Un paso detrás de otro, lentamente.
Todo tiene su tiempo en el que llega
y todo concluye y se nos entrega
sin prisas, sin pausas, continuamente.
Mas la espera no ha de ser indolente
porque nada crece si no se riega:
por tanto, la vida así se nos entrega
con nuestro propio hacer en el presente.
Por ello cada cual elige una senda,
un camino propio y desconocido
aunque sólo al finalizar lo entienda.
Así, pues, sólo queda andar erguido
ignorar del futuro a dónde tienda
y obrar en lo que el camino ha traído.
Nauta
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