Amanece
y el sol baña tu rostro
acariciando tu piel
siempre tan blanca.
Los cabellos
extendidos en las sábanas
que de nuevo rozo:
nunca me he cansado.
Y aunque ahora
te quejas de tus arrugas,
de la ceniza en tu cabello
y de los nudos en tus manos
para mí
sigues tan hermosa
como aquel lejano día
en que dijiste sí quiero.
Nauta
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