no podía rectificar ni volverse atrás pues había elegido su destino. Avanzó un poco más y entonces le acudieron a la memoria aquellos símbolos extraños que no ahbía logrado traducir anteriormente. Ahora en cambio su significado le parecía tan diáfano como el cristal. Los letreros indicaban claramente las palabras cielo, purgatorio e infierno.

Y no tuvo demasiados esfuerzos en deducir que el camino que había elegido correspondía al último letrero. Lo único que impidió su desesperación fue su actividad pasiva ante las creencias religiosas pues las ignoraba por completo. Así que, aceptándolo como su sino, continuó caminando sin ninguna esperanza ya de salida.

Una pesada puerta de metal interrumpió sus tribulaciones y razonamientos. La presencia del sugerente tirador disipó las dudas del hombre acerca de si la puerta estaría abierta o cerrada. Vaciló unos instantes. ¿Era correcto lo que iba a hacer? PArecía la única alternativa pero... ¿lo era en realidad? No importa, se dijo, ya está hecho: decidido, agarró el tirador y entró.

Una inmensa y acogedora claridad le envolvió. Contempló pasmado lo que veía a su alrededor y, asintiendo lentamente, reconoció que definitivamente había llegado al infierno.

Se encontraba en lo alto del edificio del que se había arrojado, con toda una vida por delante.

Fernando Lafuente


AMOR CARNAL

Su mirada, brillante de inocencia,
me controla y me induce
hacia las rosas sábanas,
donde la libido se bifurcará
entre la pureza de su ingle
y las fantasías ansiadas
que cortan a una clausura,
inundada de un deseo insaciable,
el cual se desborda en los manantiales.

Víctor Argüello


Una pareja de bellos amantes
entre la noche se disuelven
haciéndose vulnerables.

Vista desde la altura.

Miles de pestañas
mutilan sus movimientos.

Las sombras
vacilan un instante
al reunirse.

Ritmo lento.

Miguel Ángel Benedicto


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