Me perdí por las calles
de las urbes malditas,
las que ahogan en humo
a los guardianes de la luna
pero no los hallaba.
Recorrí esos caminos
que ocultan los pueblos
en los que viven fantasmas
esperando la muerte
pero no los encontraba.
Busqué un soñador
traicionado por el sol
al que regalarle
un horizonte distinto
al que no llegaba.
Y volviendo a casa,
cuando ya no sentía
mis pies en mis pasos,
en el cristal de la ventana,
abracé mi propio reflejo.
Nauta
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