Un fuego buscaba que calentara
mi alma maltrecha, gravemente herida;
una luz radiante, llena de vida
que las negras tinieblas alejara.
Un manantial que jamás se acabara
de agua pura, entre flores traída,
que toda mi sed sacie al ser bebida;
una fuente que jamás se secara.
En la montaña sopla fuerte el viento,
desde la cumbre una luz se divisa
que va más lejos que mi entendimiento.
Es la estrella que guía mi sonrisa;
mi fuego, mi manantial: el aliento
que mis tortuosos senderos alisa.
Nauta
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