Sueños de Eternidad

CLIV (154)

El agua
discurre entre mis dedos
escapando
de una prisión incierta.
Mis manos no la paran
y ella se solaza
en la humedad y la frescura.
En mi palma juega
mientras la sostengo
y se ríe
de mis miedos.
El agua
me busca en su camino
gritando mi nombre,
mi verdadero nombre.
Y sobre mi piel
graba con cincel suave,
leves muescas indelebles,
heridas imperceptibles
que surcan las líneas
graves de mi rostro.
El agua acude
al mar por fin
y su nombre se descubre
cuando sonríe el tiempo.

Nauta

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