Sueños de Eternidad

DCLVIII (658)

Los duendes me dicen
que no estoy solo
que mis ojos no mienten
y la sonrisa es posible.
Susurran cantando
que no estoy loco;
son los otros, que no ven
y tropiezan siempre.
Sus voces de niño
me llaman al juego,
a la risa de un instante,
al vuelo de una hoja.
Siempre los encuentro,
sin ningún rencor
pese a los olvidos
de mi mundo triste.
Así que si descubres
una luna creciente
trazada por mi boca
recuerda que estás ciego.

Nauta

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