Los silfos arremolinados
juegan con las hojas
de un invierno tardío
y crean las líneas
de los viajes posibles.
Sus manos invisibles
llenan todo el aire
en un juego de risas
que sólo unos pocos
escuchan sin dudas.
Corren sin pesadumbres
bailando en los círculos
de su alegre vida
y se despiden en viento
cuando se marchan lejos.
Nauta
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