Y guardabas unas palabras,
para escucharlas siempre,
para tener cerca
al que estaba lejos.
Y en tu soledad,
las invocabas soñando
con caricias y abrazos,
con susurros y besos.
Y en el silencio,
descubriste la verdad
del amor eterno,
el que nunca muere.
Nauta
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