NAVEGANTES DE LA PLUMA

Nº 10 - JUNIO 2002
MIRANDO ATRÁS

TOCA PARA MÍ

Un haz de luz se colaba en el cuarto marcando casualmente la página recién leída. Mientras su mirada vagaba en el limbo, los acordes sonaban en la oscuridad. Sus dedos ágiles tañían las cuerdas mientras se escribía en el aire una historia triste. El polvo se colaba por todos los rincones del cuarto y, aunque él no pudiera ver nada, notaba claramente el silencioso y pausado caminar de una cucaracha, siempre en el mismo recorrido cada noche. Era como si él, artista del sentimiento, la aceptase como una amiga en la que poder confiar.

De pronto, sin saber muy bien por qué, dejó de tocar. Algo había cambiado. Miró confuso hacia el suelo y descubrió, por fin, a la pequeña cucaracha; tras observarla durante unos instantes, constató sorprendido que la minúscula criatura le devolvía la mirada. Era un gesto tan humano, que casi imaginó párpados y pestañas sobre su caparazón. Quizá fue por eso que su asombro no se desbordó cuando la cucaracha -sí, la cucaracha- le habló como si fuera una persona más.

-Triste es tu melodía, amigo.

Sí, lo había dicho la cucaracha. O quizá no; quizá lo había dicho la pata izquierda de la silla: qué más daba. Lo único que tenía sentido era el sonido de su guitarra; las cuerdas desgranando el secreto en forma de la menor sobre el quinto traste, los mismos arpegios de siempre, el fuego del campamento. Ella; allí, con los ojos brillantes de llamas, su sonrisa más cálida aún y sus manos tan cercanas. En la noche, hasta las estrellas cantaban con voz de hadas. Era feliz. Ojalá el tiempo se hubiera detenido entonces, pero no fue así.

Aquellos recuerdos comenzaban a transformarse en una vil ilusión demasiado anclada en su cabeza. Tanto alcohol le había hecho recordar tiempos mejores, además de producirle alucinaciones con un simple bicho. Quizá esa tímida cucaracha fuera una imagen idealizada de su amor. Volvió a buscarla por el suelo, pero ya no estaba; había desaparecido sin dejar ni rastro.

-¡Por favor, no me dejes solo! -comenzó a clamar- ¡Necesito hablar con alguien!

Entonces, como si tales palabras hubiesen sido realmente escuchadas, la cucaracha salió de su escondrijo.

-¡No me agobies con tus lamentos! -le dijo mirándole fijamente- ¿No sabes que yo también sufro al verte triste? Deja de pensar en ella: ya no volverá más. Ahora debes vivir fuera de tus recuerdos.

Él escuchó atentamente aquellas palabras y, viéndola dar media vuelta hacia su guarida en la pared, no tuvo la menor duda de que había sido el animalillo quien había hablado; y lo había hecho con la intensidad de un poeta y la elocuencia de un sabio. A pesar de su asombro, pudo centrarse en la sensatez de la cucaracha. Era cierto: ella no estaba, y ni la más inspirada de las melodías podría traerla de nuevo, como tampoco podría recrear el maravilloso ayer. Tal vez lo mejor sería abandonar su fiel instrumento, olvidar por un tiempo el sensual tacto de sus cuerdas y salir a la calle para enfrentarse al mundo de una vez. Por fin decidido, vencidos ya los fantasmas, se dirigió con voz suave hacia el pequeño agujero de la pared.

-Tienes razón. Anda, sal y ven conmigo.

Poco después, la cucaracha se asomó tímidamente.

-Me has hecho ver la verdad. No la tengo a ella, pero sí mi guitarra, mi vida y, también, te tengo a ti...

-Bien dicho -respondió sonriendo su pequeña amiga-; siempre podrás recordarla sin hacerte daño. ¿Me prometes que será así?

-Claro que sí -dijo él-; será siempre así.

-Pues entonces -añadió ella ya saliendo por completo de su escondrijo-, entonces toca para mí...

