Sueños de Eternidad

DCCCXLII (842)

En la penumbra
de ritmos impropios
que no importan,
en el silencio
de palabras vanas
que no les alcanzan,
en el calor
de miradas brillantes
que lo dicen todo,
en el rincón
de una mesa en sombras
convertida en cómplice:
ritmos, palabras, miradas
donde un amor nace.

Nauta

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