Pretéritas noches
de sábanas blancas,
inmaculadas láminas
donde todo era posible,
donde los sueños traían
los cuentos inconclusos
y las historias no tenían
ni cortes ni finales.
Ahora todo es útil
con preciso sentido
y ya no existen
ni magos ni príncipes,
ni hadas ni doncellas
en esta tierra estéril
de gris ceniza.
Por eso vuelvo
sobre mis propias huellas
al país de los duendes.
Nauta
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