El Navegante de la Pluma


Es difícil conjurar
un día para tu recuerdo.
Por eso
hay quien osa mirar
al pasado como algo nuevo.
Por eso
quiero crear
un futuro que sea mío,
la obra de mis manos
callosas, calladas:
el anhelo de mi alma
como fruto de una vida,
el despertar de un sueño oscuro
hacia la tierra prometida
viendo de nuevo lo bello
e incluso lo ocultado
y olvidando el dolor
porque no lo necesito.

El Navegante de la Pluma


MURALLAS INTERMINABLES

¿Cuánto más hay que soportar este tormento sin sentido?
¿Cuánto durará la cuerda antes de que se rompa?
¿Cuánto más habrá que permitir este atropello?
¿Cuánto tiempo empezaremos sin ver la luz del día?

Ya nadie nos devolverá los años perdidos
mezclados todos en dolor y espinas teñidas de rojo.

Hay que levantarse y utilizar nuestro propio pensamiento
como arma contra la represión
a la que nos tienen sometidos tiempo ha.
Ver y callar, aguantarse y lamentarse después
no es una opción aceptable mas tú y yo lo sabemos.

Diréis que no hay más alternativa por el momento,
pero yo estoy cansado de cruzar los brazos
y sufrir más de lo permitido, si acaso se debe
permitir sufrir una pizca.

La tiranía militar no es muy diferente de la violencia doméstica.
El sufrimiento y el dolor, ya es sabido
que tienen muchos rostros.
Miro al horizonte y siempre veo lo mismo,
murallas interminables con el sempiterno
aroma del rencor y de la rabia, tristeza,
desesperación y agonía.

Nuestras vidas son lienzos agujereados por las balas
de una guerra que no acaba jamás
y en donde nunca pedimos formar parte.
No quiero estar un minuto más callado
y permitir esta atrocidad que nos consume.

¿Acaso hay que esperar a que se nos devore
hasta la última esquina de nuestra alma?

Que no esperemos a que sea demasiado tarde.

Óscar Gómez


VESPERTINO

Las dudas buscan sentido
en la rutina del fin de la tarde.
Se explican unas a otras
con palabras desconocidas,
deslizan suaves por la piel,
se adhieren perladas de sudor.
Nervios de acero que se funden
con el poder del interrogante.
La noche esconde secretos inconfesables
que hace a las dudas buscar su sentido
y respuestas a su turbación.

El Navegante de la Pluma


PAPELES ESCRITOS

¿De qué me sirven los papeles escritos?
Eso me pregunto,
de qué sirven
si, como todo,
se los lleva el viento,
como las palabras,
como los sueños.
¿De qué me sirven los papeles escritos?
Para hacerte llorar,
para hacerte sufrir
por algo abstracto
que en el último de los días
no va a servir de nada.
¿De qué me sirven los papeles escritos
si, como todo,
se los lleva el viento?

Verónica Sánchez


Es como la copa vacía,
sucia por el vino
y transparente a la vez.
Es como tu alma,
delirante en la pasión
pero fría en la distancia.
Es como el recuerdo,
amargo por el presente
y dulce por lo nuestro.
Un engaño que ninguno confiesa.
Mas no voy a ninguna parte
siempre y cuando esta lluvia
nos mate a todos con un rayo.
Es como nuestro falso encuentro,
estar tú
sin saber dónde estoy yo.

El Navegante de la Pluma


CADÁVER EXQUISITO II

Gira sin descanso
porque ansía encontrar la luz.
Por eso,
no te permitiré adentrarte
en mi interior sin brújula.
Y las nubes negras
esconden los pesares de la luna,
la tormenta me envuelve
en un solo rostro;
contra el balcón
empezará el Año Nuevo.
El mundo es un pañuelo
aunque pocas veces
das con el moco que tú quieres.
Y entonces comprenderás
que conocer genera ignorancia
pero en silencio
todo se aclara
si miras bien.

El Navegante de la Pluma


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