Sueños de Eternidad

DLIX (559)

Era mayo,
cuando comenzamos paseos
en jardines escondidos,
cuando estábamos
con las manos siempre unidas
confiando en lo eterno de una hora,
cuando sonreíamos
con una simple mirada
y retábamos a los dioses.
Lo recuerdo ahora
con el calor que viene
y los perfumes de entonces,
con la soledad
de mis pasos en la urbe
que nos vio amarnos,
con el silencio
que vuelve a acompañarme
y tu memoria permanente.

Nauta

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